por Alejo Paredes
18 Marzo de 2026 12:47
En tiempos donde un audio de WhatsApp puede desatar una guerra fría en cuestión de segundos, la obra "El chat de mamis, una comedia en el cole" decide ir un paso más allá: sacar ese universo virtual del celular y ponerlo cara a cara, en carne viva, sobre el escenario. Y ahí, según cuentan Manuela Pal, Mica Riera y Karina Hernández, es donde todo estalla. "Para mí, lo espectacular es que sucede por WhatsApp muchas cosas, pero esto pasa en vivo", explica Pal, que además reconoce conocer el territorio de primera mano. "Son un grupo de personas reunidas en un aula del colegio de sus hijos, porque surge un inconveniente, y se empiezan a trasladar las cosas que pasan por ahí en el chat... y me parece que ahí es donde nace la bomba de esta obra. El amor entre todos", lanza con ironía en diálogo con BigBang.
La premisa es clara y, a esta altura, incómodamente reconocible: los chicos no son el problema. Los adultos, sí. "De acuerdo, de acuerdo con esa premisa", remata Pal sin rodeos. Pero la obra no se queda en la crítica superficial. Va más hondo. Para Hernández, lo que se muestra no es solo una dinámica escolar sino algo más estructural: "No sé si habla de la sociedad, habla de la humanidad, de la vida. Yo creo que un chico nunca tiene un problema... siempre el problema lo tienen los adultos".
La escena que describe es casi universal: un niño se cae y, en lugar de asumirlo como parte del juego, aparece el reproche. "¿Por qué te caíste?", imita, dejando en evidencia la lógica adulta de buscar culpables incluso donde no los hay. El gran hallazgo de la obra es que todo ese universo cargado de tensiones -rivalidades, prejuicios, competencia- se vuelve material humorístico. Pero no desde lo liviano, sino desde lo incómodo. "¿Quién dijo que no genera drama?", lanza Hernández sobre el tono de la obra.
Pal completa la idea: "Van de la mano... el humor sale de cosas por ahí feas, dramáticas, que angustian, pero terminan siendo graciosas". Esa mezcla, dice, es casi la esencia del teatro: "Nunca más unidas las máscaras del teatro que en esta obra". En esa misma línea, Riera aporta una clave interesante sobre el trabajo actoral: "Nuestro director muchas veces dijo que no hagamos comedia, que a través del drama la gente lo lee como comedia... hay un límite donde ya empieza a ser gracioso".

El resultado es un efecto espejo: el público se ríe, pero también se reconoce. Si algo sorprende al elenco es lo poco que hubo que exagerar lo que ocurre dentro del chats de los padres del colecio para plasmarlo en esta comedia. "Mirá, cuando leí el guion, me parecía que era todo muy exagerado", admite Riera. "Y cuando empecé a hablar con mis compañeras madres, me di cuenta que no, que son cosas que pasan a diario en los chats de mamis", agregó.
Pal, la única del trío que participa activamente en uno de estos grupos por fuera de la ficción, lo confirma con naturalidad: "Si no te pasó a vos, le pasó a la del curso de al lado y te enteraste". Y aunque aclaran que el guion no surge de anécdotas personales directas, la identificación es inevitable. "Cada situación que había es como 'ay, a mí me pasó'", suma Hernández. Riera, entre risas, lo resume con una frase que funciona casi como advertencia: "Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia".
Más allá del fenómeno del "chat de mamis", la charla también deriva en un diagnóstico sobre el presente del oficio. En un contexto donde la ficción televisiva perdió terreno, el teatro aparece como refugio y también como trinchera. "Creo que el teatro tiene esto que es tan artesanal y tan maravilloso, que eso se mantiene y se va a mantener siempre", sostiene Pal. Hernández arriesga una teoría: con la caída del audiovisual, las grandes figuras vuelven a la calle Corrientes.

En ese sentido, remata: "Hoy tenés un Jorge Marrale, una Moria Casán haciendo teatro... como que cuando baja el audiovisual, la calle Corrientes se llena". Riera suma otro factor: la incertidumbre tecnológica. "El audiovisual está todavía encontrándose... con todo lo nuevo de inteligencia artificial. El teatro es muy difícil de suplantar". Si hay algo que diferencia al teatro del resto de las plataformas, coinciden, es la experiencia en tiempo real. "El vértigo", resume Hernández.
Manu Pal amplía: "El aquí y ahora. Si un día estás mal, igual tenés que hacer lo mismo. Tiene algo de eso que es muy sanador". Pero no solo para quienes están arriba del escenario. También para el público. "Hay algo de cortar con la energía de tener el celular en la mano todo el día", señala Riera. "Estás una hora y media sin agarrarlo". Hernández remata con humor: "Una hora y media que no entra el chat de mamis".

¿Deja un mensaje la obra? No exactamente en formato de moraleja, pero sí en forma de pregunta incómoda. "Te vas a sentir identificada... y vas a decir 'che, ¿yo soy esta madre?'", plantea Hernández. Y Pal, sin vueltas, lanza casi un lema: "Yo creo que sí, va a pensar dos veces muchas cosas... hay que pensar, chicos. Normalicemos pensar". Quizás ahí esté el verdadero golpe de la obra: no en el escándalo del chat, ni en el disfraz roto (que termina desatando el conflcito central de la comedia), ni en los audios interminables. Sino en ese momento posterior, cuando la risa baja y aparece la sospecha de que, tal vez, el problema nunca fueron los chicos.

