09 Febrero de 2026 15:40
Un equipo multidisciplinario del Hospital Universitario Vall d'Hebron marcó un hito en la historia de la medicina al realizar el primer trasplante de cara del mundo utilizando tejidos faciales donados por una persona que había solicitado y recibido la eutanasia.
Este avance pionero fue anunciado oficialmente por el hospital en una rueda de prensa en la que participó la receptora de la intervención, identificada como Carme, así como varios especialistas que formaron parte del procedimiento.

La operación involucró a un equipo de más de 100 profesionales de distintos campos —cirugía plástica y reconstructiva, microcirugía, trasplantes, inmunología, laboratorio, psiquiatría, rehabilitación y cuidados intensivos— y se prolongó por más de 15 horas, dada su enorme complejidad.
Lo extraordinario de este caso no es solo el nivel técnico de la intervención, sino que la donante, que había optado por la eutanasia por una enfermedad terminal, decidió donar no solo sus órganos y tejidos sino también su cara antes de morir. Este acto fue descrito por los médicos como un gesto de altruismo "sin palabras", ya que permitió preparar y planificar el trasplante en detalle utilizando tecnologías como modelos tridimensionales digitales.

Carme, la paciente receptora, quedó con una severa desfiguración facial tras sufrir una infección bacteriana a raíz de la picadura de un insecto que derivó en necrosis de tejidos —una condición que había comprometido funciones básicas como hablar, comer y respirar.
La falta de tratamientos efectivos convencionales llevó al equipo médico a proponerle la opción del trasplante de cara, que finalmente se concretó con éxito. Durante la conferencia, Carme agradeció "de corazón" al equipo médico, a la donante y a su familia por el acto de generosidad que le devolvió funcionalidad y la posibilidad de rehacer su identidad.
Este tipo de trasplante es extremadamente complejo: implica la reconstrucción y conexión de piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y huesos, elementos con una organización tridimensional muy delicada: "Pudimos realizar una planificación en 3D tanto de la paciente como de la donante, cosa que nos facilitó realizar una mejor resolución reconstructiva de los tejidos", explicó Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del hospital barcelonés.
El trasplante de cara realizado en Vall d'Hebron quedará como un referente en la cirugía reconstructiva del siglo XXI y plantea nuevos desafíos clínicos y éticos para el futuro.

