por Jimena Báez
23 Abril de 2026 13:56
No todos los finales se sienten como despedidas. Algunos tienen gusto a revancha, a capítulo inconcluso, a historia que todavía pide ser contada. Así se fue Martín Rodríguez de la casa de Gran Hermano: con la sensación de que su juego apenas asomaba y con una intensidad emocional que logró atravesar la pantalla y conectar con el público.
En una charla íntima con BigBang, el ex participante abrió su corazón sin filtros. Habló de su paso por la casa, de las decisiones que marcaron su salida, de su historia personal atravesada por el dolor, y de un futuro que imagina con revancha. Entre emociones, reflexiones y silencios que también dicen mucho, dejó al descubierto al Martín más genuino.

Apenas afuera, todavía con la adrenalina en el cuerpo, describió cómo transita estas primeras horas lejos del aislamiento: "Estoy muy bien, contento. Planificando el repechaje, volver a entrar. Estoy comiendo rico".
Su frase no es casual. Durante varias semanas dentro de la casa de Gran Hermano, la comida dejó de ser un detalle menor para convertirse en un factor clave de tensión. Entre sanciones del juego y pruebas semanales no superadas, los participantes tuvieron que arreglárselas con la mitad del presupuesto para las compras, e incluso atravesaron momentos en los que directamente se quedaron sin mercado.
Ese escenario no solo impactó en lo físico, sino que intensificó la convivencia: el hambre, la escasez y la necesidad de ingeniárselas para comer con lo poco que había terminaron exponiendo vínculos, desgastando estrategias y llevando al límite las emociones dentro de la casa.

Pero esa sonrisa inicial convive con el análisis frío del juego. Martín reconoció que algo quedó en pendientes, una estrategia que no llegó a mostrarse del todo: "Había una planificación hacia adelante, claramente me quedaron muchas cosas por hacer, por ejemplo, exponer un poco más mi juego. Yo lo planificaba un montón, lo compartía con mi equipo, pero no lo exponía desde mi lado", contó.
Con la honestidad de quien se revisa sin excusas, también admitió cuál fue, tal vez, su mayor error: "A priori, lo que ahora pienso es básicamente retrasar la muestra del juego, o sea, lo tenía que haber hecho más más explícito".
Mientras algunos piensan en Gran Hermano como un programa de estrategias, peleas y un premio millonario, tambien hay lugar para forjar intensos vínculos. Y en su paso por la casa hubo uno que lo atravesó por completo: su relación con Zilli.
Al recordarla quebrada tras su salida, la voz de Martín cambió: "Dolor por ella, dolor por mí también, que siento que no puedo evitar no sentir el dolor del otro. La verdad que me hubiera gustado quedarme hasta que se calme, poder abrazarla, poder contarla, como hice estos dos meses", dijo sobre la escena de la exvedette quebrada en llanto al ver que su compañero se iba.
"Su declaración de amor claramente a mí me llena de felicidad, y ojalá pueda entrar para estar con ella", dijo. Cuando intentó definir qué fue Zilli en su experiencia, eligió una palabra simple pero contundente: "Un sostén, una persona que todos los días con su caricia matutina, su mate matutino, el despertarse y verla, era una figura que me hacía bien".
Dentro de la casa había fuego, o eso al menos percibió el público. Sin embargo, nunca avanzaron y él, desde fuera del juego, deja la puerta entreabierta: "Creo que ninguno se le animó a un poquito más por ahora... Por ahora." Ante la posibilidad de que eso cambie, sonrió y esquivó: "No me quemés".

Pero si hay un momento que marcó su paso por la casa fue cuando habló de la pérdida de su hija, un dolor que no se explica, solo se siente. Martín recordó ese instante con crudeza: "Lo vibré así, honestamente no le meto cabeza a esas cosas, es emoción pura, imaginate que es el momento más duro de mi vida. Y nada, me vibró de esa manera y lo vibré así y salió de repente", dijo sobre su charla con Andrea Del Boca.
En las primeras semanas, el ex participante se sentó con la actriz y se abrió sobre su dura experiencia: "Llego a la clínica a tener a mi hija, primerizos los dos, no teníamos la más pálida idea", recordó. Luego, describió cómo la ilusión se transformó en tragedia cuando les hicieron una monitorización y recibieron la peor noticia: "No estaba, no había latido".
Además, explicó que el dolor se mezcló con la bronca cuando empezó a sospechar que hubo mala praxis. "Aparte, no fue colestasis. La colestasis es presión intrauterina, era una pastilla, y el médico lo que hizo... fue no medicarla, porque dijo: 'No, vos sos joven, debe ser que tenés que depilarte mejor los pelitos'".
Desde esa herida, Rodríguez también construye una mirada crítica sobre el sistema de salud: "Qué pregunta profunda", fue su primera impresión a la respuesta de qué debería cambiar dentro del sistema de salud para que otros no repitan esta historia.
Luego de unos minutos, pudo expresar lo que para él es una solución: "El sistema de salud debería obligar... quizás sería bueno que se hagan los estudios preventivos de manera obligatoria y sistémica, no sé si obligatorio es la palabra, pero sí que existiese cubierto por las prepagas, obras sociales y demás".
En ese recorrido emocional, Martín asegura que no salió igual a como entró: "Es el mismo Martín mejorado. ¿Por qué digo mejorado? Porque yo además de lo que fui a buscar adentro, que es un sueño, fui a tratar de seguir conociendo aquellas cosas que no me gustan de mí y poder controlarlo y mejorarlas, y lo logré".

Incluso describió lo que vivió puertas adentro como un estado casi olvidado: "Las primeras semanas me mantuve en emoción pura, y yo creo que el estado más lindo que puede tener una persona... Estuve quince días en un estado que hace muchísimos años que no he tenido".
No todo fue emoción. También hubo lucha. Hambre. Una sensación que lo llevó a un terreno muy personal: "La sensación de tener hambre. Uf, eso sí es difícil." Y profundizó que a pesar de que su cabeza le jugaba algunas malas pasadas, nunca pensó en abandonar: "No, nunca. Yo no estoy seteado para abandonar... cuando vos tuviste hambre de chico y te juraste nunca volver a pasarlo... tener la sensación de hambre... fue una lucha interna que tuve que entenderla, procesarla y llevarla adelante".

Finalmente, cuando mira hacia adelante, su respuesta es tan simple como reveladora: "Disfrutar, porque aprendí después de haber estado enfermo y después de tantas cosas que me fueron pasando, aprendí que la vida es un disfrute."
Martín Rodríguez no ganó Gran Hermano. Pero en su salida dejó algo más potente que cualquier estrategia: la certeza de que hay batallas que no se ven en cámara, decisiones que se juegan en silencio y dolores que, lejos de derrumbar, pueden convertirse en motor.

