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Puede ser devastadora

"La soledad sostenida es terreno fértil para la ansiedad y la depresión": la epidemia silenciosa que avanza

La licenciada Débora Pedace analizó cómo la desconexión emocional, el aislamiento y la hiperestimulación digital están transformando la salud mental.

por Alejo Paredes

20 Mayo de 2026 10:40
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

Hay personas que llaman a una línea de emergencia de salud mental no para denunciar una crisis puntual, sino para escuchar una voz del otro lado. Para comprobar, aunque sea por unos minutos, que todavía existe alguien dispuesto a escucharlas. El dato surge de la línea 0800 de salud mental de Córdoba y refleja una realidad que crece en silencio: desde fines de 2024 se analizaron 1.515 llamados y casi un 30% estaban vinculados a conflictos personales y sentimientos de soledad. La Organización Mundial de la Salud ya definió a la soledad no deseada como una "epidemia silenciosa". Y mientras países como Inglaterra, Japón o Alemania avanzan con políticas públicas específicas para enfrentarla, los especialistas advierten sobre un fenómeno que atraviesa generaciones y deja consecuencias profundas en la salud mental.

La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

En diálogo sobre este fenómeno, la licenciada Débora Pedace (MN 56404- MP 98524) explicó cómo la desconexión emocional, el aislamiento sostenido y la hiperestimulación digital están modificando la forma en que las personas viven, sienten y se vinculan. "La soledad sostenida no es solo 'estar solo', sino sentirse desconectado emocionalmente. Cuando una persona siente que no tiene vínculos significativos o espacios donde ser escuchada, aumenta la sensación de vacío, inseguridad y desamparo. Eso puede favorecer síntomas de ansiedad, tristeza profunda e incluso depresión", señaló.

Para la especialista, el impacto no es solamente emocional, sino también físico y neurológico. "La soledad no es solo una sensación incómoda: es un estado que el sistema nervioso registra como amenaza. Cuando una persona se siente crónicamente sola, el cerebro entra en un modo de alerta sostenida, similar al que activa ante un peligro real. Eso tiene consecuencias directas: aumenta el cortisol, se altera el sueño, se achica la capacidad de disfrutar", explicó.

Pedace sostuvo que, en muchos casos, los cuadros depresivos o de ansiedad no aparecen tras un hecho traumático concreto, sino de manera silenciosa. "En la clínica lo veo todo el tiempo: muchos cuadros de ansiedad o depresión no empiezan con un evento dramático, sino con un aislamiento que fue creciendo silenciosamente. La soledad sostenida es terreno fértil para que esos cuadros se arraiguen", advirtió.

La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

La especialista también explicó por qué muchos profesionales sostienen que "la soledad llama a más soledad". Según describió, el aislamiento modifica la forma en que las personas interpretan sus vínculos y profundiza la desconexión. "Cuando alguien lleva mucho tiempo solo, empieza a leer las señales de los demás con más desconfianza: un amigo que no llamó se convierte en una confirmación de que 'a nadie le importo'. Esa interpretación genera conductas de evitación o retraimiento que, paradójicamente, alejan más a las personas. Es un círculo vicioso que desde adentro se siente como evidencia, no como distorsión", explicó.

En ese contexto, la psicóloga alertó sobre los efectos que tiene la falta de contacto humano cotidiano en el funcionamiento cerebral, especialmente en adultos mayores. "El vínculo humano no es un lujo, es un estímulo necesario para que el cerebro funcione bien. La conversación, el contacto visual, el intercambio emocional activan circuitos que mantienen la mente ágil. Cuando ese estímulo falta de manera sostenida, especialmente en adultos mayores, se acelera el deterioro cognitivo", afirmó.

La problemática se vuelve todavía más compleja en una sociedad cada vez más individualizada y digitalizada. Según datos de la Fundación Tejido Urbano, en la Ciudad de Buenos Aires los monoambientes representan el 39,1% del total de hogares, mientras que el último censo del Indec reveló que uno de cada cuatro hogares ya es unipersonal. 

La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

Para Pedace, este fenómeno se combina con una cultura que promueve vínculos rápidos, superficiales y descartables. "Vivimos en una era que privilegia la intensidad por sobre la continuidad. Hay menos tolerancia a la frustración, menos tiempo de calidad y más individualismo. Sostener una amistad real requiere tiempo, presencia y capacidad de atravesar incluso momentos que no son 'instagrameables'", sostuvo.

La especialista remarcó además una de las grandes paradojas contemporáneas: la hiperconectividad no necesariamente genera más conexión emocional. "Estamos muy comunicados, pero muchas veces poco conectados emocionalmente", resumió. En esa línea, advirtió sobre el rol que cumplen las redes sociales, el scrolling infinito y el consumo constante de contenido como formas de evasión emocional. "Muchas veces funcionan como una anestesia emocional. El scrolling infinito, las series o las notificaciones constantes pueden convertirse en una forma de no estar: no solo desconectarnos de los demás, sino también de nosotros mismos", señaló.

Y agregó: "El problema es que anestesiar no es sanar. Lo no procesado emocionalmente no desaparece: se acumula". La licenciada también describió uno de los momentos más delicados que aparecen en consulta: cuando una persona siente que ya no tiene motivos para seguir adelante. "Esa frase me detiene siempre que la escucho en consulta, porque habla de algo muy serio: la pérdida de sentido. No es solo tristeza, es una especie de vaciamiento", explicó.

Y profundizó: "La persona no encuentra un destinatario para su energía, su afecto, su presencia. Y cuando no hay nadie que 'reciba' lo que uno es o hace, la identidad empieza a desdibujarse". Según Pedace, en esos casos el acompañamiento emocional resulta fundamental. "Cuando alguien siente que 'ya no tiene para qué levantarse', necesita ser escuchado, acompañado y contenido. Ayudarlos a recuperar el propósito, aunque sea en pequeñas cosas cotidianas, es clave para volver a conectarse con la vida", afirmó.

La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

La especialista también remarcó que la soledad afecta de manera diferente a jóvenes y adultos mayores, aunque en ambos casos el impacto puede ser devastador. "En los jóvenes, la soledad suele vivirse con mucha vergüenza, porque existe una presión enorme por mostrarse siempre conectado, activo y socialmente validado", explicó. En cambio, en los adultos mayores, señaló que suelen influir factores estructurales como la jubilación, la viudez, la pérdida de amistades o la disminución de la movilidad.

Pero más allá de las diferencias generacionales, insistió en que existe una necesidad universal. "Todos necesitamos sentirnos vistos, importantes y parte de algo. La necesidad de conexión emocional no desaparece con la edad". Finalmente, Pedace cuestionó una de las respuestas más frecuentes frente a alguien que se anima a verbalizar su soledad. "El error más común es minimizar lo que esa persona siente", afirmó. 

La soledad no deseada es una epidemia silenciosa
La soledad no deseada es una epidemia silenciosa

Y detalló: "Frases como 'pero si tenés familia, amigos o trabajo' no ayudan, porque la soledad no se mide solamente por la cantidad de personas alrededor. Muchas veces, la soledad más dolorosa es justamente la que se siente en compañía". Finalmente cerró apuntando contra lo que cree es el corazón del problema: "La persona que se anima a decir 'me siento solo' está haciendo algo muy valioso y difícil. En lugar de apurarnos a resolver, necesitamos aprender a quedarnos, preguntar, escuchar y acompañar. Porque la soledad no siempre se alivia con más gente alrededor; muchas veces se transforma a través de la presencia genuina, la empatía y la conexión emocional real".

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