02 Junio de 2026 15:32
La promesa de orden y cohesión que acompañó el desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada vuelve a chocar contra una realidad cada vez más difícil de disimular: las disputas internas atraviesan al oficialismo y ya no se limitan a los enfrentamientos entre las distintas tribus libertarias. Ahora, el foco está puesto en Patricia Bullrich, una de las figuras con mayor volumen político dentro del espacio y, al mismo tiempo, una de las más incómodas para el núcleo duro del poder que encabezan Javier y Karina Milei.

La última tensión se produjo luego de que la senadora libertaria cuestionara públicamente la decisión del Gobierno de retirar el pliego de María Verónica Michelli, candidata a jueza federal de La Plata. La determinación había sido impulsada por la Casa Rosada debido al vínculo familiar de la abogada con el periodista Hugo Alconada Mon, autor de investigaciones periodísticas que incomodan al oficialismo.
Lejos de alinearse con la decisión presidencial, Bullrich anunció que ejercerá una "objeción de conciencia" para no acompañar el retiro de la candidatura. "Hablé con el Presidente y le comuniqué que voy a ejercer mi derecho a la objeción de conciencia respecto del retiro del pliego de la Dra. Michelli a Jueza Federal", escribió en la red social X.
La postura volvió a encender alarmas en Balcarce 50, donde el malestar con la exministra de Seguridad se acumula desde hace semanas. "Es más de lo mismo. Karina no la puede ni ver", admitió un dirigente cercano a la secretaria general de la Presidencia en diálogo con NA. Otro funcionario alineado con el karinismo fue todavía más gráfico: "Le tengo particular paciencia a mi hija y a Patricia, pero con esta última se me está terminando".

Las diferencias no son nuevas. Hace apenas unas semanas, Bullrich había tomado distancia del relato oficial cuando exigió que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, adelantara la presentación de su declaración jurada para despejar sospechas en medio de la causa por presunto enriquecimiento ilícito que tramita en la Justicia. La reacción dentro del Gobierno fue furiosa. "La querían matar", resumieron entonces desde la propia administración libertaria sobre el enojo que provocó la jugada en Javier y Karina Milei.
Sin embargo, a diferencia de la secretaria general, el Presidente parece haber optado por una estrategia más pragmática. Durante los actos por el 25 de Mayo la convocó al balcón presidencial y se mostró públicamente abrazado a ella. La foto no fue casual. "Acá tenemos la política de que si sos más peligrosa afuera que adentro mejor tenerte adentro. Con Bullrich pasa eso", reconoció una fuente de la mesa chica del oficialismo. La frase refleja una preocupación concreta: la exministra conserva niveles de imagen competitivos, mantiene estructura propia y conserva capacidad para construir poder por fuera de La Libertad Avanza.
De esta manera,mMientras el Gobierno predica disciplina y castiga cualquier señal de disidencia, se ve obligado a tolerar los movimientos de una dirigente que desafía decisiones centrales del Ejecutivo sin sufrir consecuencias. La explicación parece estar en la conveniencia mutua. Bullrich necesita la plataforma oficialista para sostener su protagonismo y el oficialismo necesita a Bullrich para ampliar una base política que sigue siendo limitada.

Detrás de la convivencia forzada también aparecen especulaciones electorales. Dentro del propio espacio libertario circulan sospechas sobre las verdaderas aspiraciones de la senadora. "Quiere ser vicepresidenta", se anima a proyectar un integrante de la mesa política. Otros van más lejos y aseguran que sus planes podrían exceder a La Libertad Avanza. Por ahora, desde el entorno de Bullrich rechazan cualquier hipótesis de ruptura y sostienen que la relación con los hermanos Milei atraviesa un buen momento. "Estamos muy bien y nos necesitamos. Patricia solo es coherente", sentenciaron en torno a la ex ministra de Seguridad.

