La muerte de Carlos "Indio" Solari no solo provocó una conmoción cultural de dimensiones históricas. También dejó al descubierto las tensiones, incomodidades y contradicciones de un Gobierno que, frente a la desaparición de uno de los artistas más trascendentes de la Argentina contemporánea, optó por el silencio. A lo largo de la jornada, mientras miles de fanáticos se acercaban a Parque Leloir, organizaban homenajes espontáneos y convertían las redes sociales en una inmensa despedida colectiva, el presidente Javier Milei no emitió ningún mensaje sobre el fallecimiento del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Tampoco lo hicieron los principales referentes de su círculo político. La única voz institucional que se expresó fue la Secretaría de Cultura de la Nación, que difundió un comunicado en el que reconoció la dimensión artística y cultural del músico. "Con profundo pesar, la Secretaría de Cultura de la Nación despide a Carlos 'Indio' Solari y acompaña a sus seres queridos. El gran ícono de la música argentina falleció esta mañana en el barrio bonaerense de Parque Leloir a los 77 años de edad", señaló el organismo.
El texto repasó su trayectoria junto a Skay Beilinson y Carmen "La Negra" Poli, destacó el fenómeno cultural que representó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y subrayó que su obra "trascendió el ámbito musical para convertirse en parte del imaginario popular argentino". También remarcó que "su voz inconfundible, sus letras cargadas de referencias sociales y culturales, y una personalidad alejada de la exposición mediática contribuyeron a construir una figura de dimensión mítica". Sin embargo, más allá de ese reconocimiento formal, el Gobierno nacional quedó rápidamente envuelto en una polémica mucho más amplia: la organización de la despedida pública del artista.
La familia de Solari confirmó durante la tarde su intención de realizar un homenaje abierto para que los seguidores puedan darle el último adiós. "Les informaremos dónde se realizará la despedida pública, para que todos y todas los que lo amaron puedan despedirse también", comunicaron desde las cuentas oficiales del músico. La posibilidad de una ceremonia multitudinaria encendió alarmas dentro de la Casa Rosada. Según trascendió, mientras miles de personas comenzaban a convocarse para homenajear al Indio en Plaza de Mayo, el Gobierno reforzó los controles de seguridad en las inmediaciones de la sede presidencial.

Además, coordinó acciones con el Ministerio de Seguridad Nacional. La preocupación oficial no parecía centrarse en cómo homenajear a una figura central de la cultura argentina, sino en cómo administrar el impacto de una movilización popular de dimensiones imprevisibles. Incluso, fuentes gubernamentales consultadas sobre la posibilidad de utilizar la Casa Rosada como espacio de despedida respondieron con evidente incomodidad. "No me podés preguntar eso", contestó una fuente presidencial ante la consulta. Detrás de esa negativa aparecen dos factores. Por un lado, el recuerdo del caótico final del velorio de Diego Armando Maradona.
Por otro, una cuestión más profunda: la evidente distancia política, cultural e ideológica que existe entre el universo libertario y la figura del Indio Solari. Mientras algunos funcionarios argumentaban que una ceremonia de semejante magnitud podía organizarse correctamente, otros advertían sobre la imposibilidad de controlar una concentración masiva de seguidores. "Lo de Maradona se volvió incontrolable porque suspendieron el ingreso de público y no les advirtieron que era momentáneo porque había ingresado Cristina. La gente pensó que se cancelaba y estallaron de bronca", sostuvo una fuente con experiencia en la organización de eventos masivos.
Y agregó: "Se puede organizar bien. Tenés un fin de semana para que circule gente". La misma voz agregó una definición que refleja cómo ciertos sectores del poder observan al público ricotero. "Se tendría que realizar sin uniformados. El público ricotero es antigorra. La pasión y tristeza hace que cualquier circunstancia provoque un chispazo que después no se puede controlar. Se contagia entre la gente y estalla la bronca", advirtió. En paralelo al debate dentro del oficialismo, comenzaron a surgir propuestas concretas para garantizar una despedida a la altura de la magnitud histórica del artista.

Desde distintos bloques legislativos impulsaron gestiones para que el Congreso Nacional abra sus puertas a una ceremonia pública. Uno de los primeros en formalizar el pedido fue el diputado radical Pablo Juliano. "Presenté una nota ante las autoridades de la Cámara de Diputados para que en el Congreso se pueda dar el último adiós al Indio, si así la familia lo decide. Un artista tan influyente, masivo y popular tiene que poder ser acompañado por la sociedad", expresó.
En su presentación destacó que la obra de Solari "trascendió el ámbito estrictamente musical para convertirse en una referencia ineludible de la cultura popular argentina" y afirmó que "su legado forma parte del patrimonio simbólico y cultural de la Nación". La iniciativa fue acompañada por legisladores de Unión por la Patria, quienes también reclamaron que el Palacio Legislativo quede a disposición de la familia. "Consideramos que el Congreso, como ámbito de representación de todos los argentinos, es el espacio adecuado para que la ciudadanía pueda brindarle su último adiós a un ídolo tan querido", plantearon.

