La morosidad en los créditos bancarios de los hogares registró en junio su primera baja después de 20 meses consecutivos de aumentos. Según proyecciones de la consultora 1816, el índice pasó del 12,8% al 12,7%, una leve reducción que fue celebrada por el Gobierno nacional como una señal de estabilización.

El vocero presidencial, Adrián Ravier, aseguró que la tendencia comenzó a revertirse y atribuyó la mejora a los procesos de refinanciación entre entidades financieras y clientes. En la misma línea, el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, descartaron impulsar medidas estatales y sostuvieron que la solución debe surgir del sector privado.
Sin embargo, distintos especialistas relativizaron el dato. Desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señalaron que la baja responde principalmente a una menor entrega de créditos y a que los bancos comenzaron a considerar como incobrables parte de las deudas más antiguas. Además, advirtieron que la cantidad de personas con atrasos siguió creciendo y ya alcanza a 5,9 millones de deudores, mientras que la mora en los créditos otorgados por proveedores no financieros trepó al 33%.
En paralelo, un relevamiento del Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) mostró fuertes diferencias entre provincias. La Rioja encabeza el ranking de morosidad, con un 23,9% de deudas impagas sobre el total, seguida por San Luis, Santa Cruz, Catamarca y San Juan. En el otro extremo aparecen La Pampa (9%), la Ciudad de Buenos Aires (11,7%), Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, con los niveles más bajos.

Los analistas coinciden en que el principal problema sigue siendo la pérdida del poder adquisitivo. Si bien los ingresos acompañaron parcialmente la inflación, el aumento de tarifas, transporte y combustibles redujo el margen de las familias, que en muchos casos deben priorizar gastos esenciales antes que el pago de sus obligaciones financieras.