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Bien de Minitah

Ellos también se arrepienten: famosos que se deshicieron de sus tatuajes

Algunos mantuvieron los nombres de sus amores en sus pieles durante años, pero un día el sentimiento terminó, ¡y los tatuajes seguían ahí!. Otros padecieron un impulso adolescente y la madurez les acercó otras ideas estéticas. Como sea, ellos también pasaron por el “¡Dios! ¿qué me hice?”. 

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El amor es ciego, sí. Pero más ciego aun es aquel que, por enamorado, no comprende que un buen día todo puede terminar, y decide tatuarse el nombre de su pareja. A veces sutilmente, y otras, en lugares visibles, o en letras bien grandes. A cualquiera le puede pasar, está claro, pero por algún motivo, nos gusta que también les pase a ellos, los famosos. Aquí una selección de casos de “afamados arrepentidos” para que, antes de ir al tattoo estudio, lo pienses un poco mejor que ellos.  

De allá:
Angelina Jolie: obvio que sabía que un día se separaría y no le importó

El amor entre ellos fue intenso, rebelde, fulminante. Angelina y Billy Bob Thornton se casaron en mayo de 2000 en una ceremonia tan íntima y sencilla, que sólo les hizo falta vestir unos jeans para darse el sí quiero. Junto a su marido y a su hijo Maddox, la actriz parecía haber logrado formar una familia estable y feliz, pero en 2003 la noticia de la separación de la pareja, una de las más excéntricas del mundo del espectáculo, acaparó las portadas de los periódicos. Ella decidió borrar todas las huellas de él en su vida, incluido el tatuaje con el nombre de él en su brazo izquierdo, que con tanto orgullo había mostrado al mundo. En su lugar, hoy están las latitudes de los lugares en los que nacieron sus hijos.

Britney Spears: no está bueno tatuarse si estás usando drogas
La otrora princesa del pop mundial tiene varios tatuajes de dudoso gusto en su haber. Uno de ellos es un hada bastante mal hecha en los comienzos de su cola, un par de dados rosa en una de sus muñecas (que Kevin Federline, su ex esposo, tenía en color celeste en el mismo lugar), y esta leyenda en hebreo en su nuca que, afortunadamente, decidió borrar, al igual que esos dados locochones.

 

 

Melanie Grifith: te entendemos, ¡Antonio Banderas es un bombón!
La pareja de actores convivió durante 1996 y 2014, pero un día dijeron ´basta´, firmaron los papeles de divorcio y pusieron a la venta la casa familiar, pero Mel tuvo un “trámite aparte”: remover el tattoo en el que se leía el nombre del que fue su marido durante casi veinte años. ¡Bendito láser!

 

 

Marc Anthony: las mujeres no somos las únicas pavotas
En febrero de 2004, Marco Antonio Muñiz Rivera recibió un pedido de su amiga Jennifer López que le pedía ayuda para producir la canción “Sway” para la banda sonora de la película “Shall we dance?. Se enamoraron, y para junio de 2004 ya habían contraído matrimonio. Con la misma impulsividad con la que se casaron, él se tatuó el nombre de ella en su muñeca derecha, en letras románticas. En noviembre de 2007 JLo y Marc confirmaron oficialmente que estaban esperando gemelos. En abril de 2012 se separaron, y él hizo lo que pudo con su body art: mandó arabescos, la salida más habitual para este tipo de situaciones de emergencia dérmica.

 

De acá:

Sebastián Ortega, el que no aprende más
Es el gran cultor de la onda tattoo en Argentina, y gran parte de los diseños que lleva en su cuerpo son obra de Fernando Colombo, el tattoo star nacional por excelencia. Estuvo casado con la modelo Guillermina Valdés, la madre de sus tres hijos, y el nombre de ella reposaba tranquilo en la antesala superior de una de sus manos, bien bien a la vista. La cosa un día terminó y el tatuaje fue tapado como la conciencia lo pide, y como cualquier futura novia exigiría: sin dejar rastros. Luego llegó a su vida otra modelo, Ivana Figueiras. Cabeza dura él, volvió a plasmar el nombre de su compañera con tinta indeleble. Ese amor ya es parte de la historia e Ivana acaba de tener un hijo con otro. Sebas, anotate esta: el amor es eterno, ¡mientras dure!

 

Agustina Kämpfer: los tatuajes adolescentes tienen fecha de caducidad
La periodista tiene varios diseños en su haber, y algunos de ellos esconden otros dibujos debajo. En el tobillo interno izquierdo luce una virgen de Guadalupe, en honor a los dos años que vivió en México y que ella describe como los más felices de su vida. Debajo de la Lupita está el símbolo del planeta Urano. Se lo hizo algunos años antes que la virgen pero nunca le gustó el resultado final. En su muñeca izquierda ostenta una bella rosa roja con la palabra Oma -abuelita en alemán- que cubre un tatuaje dedicado a la misma persona pero no tan femenino: una especie de cruz de malta, con letras más grandes, en imprenta. Lo que Agustina prefirió no tapar y en cambio borrar definitivamente fue su primer tatuaje: un sol, parecido al de las monedas de un peso. Se lo hizo a los 18 años, y hace un tiempo compartió en las redes una foto del doloroso proceso de rayos láser al que se sometió para borrarlo definitivamente.

 

Andrea Rincón, impulso a flor de piel
El romance entre la modelo y actriz con el cantante Ale Sergi fue pura turbulencia, como casi todo en el pasado de ella. Se conocieron y se enamoraron de manera inmediata, al punto en que en un viaje ambos plasmaron sus pieles: él se tatuó Andrea en el pecho a la altura del corazón, y ella, un dulce Ale en el cuello, detrás de su oreja derecha. Fueron, vinieron, se comprometieron, se descomprometieron, y ahora Rincón enterró ese furor en el pasado con una flor de loto turquesa sobre los destellos del nombre del artista. ¡Y chau, picho!