por Jimena Báez
31 Marzo de 2026 11:50
Entre telones que se abren, historias que empiezan a tomar forma y ese nervio inevitable antes de salir a escena, el teatro tiene algo difícil de explicar. Pasa entre maquillaje, vestuarios y luces, en ese clima medio caótico pero mágico donde todo cobra sentido. Es, muchas veces, el lugar donde el actor deja de buscar y simplemente es.
Los Premios ACE, otorgados por la Asociación de Cronistas del Espectáculo, volvieron a vestir de gala a la escena nacional, celebrando lo mejor del teatro argentino en todas sus formas y BigBang estuvo presente en la alfombra roja. Año tras año, funcionan como un faro que ilumina tanto a las grandes producciones como a esas apuestas valientes que nacen desde lo más profundo del amor por el arte.

Uno de los primeros en pisar la alfombra roja fue José María Listorti, acompañado por su mujer. Nominado a mejor actor en musical por La Sirenita, llegó con una sonrisa humilde y una ironía encantadora: "Tengo un historial de todas derrotas", dijo entre risas, y hasta confesó que cuando su hijo le preguntó por un posible discurso, fue tajante: "No lo voy a ganar, lo va a ganar tal...", aunque guardó el nombre como quien protege un pequeño secreto entre bambalinas.
La noche también tuvo el brillo de Nico Vázquez, que llegó junto a Dai Fernández, envuelto en ese presente donde el amor y el trabajo parecen ir de la mano. Con la emoción a flor de piel, habló del fenómeno de Rocky: "Con mucha ansiedad porque tiene 9 nominaciones, es una de las obras más nominadas... hay mucho esfuerzo y mucha gente trabajando".
Y, fiel a su esencia, eligió compartir sus palabras con todos los medios a la vez, como si la felicidad no pudiera fragmentarse: "Ya tenemos el premio de la gente que nos acompaña hace dos años llenando la sala, que no es poco. Estamos muy felices".

Incluso dejó entrever que la historia todavía tiene camino por recorrer: "Hay Rocky para rato, porque se llenan las salas... aunque también llega un momento donde querés hacer otras cosas", deslizó, mientras el horizonte ya le acerca propuestas internacionales.
Sin embargo, la magia se tensó por un instante cuando una pregunta incómoda irrumpió en ese clima íntimo: "¿Estás con ganas de ser papá?", le dijeron, y su respuesta, sincera y sin filtros, dejó al descubierto que no todo vale en una noche donde el arte debería ser protagonista: "Eh, muchísimo. Es un montón, pero siempre es alguien que quiere sobresalir".
También dijo presente Agustín Aristarán, quien entre risas y cierta incredulidad, confesó: "Nunca preparo el discurso porque siempre siento que no lo voy a ganar". Pero el teatro, caprichoso y justo a su manera, le tenía preparada otra escena: terminó llevándose el premio por su trabajo en Chanta, como si la noche quisiera recordarle que a veces los finales felices existen.
¿Qué significa el teatro?
Cuando la pregunta de BigBang se volvió más profunda, las respuestas dejaron de ser automáticas y se transformaron en pequeñas confesiones. Fer Dente fue directo al corazón: "Mi vida, mi medio... es un honor ser distinguido con una nominación para este premio emblemático", dijo, emocionado por compartir el momento con sus compañeros.
Para Rodrigo Noya, no hay dudas: "Todo. Para el artista es algo increíble, es un refugio... el teatro siempre está", aseguró, destacando ese lugar al que siempre se puede volver.
Nico Vázquez lo resumió con una certeza que le iluminó la cara: "Para mí el teatro es lo más importante, de todos los artes es el que más me gusta". Y Peto Menahem lo definió desde un lugar más íntimo: "Es un lugar donde no me siento fuera de lugar como en el resto de la vida".
El premio invisible: aquello que cada uno se reconoce
Como si la noche se permitiera un momento más íntimo, llegó una pregunta distinta, casi como un juego pero con algo de verdad: ¿en qué se premiarían en la vida? José María Listorti rompió el hielo con su sinceridad de siempre: "Al remo, a remarla permanentemente".

Noya no dudó en ponerse en valor: "Yo doy todo por mi laburo, creo que soy un sacrificado. Por el sacrificio creo". Fer Dente eligió destacar la paciencia como virtud, esa que no se ve pero sostiene, mientras adelantaba su próximo desafío con Hairspray con Damián Betular a la cabeza y la coparticipación de Olga.
Y Menahem, con una ternura que desarma, se otorgó "el premio al error", entendiendo que también ahí hay aprendizaje: "Me equivoco mucho y no me peleo con eso".

Quizás en esas respuestas, simples pero honestas, se esconda algo más grande. Porque el teatro no es solo lo que pasa sobre el escenario, sino todo lo que atraviesa a quienes lo hacen posible. Es refugio, es deseo, es caída y es intento.
Es ese lugar al que siempre se vuelve, incluso sin saber bien por qué. Y mientras haya alguien dispuesto a contar una historia, el teatro argentino va a seguir ahí, firme, encendido, respirando en cada aplauso. En ese ritual colectivo, los Premios ACE aparecen como una celebración necesaria: no solo reconocen trayectorias y talentos, sino que también abrazan ese amor invisible que sostiene al teatro incluso cuando se apagan las luces.

