02 Enero de 2026 12:03
El inicio del año encontró al sistema aerocomercial argentino sumido en el desorden. Este viernes, el Aeroparque Jorge Newbery amaneció con más de 50 operaciones afectadas entre despegues y aterrizajes, como consecuencia de las tormentas que azotaron distintos puntos del país, pero también por un esquema operativo que mostró rápidamente sus límites. Las demoras promedio oscilaron entre los 30 minutos y una hora, aunque en algunos casos los retrasos se extendieron mucho más.
El origen inmediato del problema estuvo en Córdoba, donde un violento temporal con vientos que superaron los 100 kilómetros por hora y caída de granizo de gran tamaño obligó al cierre temporario del Aeropuerto Internacional Ingeniero Ambrosio Taravella. Allí, varios aviones que aterrizaban o se encontraban estacionados en plataforma resultaron dañados. Entre ellos, cinco aeronaves de Aerolíneas Argentinas, que debieron quedar "en inspección" tras el impacto del granizo y no pudieron regresar a tiempo a Buenos Aires. Según fuentes del sector, una de esas aeronaves ya fue recuperada y volvió a operar, mientras que se trabaja para reincorporar las cuatro restantes.
Sin embargo, el daño ya estaba hecho: reprogramaciones en cadena, mostradores colmados y pasajeros que se enteraron de las demoras recién al llegar al aeropuerto. La tormenta también afectó a otras compañías. Un avión de Latam sufrió la rotura de su parabrisas por el granizo, mientras que cuatro vuelos de Flybondi fueron directamente cancelados porque varios de sus aviones se encuentran fuera de servicio. El resultado fue un clásico efecto dominó: los vuelos que salen tarde llegan tarde y arrastran demoras en el resto de la programación del día.
En Aeroparque, el clima fue de tensión. Este viernes se contabilizaron al menos 37 vuelos demorados y las quejas se multiplicaron por la falta de información oficial. "No nos dieron ninguna explicación, como siempre", dijo una pasajera con destino a Neuquén en diálogo con TN. "En Aerolíneas siempre pasa lo mismo, nosotros viajamos mucho y siempre hay algún problema", agregó, visiblemente molesta. Otra mujer, que acompañaba a su hija rumbo a Bariloche, relató que se enteraron de la demora por la aplicación de la empresa y ofreció una mirada distinta: "Te avisan todo por la app".
Sin embargo, una familia que esperaba un vuelo también a Bariloche resumió el malestar generalizado: sabían desde el día anterior que tendrían dos horas de retraso, pero nadie les explicó los motivos. "Cuando salimos deberíamos estar llegando", reclamaron. Desde fuentes aeroportuarias señalaron que la situación "podría tender a normalizarse" hacia el final de la tarde, a medida que las aeronaves dañadas vuelvan al servicio. Aerolíneas Argentinas, al menos hasta el momento, no prevé nuevas cancelaciones. Más allá del factor climático, el episodio vuelve a dejar al descubierto un sistema aéreo ajustado al límite. En un contexto de recortes, desregulación y empresas con flotas reducidas, cualquier contingencia se transforma en caos.

