El destino, ese guionista caprichoso que solo entiende de fútbol, decidió que Antonio Ubaldo Rattín se convirtiera en leyenda eterna justo ahora. El pasado sábado 11 de julio, a los 89 años, el corazón del "Rata" dejó de latir, pero su alma se queda sobrevolando la concentración argentina.
La noticia sacude al país en el momento más sensible: su muerte ocurre a solo cuatro días de que la Selección vuelva a verse las caras con Inglaterra, en un partido que ahora, más que nunca, tendrá el sabor de la revancha y el espíritu de aquel gran capitán.

Es que Rattín fue el símbolo de la dignidad nacional frente a la prepotencia británica: El 23 de julio de 1966, en un Wembley colmado por 90 mil almas, el "Rata" protagonizó el acto de rebeldía más icónico de la historia de los Mundiales cuando, expulsado injustamente por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein —quien alegó "miradas de odio"—, el jugador de Boca se negó a irse de la cancha.
Antes de enfilar hacia el vestuario, Rattín se sentó sobre la alfombra roja exclusiva de la Reina Isabel II, convirtiendo el suelo imperial en un trono de resistencia y luego, mientras le llovían chocolates y latas de cerveza, estrujó con su mano el banderín del córner que llevaba la bandera británica: fue la respuesta de un hombre de barrio al "robo" que estaba sufriendo Argentina.
En una entrevista que hoy resuena como un testamento, Rattín recordó aquel episodio con una hermosa claridad: "El Toto Lorenzo (DT de Argentina) me había dicho que si el juez cobraba mal, pidiera un intérprete, porque yo era el capitán y existía una parte del reglamento que me amparaba. Pedí el intérprete porque el hijo de puta de (Rudolf) Kreitlein (Alemania) cobraba todo para ellos. No hice ningún foul violento, no insulté a nadie, sólo pedí el intérprete para que nos dejara de embromar, por eso le mostraba la cinta de capitán. El tipo no me daba bola, se iba, hasta que me echó".
Rattín nunca tuvo dudas. Para él, lo ocurrido en el 66 fue una estafa orquestada. Sus palabras de hace unos años hoy cobran una relevancia dolorosa ante el inminente cruce de cuartos de final: "Ese Mundial estaba preparado para que lo ganaran los ingleses, fijate que después no volvieron nunca más a jugar una final de Mundial o Eurocopa. Nada de nada. Y en la final contra Alemania le dieron un gol fantasma. Aquella selección argentina fue la mejor que integré, mejor que la que ganó la Copa de las Naciones. Si el Mundial se hubiese jugado acá, éramos los campeones".

Incluso, con esa honestidad brutal que lo caracterizaba, se permitió bromear sobre su destino tras el retiro y su relación con el idioma de los inventores del fútbol: "Fui un pelotudo por no aprender inglés, si no me hubiera quedado varios años trabajando ahí, pero el idioma era un escollo insalvable".
Una vida, una sola camiseta
Nacido en Tigre en 1937, Rattín fue la encarnación del sentido de pertenencia. Durante 15 años (1956-1970) solo vistió la azul y oro de su amado Boca Juniors. Con el Xeneize disputó 382 partidos, ganó 4 títulos y se convirtió en la estatua que hoy custodia el Museo de la Pasión Boquense.
Se fue el "Rata", el caudillo de la voz potente y la presencia que achicaba a los rivales. Este miércoles, cuando la Selección Argentina salga a la cancha contra Inglaterra en el Mundial 2026, habrá once jugadores y un capitán invisible apretando, desde el cielo, el banderín del córner con el que demostrará que su lección máxima: ante el poder, nunca se agacha la cabeza.

