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Las red flags menos pensadas de Lionel Messi: control, silencios y el lado B del campeón del mundo

Messi confesó que cambió a Antonela Roccuzzo en varios aspectos de la vida.

06 Enero de 2026 14:48
Lio Messi
Lio Messi

Con el mundial 2026 en la mira y mientras transita la etapa final de su carrera en el Inter de Miami, Lionel Messi hizo una pausa deportiva para hablar con Nico Occhiato y Diego Leuco, una entrevista descontracturada, poco habitual en el campeón del mundo. 

El mano a mano, grabado en Miami, recorrió distintos aspectos de su vida: desde lo futbolístico hasta lo más íntimo. Y fue justamente en ese terreno personal donde Messi dejó ver facetas desconocidas de su personalidad, algunas de ellas tan llamativas como incómodas, que despertaron lecturas críticas en redes y entre especialistas en vínculos.

Messi se abrió como nunca en una entrevista con Nico Occhiato y Diego Leuco
Messi se abrió como nunca en una entrevista con Nico Occhiato y Diego Leuco

Uno de los primeros temas que abordó fue su obsesión por el orden y la limpieza: "No me gusta que me toquen las cosas, tengo que saber dónde está cada cosa. Desde chiquito", confesó. Hasta allí, una manía más. Sin embargo, el relato tomó otro tono cuando reveló que fue él quien "cambió" a su esposa, Antonela Roccuzzo, porque —según sus propias palabras— "era un desastre".

Moldeada a su gusto y semejanza, Messi explicó que hoy Antonela comparte ese mismo nivel de obsesión por el orden, al punto de imponer límites dentro del hogar: "En casa mucho no nos dejan", comentó entre risas, al contar que no pueden jugar a la pelota con sus hijos en el living. Una frase que, leída entre líneas, deja ver dinámicas rígidas y roles marcados puertas adentro.

Messi confesó que cambió a Antonela Roccuzzo en varios aspectos de la vida
Messi confesó que cambió a Antonela Roccuzzo en varios aspectos de la vida

Con el correr de la entrevista, el rosarino se mostró cada vez más suelto y expuso conductas que muchos interpretaron como red flags. Al hablar de la convivencia familiar, admitió que los ruidos y el caos de sus tres hijos suelen saturarlo, y que su reacción habitual es irse de la casa o aislarse, dejando a los chicos con su madre: "Tengo mi parte de que soy más raro que la mier** también... Me gusta mucho estar solo, disfruto del estar solo", reconoció.

"El quilombo de la casa con los tres chicos corriendo para todos lados por ahí me termina saturando y me gusta mi momento de soledad, de estar tranquilo", agregó. Según contó, cuando llega a ese punto, opta por encerrarse solo o mirar televisión, una forma de evasión que llamó la atención por su naturalización.

Esa dificultad para gestionar emociones también apareció cuando habló de sus estados de ánimo. Messi admitió que cuando "está del orto" prefiere cerrarse completamente: "No comunico, lo asimilo por adentro". Ante la repregunta de Occhiato sobre si hace terapia, la respuesta fue tajante: "La verdad que no". Aunque contó que tuvo una etapa de tratamiento en Barcelona, aclaró que abandonó y que suele "comerse los problemas solo", una declaración que encendió alarmas sobre la negación del cuidado emocional, incluso en figuras con enorme presión pública.

Otro punto sensible fue su forma de vincularse afectivamente con Antonela. Al hablar de romanticismo, reconoció ser frío y poco demostrativo, y volvió a remarcar que fue ella quien tuvo que cambiar. "Ella en realidad es mucho más que yo... siempre hablamos, tenemos discusiones ahí, que ella dejó de serlo mucho porque no me gustaba mucho", explicó, dejando entrever una relación moldeada desde sus propias incomodidades.

Lionel Messi y Antonella Roccuzzo el día que dieron el "sí".
Lionel Messi y Antonella Roccuzzo el día que dieron el "sí".

De este modo, Lionel Messi mostró una cara poco explorada: la de un hombre atravesado por rigideces, silencios emocionales y dinámicas de control que contrastan con la imagen pública del ídolo humilde y familiar. Acostumbrado a responder desde lo técnico y lo futbolístico, esta vez dejó escapar fragmentos de una intimidad que, lejos de reforzar el mito, abrió interrogantes sobre los costos personales de vivir siempre bajo las mismas reglas, incluso dentro del propio hogar.

La entrevista no expuso a un villano ni a un héroe, sino a un Lionel Messi profundamente humano, con conductas normalizadas que hoy, leídas en clave social y de género, invitan a repensar el lugar de los ídolos y las dinámicas que se celebran o se pasan por alto. Tal vez el mayor impacto no esté en lo que dijo, sino en lo que dejó en evidencia: que incluso los más admirados también cargan con patrones que merecen ser revisados, cuestionados y, por qué no, transformados.

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