El camino que hace Dante en La Divina Comedia de Dante Alighieri para atravesar los círculos del infierno y llegar al paraíso, es el que hizo Mariano Magnífico en su libro La Divina Lengua. Aunque en su caso fue al revés y pasó del paraíso del buen hablar al infierno de cómo se comunica en la actualidad. Esta dinámica cargada de humor y de parodia es la que el artista y docente de Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA) desplegará en su nueva obra homónima, que se estrena el 14 de agosto en el Teatro Premier de avenida Corrientes 1565.
Mariano es bailarín, actor, y muchas cosas más como profesional, pero sí hay una en la que se destaca por las demás -y, al mismo tiempo, se complementa con estas- es el humor. El abordaje cómico de sus pasiones fue la clave que cambió el desarrollo de su carrera para siempre. Lo descubrió cuando ya había hecho un largo camino en el teatro musical, la danza y la actuación en general. Pero ese descubrimiento fue clave para encauzar en una idioma que le calzaba perfecto todo su arte.
La parodia que muestra en su segmento "Hablen bien, forros" y en otros espacios de streaming en los que difunde un mejor uso de la lengua, es el principal valor agregado que ofrece en sus creaciones. Al mismo tiempo, la extensa experiencia con el movimiento y el cuerpo con la que cuenta, es un factor clave en lo que muestra en cualquier escenario en el que esté presente. BigBang dialogó con Magnífico para ahondar aún más en su figura en ascenso y su genuina forma de acercar la lengua al arte del buen hablar y a todos los demás.
Del libro al unipersonal, Mariano. Hay quienes te leyeron y probablemente también te vayan a ver, ¿cuál es el valor agregado que se van a encontrar respecto al libro en la obra?
- Y, la presencia, ¿qué otro valor que la presencia? Cuando yo estaba escribiendo el libro, yo como soy teatrero desde hace mucho tiempo, decía "esto yo tengo que encontrarle la vuelta para llevarlo al teatro". Y así fue que ocurrió una especie de delirio organizado, si se lo quiere pensar de algún modo, que es esta La Divina Lengua en su formato teatral, que es una sucesión de cuadros conectados sobre personajes que aparecieron en mi vida y en la vida de todos también. Porque aparecen nuestros padres, nuestros maestros, nuestros amigos, gente que nos fue enseñando a hablar a lo largo de la vida y que no sabemos por qué, pese a sus intentos, nosotros terminamos hablando tan como el ojete, como lo hacemos diariamente.

El libro es también un viaje. De hecho La Divina Lengua es un nombre que yo tomo de La Divina Comedia de Dante Alighieri, que es el camino de Dante desde el infierno al paraíso. Yo hago el camino inverso, partimos desde la lengua divina del paraíso y llegamos al infierno de los malhablados y nos damos cuenta de dónde estamos nosotros parados. Cada espectador se va a dar cuenta en qué lugar está parado.
Fuiste muy elogiado por tu participación en Pretty Woman y el papel que hiciste, ¿cuánto creés que tuvo que ver este hecho con el crecimiento actual que tuvo tu figura?
- Todo, todo es un camino de sumar. El otro día tuve la alegría de protagonizar la obra Benito de la Boca, que es una obra que es parte del Complejo Teatral de Buenos Aires, interpreto al rol de Benito Quinquela Martín y está dentro de la oferta que da el Teatro San Martín. Y cuando salgo de esa función en que protagonizo, me voy a armar las luces de La Divina Lengua y después una señora en la calle me saluda, entonces le doy un folleto de mi obra, la invito. Para mí el teatro es un arte total. Yo no sé si un personaje me da una repercusión, me parece que todo es parte de un gran movimiento que al menos en mí me hace actuar, dirigir, pensar, hacer puesta. Y me hace hacer todo a la vez, en distintos roles y jerarquías también.
