20 Enero de 2026 13:53
La reciente decisión del presidente Javier Milei de endurecer las condiciones para que empresas chinas participen en licitaciones públicas genera una fuerte tensión en las relaciones bilaterales entre Argentina y el país oriental. Este movimiento, que parece ser un guiño a los Estados Unidos y a Donald Trump, podría tener consecuencias devastadoras para la economía nacional, ya que pone en peligro la renovación del swap de monedas con el gigante asiático, un acuerdo clave para sostener las reservas internacionales del país.
El swap con China, que asciende a USD 18.000 millones y cuya renovación está prevista para mediados de 2026, es un pilar fundamental para el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Sin embargo, el incumplimiento por parte del gobierno argentino de las condiciones pactadas con China en 2024 podría llevar a un escenario de default técnico. Entre estas condiciones se encontraba la realización de una visita presidencial a China y la reactivación de las represas hidroeléctricas en Santa Cruz, un proyecto de infraestructura emblemático financiado por Beijing: ninguna de estas promesas se ha cumplido.
En junio de 2024, el presidente chino Xi Jinping renovó el swap con Argentina como un gesto de buena fe, a pesar de los insultos previos de Milei hacia la potencia asiática. Sin embargo, esa paciencia parece estar llegando a su límite por la falta de avances en las represas y la decisión de priorizar giras en Estados Unidos sobre el compromiso bilateral con China son señales claras de un distanciamiento político que podría costarle muy caro al gobierno de las fuerzas del cielo.

El riesgo no se limita al vínculo con China. El swap incluye una cláusula de cross default, lo que significa que un incumplimiento con Beijing también podría afectar los acuerdos vigentes con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En un contexto en el que Argentina intenta proyectar una imagen de estabilidad financiera, un default técnico dañaría irreparablemente su credibilidad internacional.
El panorama se complica aún más por la falta de alternativas claras. A pesar de las promesas durante la campaña electoral, el tan anunciado swap por USD 20.000 millones con Estados Unidos nunca se concretó. Esto deja a Argentina en una posición extremadamente vulnerable, sin los dólares necesarios para enfrentar los vencimientos del swap chino, que alcanzan entre USD 2.750 millones y USD 5.000 millones entre junio y julio.

La estrategia del gobierno argentino parece estar guiada más por alineamientos geopolíticos que por pragmatismo económico. La preferencia por fortalecer la relación con Estados Unidos, en detrimento de China, podría tener consecuencias catastróficas para una economía ya debilitada. Con el tiempo corriendo en contra, el gobierno de Javier Milei en tándem con el ministro de Economía Luis Caputo, enfrenta un desafío monumental: evitar un colapso financiero mientras intenta equilibrar sus compromisos internacionales.