03 Junio de 2026 19:22
La multitud que este martes volvió a colmar la Plaza del Congreso tenía una consigna clara: recordar a las víctimas de femicidios y exigir respuestas frente a una violencia que sigue dejando muertos en todo el país. Sin embargo, mientras familiares de mujeres asesinadas, organizaciones feministas y miles de manifestantes reclamaban políticas públicas, desde el Gobierno eligieron responder con una confrontación política que volvió a encender la polémica.

La protagonista fue Patricia Bullrich, quien aprovechó la jornada de movilización por los 11 años de Ni Una Menos para reivindicar la política de seguridad del gobierno de Javier Milei y cuestionar duramente al movimiento feminista. "El feminismo que defiendo es el que protege a las mujeres. A todas. Yo sé que cuando hablamos de datos hay familias atrás, y para esas familias ese número es un todo. Pero los datos hablan de una realidad: Desde que asumió el Gobierno de Javier Milei, y bajo nuestra gestión en Seguridad, logramos bajar un 25% los femicidios, fortalecimos el Sistema Penitenciario y creamos el Registro de ADN para Violadores", escribió la ministra en su cuenta de X.
La publicación apareció justo cuando en distintos puntos del país miles de personas marchaban bajo la consigna "Vivas, libres y desendeudadxs nos queremos", una convocatoria atravesada por el reciente femicidio de Agostina Vega, la adolescente cordobesa de 14 años cuyo asesinato volvió a conmocionar a la sociedad. Desde el escenario principal de la movilización se escuchó: "Hoy estamos acá para decir justicia por Agostina y por todas". Más tarde, la cantante Cazzu reforzó el mensaje al afirmar: "Nuestras vidas no son desechables. Nuestras vidas valen. Nos expresamos con toda forma de sometimiento y violencia. Ni una menos".

Sin embargo, Bullrich eligió otro camino discursivo. En su mensaje rechazó las interpretaciones estructurales sobre la violencia de género y puso el foco exclusivamente en la responsabilidad individual de los agresores. "En el caso de Agostina hay un asesino con nombre y apellido. No son todos los hombres, ni las políticas del Gobierno, ni el capitalismo. Es una persona concreta. La responsabilidad es individual y la pena también", sostuvo.
La ministra profundizó además sus críticas hacia las organizaciones feministas y cuestionó las políticas implementadas durante gobiernos anteriores. "Nuestro feminismo no encubre ni libera violadores y asesinos. No vota contra la prisión efectiva para ellos ni contra herramientas como el Registro de ADN. No tiene un discurso para afuera y otro para adentro. Y no necesita un Ministerio ideológico con un presupuesto multimillonario y cero logros", disparó.

La declaración no pasó inadvertida porque llega en un contexto donde el Gobierno eliminó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad y desmanteló buena parte de los programas específicos destinados a prevenir la violencia de género, una decisión que viene siendo cuestionada por organizaciones sociales y especialistas. Mientras Bullrich reivindicaba la baja de femicidios como resultado de la política de seguridad, en la Plaza del Congreso los familiares de víctimas exponían otra realidad: la de causas judiciales que se extienden durante años, condenas que todavía no quedan firmes y reclamos que continúan vigentes mucho tiempo después de los asesinatos.
Lo cierto es que mientras el Gobierno insiste en que el problema debe abordarse desde el endurecimiento penal y la persecución de los delincuentes, los colectivos feministas sostienen que la prevención requiere políticas integrales, asistencia estatal y presencia institucional. Bullrich, lejos de buscar puntos de encuentro, profundizó la confrontación. "Ahora veo por TV como el partido feminista toma posición. No le importan los resultados, sino el marketing. Hubo un momento donde nos incluían a todas las mujeres. Lamentablemente, hacen siempre lo mismo y después se preguntan por qué cada vez más argentinos les dan la espalda", escribió.

Pero mientras el Gobierno celebra estadísticas y reivindica su enfoque punitivo, las plazas volvieron a llenarse de nombres, fotos y relatos de mujeres asesinadas. Once años después del primer Ni Una Menos, la discusión sobre cómo combatir la violencia de género sigue abierta. Y el cruce entre Bullrich y el movimiento feminista demuestra que la distancia entre ambas miradas parece hoy más profunda que nunca.

