27 Mayo de 2026 15:17
Bolivia atraviesa una de las crisis sociales y económicas más graves de los últimos años. A casi un mes del inicio de las protestas y bloqueos que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, el país quedó atrapado entre rutas cortadas, escasez de combustible, alimentos cada vez más caros y una tensión social que se siente en cada rincón de La Paz. La capital boliviana amaneció este miércoles con una postal inusual: calles vacías, estaciones de servicio sin combustible y miles de personas caminando bajo el frío andino porque el transporte público prácticamente desapareció.
Los choferes iniciaron un paro indefinido tras semanas de interminables filas para cargar diésel y nafta, mientras los bloqueos impiden el abastecimiento normal en gran parte del país. En el centro paceño, decenas de comerciantes informales marcharon con banderas blancas y bolivianas al grito de "Queremos trabajar" y "La gente humilde está cansada". Muchas de las manifestantes eran mujeres aimaras que recorrieron las inmediaciones de la plaza Murillo, epicentro del poder político, bajo un fuerte operativo policial.
La bronca ya no proviene solamente de los sectores que impulsan las protestas. Ahora también alcanza a trabajadores, vendedores ambulantes, transportistas y pequeños comerciantes que ven cómo sus ingresos desaparecen día tras día. "Nosotros vivimos al día. Si no trabajamos, no podemos llevar comida a nuestras casas", expresó Marco Ramos, integrante de un sindicato de transportistas que bloqueó la avenida 16 de Julio, una de las principales arterias de La Paz.
Las protestas, encabezadas por sectores campesinos aimaras, la Central Obrera Boliviana y grupos vinculados al ex presidente Evo Morales, comenzaron hace 21 días en La Paz, pero ya se expandieron a Oruro, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz y Chuquisaca. Los manifestantes acusan al gobierno de Paz de haber traicionado sus promesas y aplicar políticas económicas "neoliberales". De hecho, miles de camiones permanecen varados en rutas nacionales e internacionales, incluidas las conexiones hacia los puertos de Chile y Perú.

El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, aseguró que el país ya acumula más de 550 millones de dólares en exportaciones paralizadas y pérdidas cercanas a 60 millones diarios. La crisis golpea especialmente a los alimentos. En los mercados de La Paz, los puestos de carne y pollo lucen vacíos o con precios imposibles para gran parte de la población. El kilo de carne pasó de 45 a 75 bolivianos en pocas semanas, mientras un maple de 30 huevos ya cuesta hasta 70 bolivianos. "La gente pregunta precios y se va", lamentó Emilio Baltazar desde su carnicería en el mercado Rodríguez.
En Cochabamba, productores lecheros debieron salir a vender su mercadería en las calles porque los bloqueos les impiden trasladarla a otras regiones. Más de 300 camiones con alimento para ganado permanecen detenidos en las rutas, agravando la situación del sector agropecuario. Los horticultores y fruticultores también denuncian pérdidas masivas por la imposibilidad de distribuir sus productos. El panorama se vuelve todavía más dramático en hospitales y centros médicos de La Paz, El Alto y Oruro, donde ya comienzan a escasear insumos esenciales como el oxígeno medicinal.

El intento del gobierno de despejar las rutas mediante un operativo militar y policial terminó la semana pasada en violentos enfrentamientos y dejó al menos un muerto. Desde entonces, el presidente Paz volvió a convocar al diálogo, aunque descartó negociar con los sectores más radicalizados. Con más de 150 piquetes activos en todo el país y la economía al borde del colapso, Bolivia enfrenta horas decisivas.

