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Perseverancia

La Argentina en la que se podía soñar: la historia de "Gino" Alasina y su fábrica de pastas en Belgrano

Lo había deseado desde que era un niño entre las necesidades constantes de La Matanza.

por Eli Salas

23 Febrero de 2026 14:21
Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su sueño logrado tras 59 años: ser dueño de Viva La Pasta.
Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su sueño logrado tras 59 años: ser dueño de Viva La Pasta.

La historia de Jorge Eduardo "Gino" Alasina podría ser la de miles de argentinos y argentinas que tuvieron que poner su voluntad sobre todos los embates de la vida, para cumplir sus objetivos. Nacido hace 59 años en la localidad bonaerense de La Matanza, desde que su padre le enseñó el oficio de pastero -cuando sólo tenía una década de caminar las calles de tierra de González Catán- soñó con tener su propia fábrica de pastas. Hoy es el dueño de Viva La Pasta de la calle Cuba 2389 del barrio porteño de Belgrano, pero para lograrlo debió atravesar muchas idas y vueltas.

Al igual que las crisis que cambiaron la orientación de la Argentina mientras pasaron los gobiernos y funcionarios, las cosas no fueron fáciles para Gino de cara a tener su espacio. En distintas instancias de su vida se lo había planteado y hasta en algún momento previo logró alcanzarlo, pero lo perdió en una separación. Con los años logró trabajar en el espacio que hoy posee y allí se ganó la confianza de sus jefes al punto de que terminó como dueño total y en camino a abrir otra sucursal en el próximo año.

Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su local Viva La Pasta.
Jorge Eduardo "Gino" Alasina fue encargado de Viva La Pasta y luego le compró el fono de comercio a los dueños.

"En este local fui encargado general desde 2015 hasta 2019, cuando el dueño de aquel entonces, que se llamaba Sebastián, decidió ponerlo en venta para abrir otra fábrica de pastas en Miami. En ese momento, me afloró un dicho de cabecera, 'el que no arriesga no gana', y le ofrecí alquilarle el fondo de comercio, haciéndome cargo del personal. Sin embargo, luego de consultarlo con su abogado, en vez de alquilarlo, me lo dio a pagar en cinco años. Por eso, siempre estaré muy agradecido con él y con su padre, Horacio", reconoció.

En Viva La Pasta, Gino trabaja con otros nueve empleados donde elabora pastas frescas y también cocidas para llevar. Ravioles, fideos, fideos rellenos, sorrentinos, ñoquis, lasañas, macarrones, agnolotis y canelones, son algunas de las especialidades que maneja. "Por mes le estoy vendiendo a unos 2000 clientes. Teniendo en cuenta que, una persona consume alrededor de 200 gramos de pastas, por vez", calculó en relación a su presente.

Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su local Viva La Pasta.
Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su local Viva La Pasta, donde cuenta con nueve empleados.

"Estoy en la harina desde pequeño", contó Gino. Fue su padre Jorge Eduardo Alasina quien comenzó a enseñarle el oficio cuando apenas tenía 10 años. En esa época y siendo un infante lo acompañaba a una fábrica de pastas de un gallego que quedaba en Liniers. La magia del oficio no terminó con él, ya que además logró transmitírsela a sus hijos David Martín, Sebastián Javier y Alan Denis, quienes también emprendieron un comercio de pastas en el mismo barrio que él.

"No hay maestro en mi rubro. Solo oficial y medio oficial. El oficial está capacitado para manejar los proveedores, la materia prima, la consistencia, la producción, la calidad y la cadena de frío", explicó Gino, quien además tiene otra pasión que lo sigue a todos lados: Boca Juniors. Esos dos amores lo acompañaron siempre, como cuando abandonó los estudios en dos escuelas técnicas para ir a armar bolsas en una carbonería, o cuando fue cadete en un supermercado.

Tengo maquinaria para armar otra fábrica de pastas el año próximo

Cuando tenía 22 años ya consideraba con su familia abrir un local propio. "Tenemos que tener nuestra propia fábrica de pastas", propuso, pero la hiperinflación de fines de los años 80 hizo imposible poder lograrlo. En su momento hasta llegó a cursar en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. "A pesar de tener uno de los promedios más altos entre 3.500 aspirantes, decidí pedir la baja al año, por cuestiones internas", recordó. Su sueño seguía en el radar.

A los 27, el hijo de familia entrerriana ingresó como empleado en un supermercado. "Me destinaron al sector de pastas", reveló, antes de recordar que como tenía óptimo desempeño y alma de líder, fue nombrado segundo encargado, cargo que ocupó durante cinco años, hasta que renunció. También antes había ayudado a su padre en una fábrica de pastas de la localidad bonaerense de Pehuajó.

Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su local Viva La Pasta.
Jorge Eduardo "Gino" Alasina elabora su local Viva La Pasta, entre otras cosas, ravioles, fideos, fideos rellenos, sorrentinos, ñoquis, lasañas, macarrones, agnolotis y canelones .

Buscando nuevos horizontes, se mudó con su familia a la ciudad de Tres Arroyos. Como la experiencia tuvo altas y bajas, al cabo de unos años emigró nuevamente al conurbano. Tras alquilar una propiedad, con vivienda y local a la calle en la localidad de Caseros, inauguró una fábrica de pastas. Sin embargo, surgió una crisis matrimonial en la cual debió dejar el comercio y las máquinas a su ex cónyuge.

Como si el destino estuviese marcado, tras la separación encontró un puesto en una fábrica de pastas de Virrey Olaguer y Moldes. "Primero iba dos veces por semana, después tres y cuatro. Hasta que un día le dije al propietario: 'Sebastián, sentate y cobrá. Yo me encargo del resto'. Resultado: la venta se incrementó tanto que, en 2015 abrió este local, del me hice cargo, cuatro años después", repasó.

Jorge Eduardo "Gino" Alasina y su local Viva La Pasta.
Jorge Eduardo "Gino" Alasina aprendió a ser pastero a los 10 años, gracias a la mano de su padre.

Actualmente, en su local recibe a clientes de distintos barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y del conurbano bonaerense. También a argentinos residentes en Inglaterra, Holanda y Australia, que periódicamente visitan el país. "No sé cómo hacen, pero llevan sus buenas pastas en los aviones", confesó sorprendido y con mucho orgullo.

La realidad actual es difícil en toda la estructura productiva del país. Pero Gino no pierde las esperanzas y continúa, como lo hizo hasta ahora, con la intención de poner su voluntad por sobre todas las malas razones que haya por delante. "Tengo maquinaria para armar otra fábrica de pastas el año próximo", confirmó Alasina. La superación le enseñó a no perder la esperanza. Lo que hoy puede parecer imposible, mañana puede ser alcanzado. Él sabe que la voluntad es lo que no puede faltar para lograrlo.

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