Mi objetivo, mi meta por cumplir, es acercar la cultura a las poblaciones diversas. Y el modo que yo encontré para hacer eso, y es un modo que por suerte fui dotado y tengo intereses en él, es el humor
Pero sin dudas Pretty Woman fue una obra que a mí me significó una presencia muy importante como actor cómico, porque mi personaje era el comic relief, el botones del hotel que se mandaba cagadas una tras otra y, además, estaba acompañado de Florencia Peña, que es una maestra del humor para mí y una gran compañera. De hecho recibí un premio por esa obra, fue muy bonito para mí.
Estás formado en Letras en la UBA, que justamente se da en una de las sedes más emblemáticas de la cultura, que es Puán, ¿qué recuerdos tenés de tu paso por Puán?
- Oh, bello. Aparte yo hice un largo camino por Puan, sigo estando a veces en Puan. Actualmente trabajo como adscripto en la cátedra de literatura francesa, y después de estudiar Letras, estudié Filosofía también en Puán. Entonces mucho tiempo se lo dediqué a la Facultad, que es un lugar que para mí atesora grandes momentos de mi pequeña juventud. Me acuerdo que estaba ahí escuchando sobre caballeros medievales y decía "¡aquí soy feliz!" Es para mí un espacio óptimo para la formación del pensamiento crítico, para la formación de las humanidades, que no es algo que hoy en día sea una actividad muy, no sé si es respetada la palabra, pero que esté a la vista de la mayoría. Que haya una universidad que también dé lugar a las humanidades, a los becarios, a los investigadores, también es importante.

Hay un chiste muy interno con la confusión de la gente que dice "vos estudiaste Filosofía y Letras", y son dos carreras distintas. ¿En tu caso estudiaste las dos para evitar enojarte con esa gente?
- Sí, de hecho yo siempre digo "estudié Filosofía y Letras" y después tengo que explicar que fueron como 12 o 13 años de mi vida. Sí, ¡son dos carreras distintas! En algún momento estaban unidas, pero la verdad que son dos disciplinas que nada tienen que ver. De hecho, dentro de la carrera de Letras, hay una diversidad enorme. Yo me dediqué a la literatura, pero hay gente que se dedica al griego, a las lenguas clásicas. Aún así, la filosofía tiene otro método, otro lenguaje, otro discurso. Son cosas muy diversas. Y aún así, -mirá que loco, porque me rompí la cabeza estudiando eso- al día de hoy hago vídeos enseñando ortografía a la gente.
Mi objetivo, mi meta por cumplir, es acercar la cultura a las poblaciones diversas. Y el modo que yo encontré para hacer eso, y es un modo que por suerte fui dotado y tengo intereses en él, es el humor, que no sé si todas las personas de Filosofía y Letras pueden incursionar en el humor. Así que mi búsqueda es esa: llevar a las personas un conocimiento o una noción de lo que es, por ejemplo, el lenguaje, o lo que es el libro, pero no desde un lugar erudito. Yo digo que "es mejor un lugar eructito que erudito", al menos esa es la campaña que hago con "Hablá bien, forro". Siempre nos dicen en la universidad, cuando estudias lingüística, que no existe el hablar bien. Las personas no hablan bien o mal, las personas simplemente hablan. Y usan la lengua con un montón de variables, pero la usan a su manera. Imaginate que yo ironizo sobre este concepto y digo: "Hablen bien, forros".
Es una gran ironía porque me parece que nadie tiene la capacidad de corregir a nadie, pero sí la gente tiene la capacidad -oculta, por momentos- de detenerse a pensar conscientemente la lengua
Estuviste participando en el streaming Olga en esta cuestión de mejorar la lengua. ¿Te obsesiona el tema por una cuestión de mejorar a los demás o por el enojo que te genera?
