20 Marzo de 2026 11:01
La historia de Leonardo Soria es uno de los tantos relatos de superación que atraviesan a la Argentina gobernada por Javier Milei. Pero lejos de ser motivo de celebración, expone una realidad incómoda: cuando el esfuerzo individual tapa la ausencia del Estado, lo que hay detrás no es épica, sino abandono.
Su constancia se vuelve visible en las calles de Morón: reparte pedidos de Rappi en silla de ruedas y asegura que "la discapacidad no es un impedimento para poder avanzar". Leonardo no se queja de su condición, pero sí señala las barreras cotidianas: veredas en mal estado, inaccesibles, pensadas para otros cuerpos y no para el suyo.

En diálogo con Radio con Vos, contó que una meningitis sufrida en su infancia, sumada a una mala praxis médica, le impidieron caminar. Alentado por su pareja, encontró en las aplicaciones una salida laboral y nunca miró atrás: "A mí siempre me gustó andar rápido, aunque estoy en silla de ruedas. Entonces mi pareja me dijo: '¿Por qué no probás un fin de semana con una aplicación?'. Arranqué y desde ese entonces no paré", relató.
Mientras desde el poder miran para otro lado, Leonardo también encontró solidaridad en el camino: "Después tuve la gentileza de una ortopedia que me donó la handbike, que es como una especie de motito que va enganchada a la silla, y con eso se me hace un poco más fácil".
La necesidad fue el motor. La falta de trabajo y una pensión insuficiente lo empujaron a salir a la calle: "Tenía una presión que no se vive. Ni un jubilado puede vivir con lo que hoy en día cobra, imaginate yo con una discapacidad".
Días atrás, el oficialismo celebró cifras de "baja desocupación", pero los números del INDEC cuentan otra historia. La de Leonardo Soria es la cara que no entra en los discursos: "No hay oportunidades laborales. Necesito un trabajo, necesito demostrar que se puede", dijo.
Lo que debería ser una excepción inspiradora termina siendo una postal repetida de un país que empuja a los más vulnerables a arreglarse solos. Porque cuando una persona con discapacidad tiene que convertirse en ejemplo de supervivencia para poder vivir con dignidad, el problema ya no es individual: es político. Y es ahí donde el Estado elige, una vez más, correrse de su responsabilidad.

