18 Marzo de 2026 14:31
La polémica por los vuelos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, no solo dejó al descubierto el uso de recursos públicos bajo sospecha. También funcionó como catalizador de una interna que el Gobierno venía administrando en silencio y que ahora empieza a aflorar con mayor intensidad. En la superficie, la escena fue de manual: respaldo cerrado del oficialismo, mensajes coordinados en redes sociales y una narrativa que apuntó contra "operaciones mediáticas". El propio presidente, Javier Milei, salió a defender a su funcionario con un argumento técnico: "Si supieran el concepto de costo marginal...", escribió, en un intento por desactivar la polémica.

Sin embargo, lo que más ruido hizo no fue lo que se dijo, sino lo que no. La ausencia de un mensaje propio por parte de Patricia Bullrich -quien se limitó a replicar el posteo presidencial- encendió alarmas dentro del oficialismo. En un Gobierno donde la lealtad se mide también en términos de exposición pública, el silencio fue leído como un gesto político. "El silencio también habla", deslizaron en los pasillos de la Casa Rosada a la agencia Noticias Argentinas.
Y agregaron, con tono crítico: "Aparentemente, primero está la política y después las personas". La incomodidad se amplificó con otro gesto: la presencia de la exministra en el festival Lollapalooza en medio del escándalo. "No fue la mejor decisión mostrarse... mientras estábamos dando la cara", cuestionaron desde el propio oficialismo. La escena, en apariencia menor, dejó al descubierto algo más profundo: la existencia de agendas divergentes dentro del espacio libertario.
Detrás del episodio emerge la reconfiguración del llamado "Triángulo de Hierro", el núcleo de poder que integran Karina Milei, el asesor Santiago Caputo y el propio Presidente. Lejos de la imagen de cohesión monolítica, las tensiones internas se multiplican. Tras los últimos cambios en el Gabinete, Karina Milei avanzó sobre áreas que hasta ahora orbitaban bajo la influencia de Caputo, especialmente en el Ministerio de Justicia.

Con la salida de piezas clave y la incorporación de funcionarios propios, la secretaria general consolidó su peso en al menos cuatro ministerios: Seguridad, Defensa, Interior y Justicia. A eso se suma el control del armado partidario de La Libertad Avanza. "Está atenta a todas las áreas", reconocen en su entorno. Y anticipan: "Algunos nuevos cambios se van a venir. Hay gente que no entiende cómo funciona el poder". La frase es, en sí misma, una advertencia.
Mientras tanto, Caputo mantiene influencia en sectores estratégicos como Salud y áreas clave de Economía, en sintonía con el ministro Luis Caputo. El resto del Gabinete se reparte en un delicado equilibrio de lealtades, afinidades y pragmatismo. En ese esquema, cada crisis funciona como una prueba de fuerzas. La polémica por Adorni no fue la excepción. Aunque el respaldo público fue casi unánime -con figuras como Martín Menem, Sandra Pettovello y Luis Petri alineándose rápidamente-, en los pasillos se multiplicaron las sospechas de "fuego amigo" en la filtración del caso.
Algunos sectores incluso deslizan responsabilidades externas, apuntando a la Policía de Seguridad Aeroportuaria y a supuestas influencias del ex candidato presidencial Sergio Massa. Pero puertas adentro, la desconfianza ya está instalada. La disputa no es solo por el presente. Es, sobre todo, por el futuro. Con la mira puesta en las elecciones de 2027, la definición de candidaturas -especialmente en la Ciudad de Buenos Aires- aparece como el verdadero trasfondo de la interna.

Allí, el oficialismo buscará consolidarse y disputarle el territorio al PRO. En ese tablero, tanto Bullrich como Adorni emergen como posibles figuras competitivas. Y cada movimiento, cada silencio, cada gesto público empieza a leerse en clave electoral. Las reuniones de "mesa política" retomadas en Casa Rosada son parte de ese reordenamiento. Aunque oficialmente se habla de "buen clima", lo cierto es que los temas incómodos ya están sobre la mesa. Lo cierto es que la defensa cerrada a Adorni buscó transmitir fortaleza. Pero, paradójicamente, terminó exponiendo fragilidades. Porque detrás de los tuits, las fotos y los mensajes de apoyo, lo que quedó en evidencia es un oficialismo atravesado por tensiones, con liderazgos en disputa y un esquema de poder en plena reconfiguración.

