por Jimena Báez
27 Marzo de 2026 16:40
Hay decisiones que no se explican desde la lógica del juego, sino desde las grietas del alma. En la casa de Gran Hermano, donde todo se potencia y cada emoción se vuelve extrema, Jenny Mavinga eligió algo que pocos se animan: escucharse. En medio del ruido, del encierro y de las miradas, su salida no fue una derrota, sino un límite. Uno que se construyó con angustia, miedo y una necesidad urgente de volver a lo esencial: su cabeza, su paz y sus hijas.
En diálogo con BigBang, Mavinga habló a corazón abierto sobre su paso por la casa, el momento en que todo se quebró y la decisión más difícil de su vida reciente: abandonar el reality.

"Estoy bien, bien acompañada con Gaby (productora)", contó en sus primeras horas fuera del juego, todavía atravesada por la intensidad de lo vivido. Pero lo que parecía una decisión repentina, en realidad llevaba días gestándose en silencio.
"Lo que pasa que no es una decisión que tomé en el momento, yo la venía ya arrastrando hace días, tratando de decir que podía salir de eso, que no necesito irme de la casa, pero cada vez se me hacía más difícil de noche, más que de día, y como que la empecé a pasar mal. Mi cabeza me jugó en contra, y empecé a pensar más por mis hijas, que capaz estaban sufriendo bullying por lo que me estaban diciendo en la casa", relató.
Ese miedo, profundamente maternal, fue el punto de quiebre. Aunque todavía no pudo reencontrarse cara a cara con ellas, el contacto fue un alivio: "Con una llamada de video, todavía no las vi en persona. Me quedé más tranquila, y aparte no se enteraron de nada, eso también me gustó, me dio más tranquilidad porque mi miedo y lo que me llevó a todo esto fue pensar qué es lo que le puede pasar con todo lo que hablaba la casa, eso es lo que me llevó a colapsar".
Lejos de arrepentirse, Mavinga fue contundente sobre su salida, atravesada por un cuadro emocional límite: "No me arrepiento porque ya estaba mal, porque lo que me pasó no es físico, porque mi cuerpo quería quedar en la casa, pero mi cabeza ya no, porque el juego es el disfrute, no es sufrir. Yo estaba ya muy estresada, muy angustiada, y con ataques de pánico".
Y aunque dejó claro que priorizó su salud, no descarta una revancha: "No me arrepiento, pero si la producción me da una oportunidad, obviamente, después de estar bien psicológicamente y que se me vaya el ataque de pánico. Obviamente que me gustaría volver, porque la idea era ir a ganar, no ir y salir por la puerta giratoria".
Dentro de la casa, el acompañamiento profesional existía, pero no siempre alcanzó: "En la casa tenemos psicólogos 24 horas. Podés pedir cuando vos querés", contó y siguió: "Tenemos dos. De hecho, cada vez que quise, hablé con ellos, y mis compañeras del grupo también, Andrea Del Boca, Yipio, Daniela De Lucía, me ayudaron, pero antes de hablarlo con alguien me lo guarde para mí sola. Eso me consumió".

La salida de una compañera clave profundizó su aislamiento emocional: "Justo el día que yo quería hablar, fue que salió Andrea de la casa, porque estaba enferma y la única persona que tenía como confianza en sí, era ella, y cada día fueron sumando cosas, cosas, cosas, y no pude más".
Cuando la actriz regresó a la casa, Mavinga pudo por fin sacar lo que tenía adentro: "Cuando llegó Andrea, le hablé y le dije, 'no puedo más, me quiero ir', y me dice 'no te vas, acóstate a dormir y mañana vemos', y al día siguiente fue peor, tenía la cabeza quemada."
El conflicto dentro de la casa también tocó heridas profundas de su historia personal: "Lo que pasa es que Cinzia tocó una parte mía que sabía que no me gusta, la de la violencia, porque yo la viví. No era un cuento, yo la viví, sé lo que es la violencia", contó que su compañera utilizó su historia de vida para dar donde más le dolía.

