por Alejo Paredes
12 Marzo de 2026 12:57
En los últimos meses, el término "therian" comenzó a ganar visibilidad en redes sociales. Se utiliza para describir a jóvenes que experimentan una identificación con un animal no humano en un plano simbólico, psicológico o vivencial. Videos virales, comunidades digitales y foros online amplificaron el fenómeno, generando interrogantes entre padres, docentes y especialistas. ¿Se trata de una moda de internet? ¿De un trastorno psicológico? ¿O de una etapa de exploración identitaria propia de la adolescencia? Para Giselle Granieri, licenciada en Psicopedagogía y directora de la carrera de Psicopedagogía de la UFLO Universidad, la respuesta requiere evitar diagnósticos apresurados. "La rareza no es sinónimo de patología", explica la especialista en diálogo con BigBang.

Y agregó: "Lo que debemos observar es si hay sufrimiento, aislamiento o pérdida del juicio de realidad". Según Granieri, la identificación con animales no es una novedad dentro del desarrollo infantil. Durante el período preoperatorio descrito por Jean Piaget -que abarca aproximadamente entre los 2 y los 7 años- el pensamiento de los niños es esencialmente simbólico.
En ese contexto, juegos como "ser un tigre", "ser un gato" o "ser un dragón" forman parte del proceso natural de construcción de la identidad. "El niño no está negando su humanidad. Está usando la metáfora para organizar su experiencia emocional. Eso es un indicador de que la función simbólica está activa", señala Granieri. El juego simbólico, explica, permite elaborar miedos, explorar emociones y ampliar el lenguaje, además de fortalecer la construcción del yo.
El fenómeno adquiere otra dimensión durante la adolescencia, etapa que el psicólogo Erik Erikson describió como el momento central de la búsqueda de identidad. Hoy ese proceso ocurre en un escenario profundamente atravesado por las redes sociales, donde las identidades se nombran, se comparten y encuentran validación casi inmediata. "Las redes sociales hacen visibles fenómenos que probablemente ya existían, pero hoy encuentran nombre y comunidad en el entorno digital", explicó.

Y sumó la especialista: "En la adolescencia es esperable la exploración identitaria: es una etapa evolutiva donde se busca pertenecer, diferenciarse y construir una narrativa sobre quién se es". Para Granieri, el punto clave no es si la identificación resulta extraña o novedosa, sino cómo se sostiene en la experiencia cotidiana. "La pregunta no es si la identificación es extraña, sino si se sostiene el juicio de realidad y si la vivencia genera sufrimiento o aislamiento", afirma.
Uno de los aspectos centrales del análisis psicopedagógico es la diferencia entre una identificación simbólica y una afirmación literal. "No es lo mismo decir 'me siento como un lobo porque soy solitario' que afirmar 'no soy humano, soy un lobo'", explicó Granieri. En el primer caso, se trata de una metáfora que mantiene el anclaje simbólico. En el segundo, puede requerir un análisis clínico más profundo si aparece rigidez o desconexión de la realidad compartida.
En ese sentido, remarcó que en "muchos casos puede tratarse de una expresión simbólica". "Los jóvenes utilizan metáforas o identificaciones para nombrar rasgos de su personalidad o estados emocionales. La clave es observar si existe diferenciación entre fantasía, juego simbólico y realidad compartida", remarcó. Aunque el fenómeno no figura como trastorno en los manuales diagnósticos internacionales, los especialistas advierten que existen indicadores que merecen atención.
Entre ellos se encuentran el aislamiento social marcado, la angustia persistente, el rechazo intenso del propio cuerpo humano, la dificultad para diferenciar fantasía y realidad o un impacto negativo en los vínculos y en el desempeño escolar. "Cuando genera sufrimiento, aislamiento, dificultades en la vida escolar o pérdida del juicio de realidad es cuando empieza a requerir una mirada clínica", advierte la psicopedagoga.

Desde la perspectiva educativa, el desafío no consiste en estigmatizar ni en ridiculizar la experiencia de los adolescentes. Granieri advierte que los adultos suelen caer en dos extremos igualmente problemáticos: burlarse de la vivencia juvenil o validarla sin mediación crítica. "Dos extremos suelen ser problemáticos: ridiculizar la vivencia del adolescente o validarla sin mediación adulta. El desafío es escuchar, comprender qué función cumple esa identificación y al mismo tiempo sostener referencias claras en la realidad compartida", sostiene.
En ese sentido, la escuela tiene un rol central en fortalecer el lenguaje, la capacidad narrativa y el pensamiento crítico. "Escuchando sin burlas, promoviendo el diálogo y ofreciendo lenguaje para que el estudiante pueda expresar lo que siente. La escuela puede ayudar a transformar la experiencia en relato simbólico, sosteniendo el vínculo con la realidad".

El fenómeno también puede abordarse dentro del marco de la Educación Sexual Integral (ESI), que promueve la reflexión sobre identidad, diversidad y construcción del "yo". Según Granieri, trabajar estos temas en el aula permite analizar cómo influyen los grupos, las redes sociales y las culturas juveniles en la autopercepción. "La ESI permite abordar la construcción de identidad, la diversidad y el pensamiento crítico. Ofrece un marco pedagógico para reflexionar sobre cómo se construye el 'yo' y cómo influyen los grupos, las redes y las culturas juveniles".
Entre las herramientas pedagógicas posibles se encuentran el trabajo con relatos, literatura, debates guiados y análisis de producciones culturales. Estas estrategias permiten fortalecer la función simbólica y ayudar a los estudiantes a distinguir entre emoción, imaginación e identidad. Para la especialista, el debate sobre el fenómeno therian no debería centrarse únicamente en la etiqueta. "Más allá de las etiquetas, lo que está en juego no es 'ser o no ser un animal', sino la manera en que cada sujeto construye su identidad en relación con otros. Y ese proceso, siempre, es educativo", concluye Granieri.

En un escenario donde las identidades circulan cada vez más rápido en el ecosistema digital, la psicopedagogía propone una mirada menos alarmista y más comprensiva: entender qué buscan decir los jóvenes cuando exploran nuevas formas de nombrarse a sí mismos.

