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"La risa como refugio": Bossi, Bermúdez, Laurita Fernández y el secreto de un clásico que no envejece

Tras convertirse en la obra más vista del país, el elenco de La cena de los tontos apuesta a una despedida definitiva en Calle Corrientes y reflexiona sobre el humor, el teatro en vivo y los límites de la comedia en tiempos de redes sociales.

por Alejo Paredes

27 Marzo de 2026 14:10
Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández
Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández

El fenómeno teatral de La cena de los tontos no se detiene. Después de arrasar en 2025 y consolidarse como uno de los mayores éxitos de la cartelera porteña, la obra volvió con una temporada despedida que, lejos de apagarse, reafirma su impacto. En diálogo con BigBang, Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández analizaron por qué la comedia sigue conquistando al público en tiempos donde hacer reír parece más difícil que nunca. "Bueno, fue la comedia más vista del 2025. Arrancamos en 2026 con una temporada también muy exitosa, y un poco, en base a eso, fue la propuesta de volver con esta despedida definitiva de ocho semanas, creo que lo que tiene es que hace reír y mucho, es una comedia que sonreís y aplaudís hasta llorar", explicó la actriz, sintetizando el corazón del éxito.

La obra, escrita por el francés Francis Veber y reversionada en Argentina desde hace décadas, vuelve a demostrar su vigencia. Para Bermúdez, no hay misterio sino calidad y la la risa como experiencia colectiva: "Es una pieza excelente, está muy bien escrita y por eso está vigente, porque es buena, es una pieza muy buena, es un clásico", sostuvo el más que reconocido actor, y agregó que esta nueva versión logra renovar el humor: "La hizo Adrián Suar, Francella, con la versión de Martino, conmigo, Laurita,  que hace el trabajo de dos actrices, y el humor se encuentra de otra manera y la obra explota".

El actor remarcó además la respuesta del público como termómetro definitivo: "Se mata de la risa desde que entra hasta que se va, la gente se va muy agradecida". En un contexto social atravesado por tensiones y consumo inmediato de contenido, Bossi puso el foco en lo complejo que resulta sostener el humor en vivo: "Hacer reír es difícil. Hacer reír es más difícil, es muy difícil. Hacer llorar está mucho más cercano a la realidad... hoy, con lo que está pasando en el mundo, llorar es más fácil. Reírse es una tarea muy dura". 

Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández
Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández

Y profundizó sobre el desafío teatral frente a la lógica de las redes: "Sostener a la gente, una hora cuarenta... traerlos al teatro... captar su atención y divertirlos es una tarea de obreros". En un ecosistema dominado por TikTok e Instagram, el teatro aparece como un acto casi contracultural. Uno de los puntos más interesantes de la obra es su capacidad de incomodar. En ese sentido, Laurita rechazó la idea de que la comedia "cruce límites" de manera irresponsable: "No sé si va al límite, yo creo que tiene un humor que incomoda... te empezás a reír de cosas incorrectas o incómodas también. Y creo que ahí está el toque de esta pieza".

Esa incomodidad, lejos de espantar, parece ser parte del atractivo en una época marcada por la llamada "cancelación". Más allá del éxito, los tres coincidieron en reivindicar el valor del teatro frente a otras plataformas. La actriz lo definió desde la vocación: "Para mí, si elegiste hacer teatro, es porque te tiene que apasionar... es una experiencia única, que es intangible, que no es material, no es un scroll". Bermúdez, en tanto, fue categórico al compararlo con otros formatos: "Esto es teatro y es en vivo, y eso es lo que es impresionante... la experiencia del teatro y de matarte de la risa es inigualable".

Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández
Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández

La obra también funciona como punto de encuentro entre generaciones y recorridos distintos. Bossi repasó su transformación artística al ser consultado sobre el momento en el que sintió que dejó de ser aquel que imita para convertirse en un actor integral. "Fue un proceso en el que mis maestros y las personas me acompañaron. Me di cuenta que me aplaudían por no ser yo, y ahí empecé a modificar pocas cosas. Me saqué las máscaras, empecé a cantar, a bailar, a ser más de entretenedor. Y nada, pasaron los años, hice una comedia musical, y me faltaba esta experiencia de hacer una comedia con dos expertos", destaca.

Y agrega: "Pero fue muy de a poquito, empecé a sentir peligro de vivir escondiéndome, y el ejercicio de parecerme. No juzgo a quien lo hace, me parece que, básicamente, soy eso, desde chiquito que todo lo que veo lo copio, pero me parece que, para hacer una carrera y ser inolvidable, o intentar ser inolvidable, hay que ser uno mismo". Bermúdez, por su parte, no dudó en elogiar a su compañero sin rodeos: "Martín es un crack. Es un rey de la risa". Con funciones agotadas y ovaciones constantes, La cena de los tontos no solo confirma su potencia como espectáculo, sino que también deja una pregunta flotando: ¿quién es realmente el "tonto"?

Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández
Martín Bossi, Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández

En esa tensión entre risa e incomodidad, la obra encuentra su vigencia. Y en un contexto donde todo parece efímero, el teatro -con actores en carne y hueso y público presente- vuelve a demostrar que todavía puede ser un refugio. Porque, como resume Bossi, hacer reír hoy no es solo un objetivo artístico: es casi un acto de resistencia.

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