En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, violaciones al derecho internacional y el resurgimiento de prácticas intervencionistas, líderes y referentes políticos de América Latina, junto a representantes de Europa, se reunieron en Bogotá, Colombia, para reafirmar un compromiso histórico: la defensa de la soberanía, la democracia y los derechos de los pueblos latinoamericanos.
Este encuentro, celebrado en el emblemático Palacio San Carlos, culminó con la aprobación de la Declaración de San Carlos, un documento que representa una hoja de ruta para la integración regional y la resistencia frente a las imposiciones externas.

La reunión, organizada por la Internacional Progresista, contó con la participación de figuras destacadas como Jorge Taiana, diputado nacional argentino; Rosa Yolanda Villavicencio, canciller de Colombia; Andrés Arauz, excandidato presidencial ecuatoriano; y representantes de Europa como Clémence Guette, vicepresidenta de la Asamblea Nacional de Francia. Durante dos días, los y las asistentes debatieron estrategias para enfrentar las amenazas que pesan sobre la región y trazar un camino hacia un futuro más autónomo y solidario.
En su intervención, Taiana destacó la importancia del multilateralismo y la unidad regional como pilares para enfrentar los desafíos actuales. "Fue un encuentro muy productivo, donde nos encontramos dirigentes de varios países con el fin de elaborar un plan de acción que nos permita dar una respuesta colectiva a la coyuntura actual. En un mundo caracterizado por la inestabilidad, la violación del derecho internacional y el uso creciente de la fuerza, la integración regional es una condición indispensable para el futuro de nuestros países y la felicidad de nuestros pueblos", expresó contundentemente.

La Declaración de San Carlos pone en el centro del debate la necesidad urgente de un hemisferio que se gobierne a sí mismo, defienda a sus pueblos y hable con su propia voz, contrarrestando así décadas de intervenciones extranjeras que socavaron la autodeterminación de las naciones y las identidades latinoamericanas.
Entre las preocupaciones abordadas en el encuentro, se destacaron casos específicos como la intervención financiera en Argentina para condicionar su política económica llevadas adelante por el gobierno de Donald Trump como así también los ataques militares en Venezuela y el recrudecimiento del bloqueo económico contra Cuba, ambas acciones políticas estadounidenses. También se denunció el uso del lawfare como herramienta para perseguir a líderes progresistas como Lula Da Silva, Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa.

El documento aprobado no solo denuncia estas prácticas coercitivas, sino que también propone una estrategia común para resistirlas. Entre las medidas planteadas se incluyen la participación coordinada en foros multilaterales como las Naciones Unidas, el fortalecimiento de mecanismos hemisféricos para enfrentar sanciones y bloqueos, y la promoción de la solidaridad regional en áreas clave como salud, alimentación y energía. En la misma línea, se subrayó la necesidad de defender los derechos de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos y combatir las políticas represivas que enfrentan ahora que en ese país se comenten crímenes a plena luz del día por las fuerzas represivas del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas).
El espíritu del encuentro quedó plasmado en las palabras de los delegados: "Nosotros, los delegados de la reunión inaugural de Nuestra América en Bogotá, Colombia, afirmamos el horizonte compartido de: un hemisferio que se gobierna a sí mismo, defiende a sus pueblos y habla con su propia voz".

La Declaración de San Carlos es un llamado a la acción colectiva frente a un escenario global cada vez más complejo. Los líderes reunidos en Bogotá dejaron claro que solo a través de la unidad y el respeto mutuo será posible enfrentar los desafíos que amenazan a América Latina de la gran escalada imperialista de Donald Trump.

