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Siempre quise apagar el switch"

Qué es la sinestesia, la condición neurológica que afecta a cuatro de cada cien personas: "Escucho colores y veo emociones"

Héctor Maduri es el primer sinestésico reconocido legalmente en la Ciudad de Buenos Aires.

por Alejo Paredes

01 Junio de 2026 18:02
Qué es la sinestesia y cómo afecta a quien la siente
Qué es la sinestesia y cómo afecta a quien la siente

Para Héctor Maduri, un aplauso puede tener sabor. Una canción puede transformarse en colores. Un abrazo puede convertirse en una textura. Y una persona puede proyectar volúmenes, aromas o sensaciones que aparecen de manera instantánea en su mente. No se trata de una metáfora ni de una creencia paranormal. Maduri tiene sinestesia proyectiva, una variación neurológica que provoca que los sentidos funcionen conectados entre sí. Lo que para la mayoría son estímulos separados, para él conforman una única experiencia sensorial.

Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones
Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones

Hoy, después de décadas de incomprensión, se convirtió en el primer sinestésico reconocido legalmente en la Ciudad de Buenos Aires. La Legislatura porteña aprobó una ley que establece el 2 de julio como el Día de la Sinestesia, una iniciativa impulsada por él mismo para visibilizar una condición que afecta a cerca del 4% de la población. Sin embargo, detrás del reconocimiento hay una historia atravesada por la soledad, la frustración y la búsqueda permanente de respuestas. "Siempre quise apagar el switch", confesó durante una entrevista con BigBang en la que describió con detalle cómo es convivir con una percepción que nunca descansa.

Maduri recuerda que las primeras señales aparecieron durante su adolescencia. Intentaba aprender tenis cuando comenzó a notar fenómenos que no podía explicar. "Yo no tenía idea de lo que era la sinestesia. Cuando venía la pelota tenía como un halo muy suavecito, un destello de un color", relató. Aquellas percepciones se repetían una y otra vez. No sólo veía colores asociados al movimiento de la pelota sino que también intuía trayectorias y puntos exactos de impacto. Algo similar ocurrió cuando intentó aprender guitarra. "Empezaba a aparecer nuevamente el color cuando hacía bien la nota", recordó.

Lo que para cualquier otra persona podía parecer una ventaja terminó generándole temor. "Hasta que en un momento me asusté y dije: chau, no toqué más la guitarra, no jugué más al tenis". Aunque muchas personas podrían imaginar la sinestesia como una experiencia fascinante, Maduri asegura que la realidad es mucho más compleja. "Es un tormento para mí porque uno tiene activado sensorialmente todo", admitió. Según explicó, cualquier estímulo genera una cascada de asociaciones sensoriales. Un aplauso, por ejemplo, no es solamente un sonido. "Va a tener una vibración, va a tener un tono y ese tono va a tener un sabor".

Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones
Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones

La consecuencia es un estado permanente de sobreestimulación. "Mi mente está todo el día activa", explicó. Por momentos la experiencia puede resultar maravillosa. Observar la naturaleza, un atardecer o la caída de la lluvia se transforma en algo extraordinario. Pero cuando las emociones negativas o los ambientes hostiles ingresan en escena, el efecto puede ser devastador. "Si es algo hermoso, es todo un regocijo. Pero cuando es negativo, es complicado", resaltó. 

Durante años, Maduri convivió con la sensación de ser diferente sin encontrar explicaciones. "La incomprensión, la soledad y el cubrirme en el arte para que no me definan como una persona rara o como un loco", resumió. Según contó, la falta de información sobre la sinestesia generó aislamiento y frustración. "El impacto emocional fue aislarme. La sociedad, la incomprensión y, en algún punto, la frustración", manifestó.

A pesar de las consultas médicas, nunca recibió tratamientos psiquiátricos porque la sinestesia no es considerada una enfermedad ni un trastorno. "Nunca me medicaron para esto. No es una discapacidad. Estudié, trabajé, viví, me jubilé. Nunca fui un delirante", detalló. Una de las consecuencias más difíciles de su condición es la necesidad constante de alejarse de situaciones que le generan saturación emocional. "Prácticamente me escapo de todo", reconoció.

Qué es la sinestesia y cómo afecta a quien la siente
Qué es la sinestesia y cómo afecta a quien la siente

Explicó que muchas veces percibe agresividad, tensión o sensaciones desagradables antes incluso de que ocurran determinados hechos: "Donde llego, llego para irme". Según relató, esa conducta está vinculada a cuadros de agorafobia que aparecen en numerosos sinestésicos. Cuando la sobrecarga sensorial se vuelve insoportable, Maduri recurre a estrategias simples para recuperar el equilibrio. "Me tengo que dormir y me tienen que medicar", explicó.

Su refugio suele encontrarse en sonidos suaves y paisajes naturales: "Escucho la lluvia caer, veo caer una gotita en una hoja húmeda, donde hay un poco de olor a tierra mojada". En esos momentos encuentra una sensación de protección difícil de explicar. "Todo para mí es mágico", aclaró. Lo cierto es que la aprobación de la ley que reconoce la sinestesia en la Ciudad de Buenos Aires representó un punto de inflexión en su vida.

En ese sentido, remarcó que a su edad "el reconocimiento significa que esa soledad, esa tristeza y esa melancolía tuvieron sentido". También implicó una responsabilidad:"Es decirles a los que están locos que no están tan locos". Maduri asegura que su objetivo es derribar prejuicios y demostrar que la sinestesia no tiene nada que ver con fenómenos paranormales. "Nacés así. Es neurobiológico, punto", dijo. 

Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones
Héctor Maduri, el hombre que escucha colores y ve emociones

Por eso insiste una y otra vez en marcar distancia con cualquier interpretación sobrenatural. "No es un don. El don tenés que demostrarlo", añadió.  Después de décadas intentando comprender cómo funciona su mente, Maduri llegó a una conclusión sencilla: "Hay que vivir". Y aunque reconoce que la sinestesia le permitió percibir la belleza del mundo de una manera singular, asegura que lo verdaderamente importante sigue estando en los vínculos humanos. "Lo glorioso es la naturaleza, cuidar nuestro planeta, ver un amanecer, un atardecer". A sus casi 60 años, el hombre que escucha colores, ve emociones y encuentra sabores en los sonidos sigue convencido de que la mayor riqueza no está en su condición extraordinaria, sino en algo mucho más simple. "Venimos solitos y nos vamos solitos. Así que, como decía nuestra querida Locomotora Oliveras, a disfrutar lo que nos queda por vivir", sentenció. 

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