Cada Mundial despierta una postal repetida en millones de hogares argentinos. Camisetas que no se lavan durante semanas, sillones que nadie puede ocupar, reuniones con las mismas personas y rituales que se repiten partido tras partido con una convicción inquebrantable. Para muchos hinchas son simples costumbres. Para otros, una herramienta capaz de influir en el resultado de un encuentro. Pero, ¿qué explica psicológicamente este fenómeno? El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367) sostuvo que detrás de las cábalas existe una necesidad profunda de reducir la incertidumbre que generan acontecimientos emocionalmente intensos como un Mundial. "Las personas buscan más que nada en este tipo de rituales o actos tratar de controlar la incertidumbre que les genera", explicó en diálogo con BigBang.

Según detalló, la cábala funciona como una creencia que lleva a pensar que determinadas acciones pueden modificar el resultado de un evento sobre el que, en realidad, no existe ningún control. "La cábala es una falsa creencia de que si yo hago un determinado acto, por ejemplo un ritual, voy a poder influir en el resultado del partido", señaló. Por eso aparecen conductas tan habituales como utilizar la misma camiseta durante toda la competencia, sentarse siempre en el mismo lugar o reunirse únicamente con determinados amigos para ver los encuentros.
Aunque muchas veces se las asocia únicamente a la superstición, Alderete considera que el fenómeno es más complejo. "Hay una cuestión de superstición de que uno puede controlar determinados eventos o manipular la realidad a su alrededor a través de una falsa creencia", indicó. Sin embargo, aclaró que detrás de estas conductas también aparece una dificultad para tolerar aquello que no puede predecirse. "Si no hago este ritual, Argentina pierde", es una de las ideas que suelen surgir en los fanáticos más apasionados.
Para el especialista, esa lógica tiene una explicación emocional. "Tiene que ver más que nada por la falta de control, por la cuestión de no tolerar la incertidumbre de cómo va a ser un resultado", afirmó. En ese sentido, explicó que el hincha deposita una enorme carga emocional sobre el desempeño de su equipo y busca evitar el sufrimiento que podría provocar una derrota. "La persona tiene una gran pasión y emociones involucradas en su equipo. Entonces, si el equipo pierde, yo me siento muy mal, voy a hacer todo desde mi lado para que a mi equipo le vaya bien", señaló.

El fútbol, además, potencia estas conductas de una manera especial. "El fútbol te da determinadas alegrías y te quita un poco de la realidad que uno está atravesando, ya sea económica, social o emocional", explicó Alderete. Para muchas personas, agregó, los 90 minutos de un partido representan un espacio de refugio frente a las preocupaciones cotidianas. "Tengo ese momento para mí, entonces voy a aplicar todas mis conductas, todos mis pensamientos y los rituales propios para que todo salga de la mejor manera", describió.
Sin embargo, no todas las cábalas son negativas. El especialista destacó que, en algunos casos, estos rituales pueden transformarse en una oportunidad para recuperar vínculos afectivos o conectarse con recuerdos felices. "Si en determinado Mundial anterior la persona la pasó con su familia o con su padre, y esas personas ya no están o están alejadas, es un buen momento para reencontrarse", explicó. Incluso sostuvo que una cábala puede tener efectos positivos sobre la salud emocional. "La cábala, en su aspecto positivo, tiene grandes beneficios", afirmó.
Pese a esto, advirtió que existe una línea que separa el entretenimiento de una conducta preocupante. "La diferencia tiene que ver con la rigidez y los problemas que va generando alrededor de la familia", señaló. Como ejemplo mencionó al fanático que deja de compartir tiempo con sus seres queridos porque siente que debe cumplir obligatoriamente con determinado ritual para que su equipo gane.
Cuando la conducta se vuelve inflexible, aparecen las señales de alarma. "Empieza a ser un problema cuando hay problemas económicos, cuando la persona empieza con gastos desmesurados porque tiene que tener, por ejemplo, la última camiseta, cuando entran deudas o cuando aparecen peleas con la familia", advirtió. También alertó sobre los casos en los que el ritual ocupa cada vez más espacio en la vida cotidiana. "La persona empieza a aislarse y le da toda su identidad o su propia realidad a esta cábala", explicó.

Otro de los fenómenos habituales aparece cuando el ritual se rompe y el resultado deportivo es negativo. Allí emerge un sentimiento de culpa que puede resultar muy intenso. "La persona lo evidencia primero como un duelo", sostuvo. Según explicó, el hincha comienza a revisar obsesivamente qué hizo mal. "Si no me senté en determinado lugar o me levanté en determinado momento, aparece esta rumiación, los pensamientos intrusivos, mucha ansiedad y un fuerte autocastigo", describió.
El especialista también diferenció las cábalas de los rituales que suelen tener los deportistas profesionales antes de competir. Mientras la cábala está basada en una creencia supersticiosa, muchos rituales deportivos cumplen una función psicológica concreta. "Estos son lo que se llaman rituales de enraizamiento, muy relacionados con el mindfulness, con llevar la mente al momento presente", explicó.
Hablar con un familiar, tocarse el pelo o realizar una secuencia repetitiva antes de ingresar al campo de juego son algunos ejemplos. Según Alderete, estas acciones pueden ayudar a mejorar la concentración y el rendimiento porque permiten conectar con emociones positivas. "Hay determinados rituales que sí pueden influir en el resultado porque ayudan a la motivación, al disfrute y a que el sistema nervioso esté tranquilo y regulado", afirmó.

En Argentina, donde el fútbol forma parte de la identidad cultural, el fenómeno adquiere una dimensión colectiva. "Puede quedar atado un país entero a una cábala durante 90 minutos", sostuvo. Y explicó que esto responde a una combinación de pasión futbolera, historia compartida y necesidad de pertenencia. "Si todo el mundo está acompañado, yo quiero ser parte de este grupo y que esa alegría también me llegue a mí", señaló. Finalmente, Alderete no dudó cuando se le preguntó si los argentinos son especialmente supersticiosos. "El argentino sí es supersticioso", respondió. Y concluyó: "Siempre se le atribuye a creencias falsas que si yo cometo un determinado acto voy a tener un buen resultado. Entonces me quito un poco la responsabilidad de mis actos y se la pongo a algo que yo creo que me va a devolver el resultado".