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Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre: la alarmante advertencia sobre los chicos y las pantallas

La licenciada María Scipioni alertó sobre el impacto emocional, corporal y social que provoca el exceso de tecnología en niños y adolescentes.

por Alejo Paredes

21 Mayo de 2026 14:07
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

Mientras las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana, crece también una preocupación silenciosa entre especialistas en salud mental infantil: qué está pasando con los chicos que pasan gran parte de su infancia frente a un celular, una tablet o una computadora. La licenciada María Scipioni (MN 39519) viene observando ese fenómeno desde hace años en el consultorio y no duda en definirlo como una problemática profunda que ya está dejando marcas visibles en el desarrollo emocional, físico y social de niños y adolescentes. "Estamos frente a una infancia que se atraviesa en soledad", advirtió durante una extensa charla con BigBang, donde analizó cómo el avance tecnológico, la hiperconectividad y la pérdida del juego libre están modificando la manera en que los chicos crecen, se vinculan y construyen su identidad.

Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

La especialista explicó que hoy aparecen cada vez más niños con gran dominio del mundo digital, pero con enormes dificultades para conectarse con sus propias experiencias corporales y emocionales. "Los chicos llegan con una gran habilidad y dominio del mundo tecnológico, pero con muchas dificultades para reconocer sus propios límites corporales y para habitar su propio cuerpo", sostuvo.

Para Scipioni, el problema no se limita únicamente al tiempo frente a una pantalla, sino también a la disponibilidad emocional de los adultos. "Poder habitar el cuerpo propio es una construcción que empieza en el vínculo temprano con un adulto que sostiene, que mira, que toca, que nombra el cuerpo de ese niño", explicó. Y agregó una definición contundente: "Parte del problema es que esta función corporizante que tenemos los adultos está interferida también por la tecnología".

Uno de los puntos centrales de la entrevista giró alrededor del juego libre, un espacio que, según la psicóloga, está desapareciendo de la infancia actual. "El juego libre cumple una función clave en el desarrollo de la subjetividad", explicó. "Es el espacio donde el niño aprende a tolerar la frustración, a imaginar, a negociar con pares, a ensayar distintos roles, a crear reglas propias", sumó. 

Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

Según Scipioni, cuando ese tiempo es reemplazado por pantallas, aparecen consecuencias que suelen hacerse visibles con fuerza durante la adolescencia. "Esa falta de herramientas sumada al cúmulo de emociones que no pudieron ser procesadas favorecen cuadros de ansiedad y de depresión", advirtió. La especialista también alertó sobre cómo el sedentarismo y la desconexión corporal afectan directamente la autoestima infantil.

De hecho, señaló: "El niño que no juega libremente no vive la experiencia de competencia real en su cuerpo, por lo tanto no puede incorporar el logro como tal y eso es clave para poder construir una autoestima sólida". Además, remarcó el peso que tienen las redes sociales y los contenidos digitales sobre la percepción corporal de chicos y adolescentes. "Las pantallas refuerzan la comparación constante de los chicos con otros cuerpos y otras realidades editadas", explicó.

Y sostuvo: "Quedan atrapados en la idealización de lo que ven y empobrecidos ellos mismos". Para María Scipioni, la pandemia profundizó todavía más un escenario que ya venía deteriorándose. "Los chicos fueron los grandes invisibles de la pandemia en términos de salud mental", afirmó. Según explicó, hoy llegan al consultorio niños cada vez más pequeños con síntomas de ansiedad, depresión, dificultades para socializar y muy baja tolerancia a la frustración.

En ese sentido, describió que "son chiquitos que atravesaron etapas de su desarrollo en aislamiento, con adultos estresados, preocupados y poco disponibles". La especialista aseguró además que las consecuencias no fueron solamente emocionales, sino también cognitivas y sociales. "Eso impactó profundamente no sólo en el desarrollo socioemocional sino también en la adquisición del lenguaje y en la alfabetización", indicó.

Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

Otro de los aspectos más preocupantes que destacó Scipioni es el funcionamiento adictivo de las pantallas sobre el cerebro infantil. "Las pantallas están diseñadas para activar el circuito de recompensa de forma instantánea", explicó. Según detalló, esa estimulación constante modifica el funcionamiento cerebral y vuelve menos atractivas las actividades que requieren paciencia, tolerancia o esfuerzo. "El cerebro infantil se adapta a ese ritmo y a ese nivel de dopamina, entonces todo lo que sucede por fuera de una pantalla no le resulta atractivo", afirmó.

Por eso, explicó que muchos chicos prefieren quedarse encerrados con un celular antes que salir a jugar. "Salir a jugar implica incertidumbre, posibilidad de fracaso, tolerancia y negociación. En cambio, la pantalla ofrece recompensa inmediata y ausencia de riesgo real", detalló.  La consecuencia, según define, es una generación cada vez más ansiosa, sedentaria y aislada emocionalmente. "Están perdiendo la capacidad de habitar el silencio, la espera, el aburrimiento. Y esas son habilidades básicas para la vida", alertó.

La psicóloga también apuntó contra el rol de los adultos y aseguró que muchas conductas dañinas se volvieron habituales simplemente porque se normalizaron. "No es normal que un niño de 2 años se quede horas frente a una pantalla, sin embargo es habitual", sostuvo. Y añadió: "Es más cómodo ponerlos frente a una pantalla que poner el cuerpo para entretenerlos, pero el costo de esa comodidad la pagan los niños". 

Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

Scipioni cuestionó además la hiperprotección de muchos padres, a quienes definió como adultos que intentan evitar cualquier frustración o incomodidad en sus hijos. "Un niño que nunca se raspó la rodilla jugando no aprende que el dolor es tolerable", explicó. En esa línea, advirtió que muchos chicos crecen sin herramientas para afrontar conflictos, frustraciones o desafíos mínimos. "Hoy vemos chicos que ante la mínima dificultad se frustran porque no tienen el registro corporal de haberse caído y haberse levantado", remarcó.

Lejos de plantear una mirada apocalíptica, María Scipioni sostuvo que todavía hay tiempo para revertir muchas de estas situaciones, aunque aclaró que eso requiere una participación mucho más activa de los adultos. "Con tiempo, con dedicación y con adultos que jueguen primero", respondió cuando fue consultada sobre cómo reeducar a chicos que ya perdieron interés por el movimiento y el juego. Para la especialista, no alcanza simplemente con prohibir pantallas. "No se trata de sacarle la pantalla de golpe. Se trata de hacer que el mundo sin pantalla sea más interesante y lo que lo hace interesante es el vínculo con el otro", expresó. 

Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.
Ansiedad, aislamiento, frustración y pérdida del juego libre, las consecuencias de una generación cada vez más conectada, pero más vulnerable.

Finalmente, dejó una reflexión que resume gran parte del problema actual. "Estamos frente a una generación que está creciendo con más soledad y sin herramientas, lo que la hace más vulnerable", concluyó. Y lanzó una advertencia urgente: "Es una generación que necesita adultos presentes, que no tengan miedo de poner límites".

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