Ese pasado, que la marcó desde la infancia, sigue siendo una herida sensible: "Es como descalificar, que soy una persona violenta, porque yo no soy persona violenta, yo viví eso. Querían usar esa parte que no era, pero lo que yo me empezó a jugar por como pensando cómo afuera, cómo queda mi hija. Y eso me daña, me daña más esa parte, cómo quedaría mi hija en eso".
Y también dejó ver un deseo que va más allá del juego: "Me encanta este mundo mediático. Me gustaría ser modelo, me gusta vestir, me gusta desfilar con ropa, me encanta todo esto de fotos, me gusta".
Una historia de vida que duele
Detrás de la participante hay una historia atravesada por la violencia y la ausencia, donde su tía la secuestró a los 7 años: "A mí me marcó mucho porque fue mi infancia, porque no pude, como cualquier niña, jugar. Fue al momento que una niña forma sus sentimientos".
Mavinga usó todo ese dolor para transformarse en la mujer que es hoy: "Y a mí me marcó mucho porque crecí sin amor familiar, yo era huérfana... de todos. Siempre decía, 'un día voy a crecer y nadie me va a pegar, y yo voy a hacer lo que yo quiero'. Y esa niña creció, se transformó la mujer que soy".
"Hoy no quiero despertarme y que me caguen a palos, o que te digan que 'sos inservible', 'no sos nada y nunca va a ser nada'. Por eso es que mis hijas tienen una madre muy sobreprotectora, porque es una prioridad", dijo y siguió: "Y me dice la mujer fuerte que no depende de nadie, estoy casada, sí, pero yo tengo mi negocio, lo puse a funcionar para que poder darle comida a mis hijos, comprarle ropa, vivir bien; no espero nada de nadie y, cuando veo una persona que quiere arruinarme, me hace acordar a todo eso... Es feo lo que yo viví."
Frente a quienes la acusaron de victimizarse, fue clara: "No soy una persona que busca ser víctima ni me victimizo para nada, de hecho, cuando me fui de la casa, les dije a todos que no me sacó nadie, mi cabeza me ganó", dijo en claro.
Confesionario BBN
— Fue muy visto lo que pasó con Carmiña Masi. No quiero repetir lo que te dijo, pero ayer te lo mostraron. Vos hasta el momento no habías visto las imágenes de ella diciéndote las cosas que dijo a tus espaldas. ¿Qué te generó al ver las imágenes por primera vez?
— Me causó una sensación, no de enojo, como de decir pobrecita. Porque miro mucho la expresión de la persona cuando me habla para entender si me está dando por bien o por mal. Si vos miraste la expresión de ella, no está hablando en chiste, sino que habla de parte del odio, como que tiene odio, tiene un problema ella.

— ¿Y creés que fue genuina al pedirte disculpas o que lo hizo más para quedar bien con él afuera?
— Creo que la hizo para quedar bien, porque a mí me explicó una cosa, en el video vi otra cosa, no tiene nada que ver con lo que me dijo, y también, una cosa que dijo que yo jugaba con ella a eso, jamás yo jugaba con ella a eso.
— ¿Estás dispuesta igual a tomar un café con ella?
— Sí, estoy dispuesta a tomar café con ella, cerveza, lo que ella quiera. Porque no hay problema, con eso mostró lo que es, y queda en ella.

— Si la tendrías hoy cara a cara, ¿Qué le dirías?
— Cara a cara, no le voy a preguntar por qué lo hizo, solamente le voy a decir que trate de ser ella, hacer cosas que le guste, que se quiera, más que nada, porque parece que lo que a ella le molesta es la seguridad que tiene otros.
Jenny Mavinga salió de la casa más famosa del país sin valijas llenas de estrategias, pero con algo mucho más difícil de sostener: honestidad brutal con ella misma. En un juego que premia la resistencia, eligió frenar. Y en esa decisión, lejos de perder, dejó expuesto algo que no siempre se ve en televisión: que a veces, la verdadera fortaleza no está en quedarse, sino en saber irse.

