06 Abril de 2026 09:43
La madrugada en Tucumán no fue una más. Fue una noche de desesperación, de lluvia sin tregua y de decisiones tomadas en segundos que terminaron en tragedia. Mariano Robles y Solana Albornoz nunca llegaron a casa. Habían salido de un casamiento en Tafí Viejo, como tantas otras veces. La celebración había terminado, pero afuera el cielo ya anticipaba lo peor. En medio del regreso, la tormenta se volvió incontrolable. Entonces decidieron detenerse. El último mensaje que enviaron a sus familias fue tan simple como estremecedor: iban a quedarse dentro del auto, esperando que la lluvia aflojara. Nunca lo hizo.

El vehículo, un Nissan Versa blanco, quedó atrapado en medio de una corriente que crecía minuto a minuto. Lo que parecía una pausa prudente se transformó en una trampa mortal. El agua avanzó sin freno, arrastró el auto y lo empujó hacia un canal de riego. El impacto fue brutal. El vehículo terminó volcado, atrapado bajo un puente, con barro y ramas cubriéndolo casi por completo. Cuando los equipos de rescate lograron encontrarlo, horas después, la escena fue devastadora: Mariano, de 28 años, y Solana, de 32, estaban muertos, abrazados dentro del habitáculo. Un gesto final que resume el horror y el amor en medio de la tragedia.
La muerte de la pareja dejó una herida imposible de cerrar. Sus dos hijos -una nena de 5 años y un bebé de apenas 9 meses- quedaron sin sus padres. Esa noche, por una decisión que hoy parece un frágil hilo de destino, los chicos estaban a salvo en su casa, al cuidado de una niñera. Ellos sobrevivieron. Sus padres no. Durante horas, familiares y allegados los buscaron sin respuestas. El silencio del teléfono, la falta de señales, el miedo creciendo con cada minuto. Finalmente, el operativo de rescate confirmó lo peor. Para poder retirar los cuerpos, los bomberos tuvieron que desprender el techo del auto, que había quedado incrustado bajo la estructura del puente.
La tragedia ya estaba escrita. El lugar donde ocurrió el desastre, en el barrio Nueva Italia, no es nuevo para los vecinos. Las inundaciones son recurrentes, y las advertencias, también. "Ese canal que pasa por ahí cada vez que llueve es intransitable. Es una zona totalmente abandonada", denunció Carlos, un residente de la zona. Las palabras resuenan ahora con más fuerza, convertidas en un eco incómodo: la tragedia no solo fue natural, también fue anunciada. La muerte de Mariano y Solana ocurrió producto de un temporal que superó ampliamente las previsiones oficiales y dejó al menos tres víctimas fatales.

Entre ellas, un chico de 12 años que murió electrocutado en la vía pública, en medio de calles anegadas y cortes de luz. En algunas zonas de la provincia se registraron más de 150 milímetros de lluvia en pocas horas. En otras, como Alpachiri, las cifras superaron los 200 milímetros. Rutas cortadas, puentes dañados, casas inundadas y familias evacuadas completan el cuadro de un desastre que desbordó toda previsión. La investigación avanza bajo la órbita del fiscal Lucas Maggio.

