31 Marzo de 2026 09:38
No fue un debut más. El regreso de Mario Pergolini a la televisión con Otro día perdido tuvo rating, humor y un equipo afilado. Pero también tuvo algo que no se programa: una historia que descoloca, incomoda y atrapa. La protagonista fue Luisana Lopilato, que dejó de lado la promoción y las respuestas previsibles para abrir una puerta inesperada: un recuerdo de infancia que hasta ahora había guardado en silencio. Todo empezó con un mapa. El equipo del programa le acercó a la actriz un plano de Parque Chas, el barrio donde creció. Y ahí, entre calles laberínticas y memorias de infancia, apareció el detonante: la Plaza del Trébol.
Sin dudarlo, la ex Casados con hijos recordó: "Me acuerdo perfectamente de esa plaza. Me he electrocutado ahí. Nadie lo sabe, nunca lo conté. Tengo hasta una marca en la mano y todo". La frase cayó como un baldazo en el estudio. Pergolini, acostumbrado a manejar tiempos y climas, quedó tan sorprendido como el resto. El recuerdo no era una anécdota menor. Lopilato tenía entre ocho y nueve años. Esperaba a su hermano mientras él jugaba al fútbol. Para pasar el tiempo, se colgó de un poste de luz. Lo que no vio fue el detalle clave: la tapa estaba abierta y había un cable expuesto. "Me empecé a electrocutar", contó.
Mientras relataba lo ocurrido, reproducía con el cuerpo los espasmos de aquel momento. En cuestión de segundos, el juego se transformó en una situación límite. Porque cuando la corriente atraviesa el cuerpo, no siempre hay forma de soltarse. La escena se resolvió de la forma menos pensada. Su hermano, desde la cancha, entendió lo que pasaba y actuó sin dudar. "Mi hermano me vio desde la cancha, salió y me pegó una patada. Literal", detalló. El gesto, brusco pero decisivo, la separó del poste. Y, según la propia actriz, fue lo que evitó un desenlace fatal. "Si él no hacía eso me moría. Mi hermano me salvó la vida", describió.
Lejos de dramatizar sin explicación, Lopilato aportó un dato crudo: en casos de electrocución, el cuerpo puede quedar adherido a la fuente eléctrica. Por eso, un golpe externo puede ser la única forma de cortar el contacto. "Se tiene que pegar una patada o algo así porque sino no podés despegarte", dijo. La historia no terminó ahí. La actriz mostró que aún conserva una marca en la mano, una cicatriz mínima pero cargada de significado. Es la prueba física de un episodio que, hasta ahora, había permanecido en su círculo íntimo. Y también el detalle que terminó de convertir la anécdota en algo más: un recuerdo que mezcla infancia, peligro y heroísmo.

El momento se dio en el arranque de la segunda temporada de Otro día perdido, el ciclo que marcó el regreso de Pergolini a la pantalla de El Trece. Con picos de rating cercanos a los 7 puntos, el programa mostró que todavía hay espacio para una televisión que no depende solo del golpe de efecto. "¡Otro año más! Esto es increíble, impensado", lanzó el conductor en el inicio. Y remató: "Yo pensé que no iba a durar nada esto". El tono del programa se sostuvo en esa mezcla de ironía, actualidad y desparpajo. La incorporación de Evelyn Botto -"Yo soy la nueva Laila"- y el humor filoso del equipo completaron un arranque sólido.

