26 Febrero de 2026 14:21
Cuando Martín Rodríguez entró a Gran Hermano Generación Dorada, pocos esperaban que, entre juegos y charlas de convivencia, surgiera un relato tan íntimo y devastador. Porque tras el físico de campeón de crossfit y la apariencia imbatible, se esconde una herida que jamás terminó de cicatrizar: la de la pérdida de su hija antes de nacer.
Esa historia que parecía tan lejana del brillo televisivo emergió con la misma crudeza con la que él la guarda en su memoria. En una conversación profunda con Andrea del Boca, el participante decidió narrar lo que muchos intentarían olvidar.

"Llegué a la clínica a tener a mi hija... primerizos los dos, no teníamos la más pálida idea de nada", recordó. Era agosto de muchos planes y sueños, un embarazo a término que parecía transcurrir normalmente. Pero la ilusión se desvaneció en cuestión de segundos: "No estaba, no había latido", rememoró, casi sin poder creerlo.
El silencio que siguió a esas palabras fue tan brutal como el golpe que supuso escucharlas. Martín y su pareja, a quien menciona como Flor, se encontraron de pronto en un laberinto de dolor e incertidumbre. Ella, exhausta tras una noche entera de trabajo de parto. Él, intentando entender lo inexplicable: "Yo en un momento pensé que estaba... ¿Viste cuando una persona está al límite de volverse loca? Bueno, eso. Y yo no podía hacer nada", dijo, con la mirada distante, como si aún escuchara el eco de ese momento.

La historia, sin embargo, no termina ahí. Para Martín, el dolor se mezcló con la rabia. Porque lo que vivieron, según su relato, fue más que una tragedia inesperada: fue un acto de negligencia. "Era colestasis intrauterina... tenían que darle una pastilla y no lo hicieron", explicó, y agregó con indignación la frase que hoy repite con furia: "'No, vos sos joven, debe ser que tenés que depilarte mejor'", rememoró sobre las palabras de quien debería haber protegido la salud de su hija.
Y como si la falta de respuestas no fuera suficiente, el trato que recibieron después los dejó atónitos: "Me dio la historia clínica de mi hija en una servilleta manchada con café", relató. El médico incluso intentó convencerlos de donar el cuerpo de su hija a la escuela de medicina para "que no les vuelva a pasar a otros". Un gesto que Martín siente como un intento de lavar culpas, en lugar de asumirlas.
Decisión, duelo y reconstrucción
Hubo un intento de demanda, un impulso de justicia que Martín y Flor comenzaron a transitar hasta que se dieron cuenta de que lo que ganarían no sería consuelo, sino dinero por una pérdida irremplazable. "Lo único que íbamos a ganar acá era plata", dijo Martín al recordar ese momento. Decidieron entonces dejar el asunto en manos de la fe y volver juntos, de la mano, hacia una casa que ya no era la misma.
El duelo, lejos de desaparecer con el tiempo, se convirtió en una compañía silenciosa. "Es resiliencia... otra vez, otro día", dijo Martín, como si cada amanecer fuera otro desafío por superar.
Y aunque la tragedia marcó a Martín Rodríguez para siempre, también lo hizo más humano, más abierto a hablar de lo que muchos callan. El relato no solo conmovió a sus compañeros dentro de Gran Hermano, sino que también encendió un debate esencial sobre la mala praxis médica y el dolor que deja en quienes confían ciegamente en quienes deberían cuidarlos.