- Es una gran parodia a la corrección política y las personas que lean mi libro van a entender por qué yo critico a las correcciones en general. Es una gran ironía porque me parece que nadie tiene la capacidad de corregir a nadie, pero sí la gente tiene la capacidad -oculta, por momentos- de detenerse a pensar conscientemente la lengua. La lengua siempre es un acto que entre más reflexiva se ponga, más capaces seamos nosotros de pensar sobre lo que estamos produciendo por fuera de nuestra boca, más signo de libertad es. Entonces, pensar si una frase que decimos está gramaticalmente formulada, pensar si una palabra que usamos es una palabra argentina o del castellano estandarizado, son también atributos que nos hacen decir "ok, soy consciente de la palabra que uso".
El otro día hablaba con un escritor y me decía: "yo a veces dudo mucho de los tiempos verbales y reformulo la oración para poder evitar esa duda". Y yo le digo: "la verdad que sentite privilegiado, porque hay gente que no puede reformular". El otro día hice un vídeo, por ejemplo, en redes sociales donde les digo cinco palabras para parecer una persona culta. Y la verdad que es muy simple, es muy sencillo: una persona ahora en lugar de decir "entonces" podría decir "ergo" y sonar como un doctor. Y me parece que es eso: acercar de a poco la conciencia lingüística a la gente en general.

La palabra es importantísima en tu desarrollo, escrita y hablada, pero también el teatro, la comedia musical y la danza. En términos de danza, vos te formaste con Elizabeth de Chapeaurouge, que es una eminencia que probablemente no tenga reconocimiento masivo que merecería por la figura que es. ¿Cuán importantes fueron para vos tus clases con ella?
- La palabra siempre es cuerpo, y el cuerpo tiene una gran inteligencia. De hecho, tomando el caso de Elizabeth, es una mujer que todo lo que te quiere expresar lo hace bailando. ¿Quién pudiera? ¿Quién pudiera acudir al cuerpo como un elemento de expresión y de comunicación? Gran maestra Elizabeth. Me becó cuando yo era un enjuto joven para que yo pudiera estudiar Teatro Musical en su escuela. Ahí pude hacer varios años y después fui maestro de la escuela de ella. Siempre la recuerdo como mi gran maestra. Me acercó a este universo.
Ella lo que tiene es una escuela que hoy está en peligro, que es la escuela de la disciplina y del respeto. Hace un tiempo fui a una audición donde estaba ella y me mira y me dice: "¿Ves? El único que se viste como corresponde para una audición". Y yo le digo, "bueno, maestra, es que usted también me lo enseñó, hay que venir de negro prolijo para que usted pueda ver el cuerpo en movimiento". Pero bueno, son los maestros que a uno lo marcan para siempre, y yo me acuerdo de quedarme boquiabierto viéndola bailar. Una mujer que trazó también una escuela en la danza argentina. Primero que formó a todos los bailarines profesionales que se te ocurran en la historia de la danza de este país, tanto ella como su madre. Y después, que trajo el jazz a la Argentina, con excelencia y, al día de hoy, con calidad y con una formación muy seria. Muy notable Elizabeth.
Un día encontré que mi corporalidad estaba en la narración, en el avance de la historia, en el humor, y que yo podía usar el cuerpo para hacer humor, podía usar el cuerpo para contar una historia
¿Y cuánto va a tener de importancia en La Divina Lengua todo lo que aprendiste con ella?
- Mucho. Ella siempre te dice que le encanta trabajar con actores. Y yo como bailarín la verdad que nunca encontré mi lugar como bailarín. Porque iba a las audiciones de Showmatch y no quedaba porque era petiso. Y, entonces, un día encontré que mi corporalidad estaba en la narración, en el avance de la historia, en el humor, y que yo podía usar el cuerpo para hacer humor, podía usar el cuerpo para contar una historia. Y eso lo aprendí de ella, que siempre decía, cuando estaba haciendo Forever Young -una obra que hace años que está en cartel-, "me encanta caminar con actores, porque caminar ya es bailar". Caminar, moverse y detenerse, ya es estar componiendo una coreografía, y en La Divina Lengua, la gente va a ver que no me paro de mover, siempre me dicen lo mismo. Van a ver que termina la obra y yo estoy transpirado de pies a cabeza. Vengan, que no se van a arrepentir.

