18 Marzo de 2026 09:33
En San Lorenzo de Almagro la palabra "crisis" dejó de ser una exageración para convertirse en rutina. Pero lo ocurrido el último fin de semana logró ir un paso más allá, en un club donde los límites parecen correrse una y otra vez. Mientras el equipo se desmoronaba en la cancha con una dura derrota 5-2 ante Defensa y Justicia y se consumaba la salida de Damián Ayude, otro episodio, por fuera del fútbol, terminaba de encender la mecha: una despedida de soltera realizada dentro de las instalaciones del club, con presuntos vínculos con la barra brava. El hecho ocurrió el sábado por la noche en uno de los quinchos de la Ciudad Deportiva.

En condiciones normales, podría haber pasado como un evento social más. Pero el contexto lo volvió explosivo. Las imágenes, que se viralizaron en cuestión de horas, mostraban una celebración privada que, según trascendió, involucraba a personas cercanas a la barra e incluso a integrantes del propio grupo. Y eso, en un club golpeado por los malos resultados y tensiones internas, fue dinamita. La bronca de los hinchas no tardó en estallar. No era solo una fiesta. Era quiénes estaban, dónde y en qué momento.
Ante el escándalo, la dirigencia intentó contener el daño con un mensaje institucional que, lejos de apagar el incendio, evidenció la gravedad de la situación: "El Club Atlético San Lorenzo de Almagro informa que se elevará al Tribunal de Ética y Disciplina un pedido de investigación sobre los hechos ocurridos el pasado sábado por la noche en la Ciudad Deportiva. El Tribunal, encargado de evaluar las conductas de los socios y socias, tomará las decisiones correspondientes en pos de respetar la institucionalidad". El club admitió así que el episodio existió y que será investigado. Pero en Boedo la sensación es otra: que los problemas ya no son excepciones, sino parte de un patrón.
Detrás de la fiesta aparece un entramado que incomoda. La despedida estaba dedicada a la hija de Lorena Allioni, histórica referente de la facción La Butteler, fallecida años atrás. Su nombre, incluso, identifica uno de los predios del club. El vínculo más sensible, sin embargo, es otro: la cercanía con Christian "Sando" Evangelista, actual intendente del club y ex jefe de la barra. Padrino de la boda en cuestión, Evangelista fue durante años una figura central de la tribuna antes de saltar a la estructura formal de la institución. Aunque allegados aseguran que el espacio fue alquilado "bajo las normas vigentes" y que la presencia de estos actores fue breve, el daño ya estaba hecho.
Porque en San Lorenzo de Almagro el problema no es sólo lo que pasó, sino lo que representa. La escena fue y es elocuente: un equipo que no responde, un ciclo técnico que se agota, una economía en tensión y, ahora, un nuevo episodio que expone la convivencia entre la dirigencia y sectores que deberían estar al margen de la vida institucional. La despedida de soltera fue la chispa. Pero el incendio viene de antes. Hace tiempo que en Boedo se acumulan señales de desorden: decisiones erráticas, conflictos internos y una pérdida progresiva de autoridad. Cada episodio suma una capa más a una crisis que parece no tener fondo.

Lo que ocurrió parece un reflejo de un club donde las fronteras entre lo institucional, lo político y lo informal se vuelven difusas. Donde los espacios que deberían ser de pertenencia colectiva terminan siendo escenario de situaciones que erosionan la confianza de los socios. Y donde, mientras el equipo pierde en la cancha, la dirigencia también parece perder el control fuera de ella. En San Lorenzo de Almagro ya no se trata sólo de resultados. La sensación de que el club se está consumiendo.

