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Actualidad De lanchero a padre del mejor

El hombre que vio patear por primera vez a Maradona

Había nacido en Corrientes. A los 27 años se radicó en Villa Fiorito y cumplió el sueño de tener una familia. Días de pobreza, ilusiones y sacrificio. Don Diego vivió con intensidad la gloria y el abismo de su hijo.

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“Ya me despedí, lo abracé y lo besé”, había dicho Diego cuando volvió al país por la internación de su padre. Hoy se ha quedado un poco más solo. Una parte de su vida, desde su infancia hasta sus momentos felices y sus desdichas, se fueron con su padre, que murió hoy a los 87 años. 

Don Diego Maradona -Don Chitoro para su círculo íntimo- estaba internado en Los Arcos desde el 1 de junio, pero arrastraba varios antecedentes de internación. El 22 de diciembre de 2004, el padre del astro había ingresado a la Clínica Sacre Coeur -donde lo trataban habitualmente por sus afecciones cardíacas- después de sufrir un problema de presión.

Don Diego había nacido en Corrientes. Pero en 1955 se radicó en Villa Fiorito. Llegó con una mano atrás y otra adelante. Se casó con Dalma Franco, Doña Tota, y tuvo ocho hijos: Ana María, Rita -Kitti-, y Elsa –le dicen Lili-, María Rosa (Mary), Diego, Raúl (Lalo), Hugo y Claudia (Cali).

Diego con sus padres, cuando estaba por alcanzar la gloria.

Don Diego fue el primero en ver patear a su hijo. Pasaba horas con él en el potrero y llegó a dirigir el equipo Estrella Roja. Siempre hizo changas y hubo días en los que en su casa no había nada para comer.

Su hijo comenzó a jugar con una pelota vieja. 

Vivió con intensidad la gloria y el abismo de su hijo. Lloró de alegría y de tristeza. “Fue el hombre más bueno que conocí en mi vida”, confesó Diego una vez.

Durante toda esta década, Don Diego debió ser atendido varias veces. En octubre de 2014 también lo habían trasladado a Los Arcos. Luego de varios rumores, se confirmó que se trataba de una neumonía. “No es depresión. Es la edad, está muy grande, está viejo. Está enfermo, está grande, nada más”, dijo entonces Lalo Maradona.

En esa oportunidad, Diego había viajado desde Dubai para estar cerca de la familia. Los médicos controlaron la neumonía el 10 de octubre de 2014 y más tarde lograron estabilizar sus valores. Por esos días, el clan Maradona confirmaba que Don Diego estaba de muy buen humor.

El papá del astro también había sido noticia por el incendio accidental que atravesó su casa de Villa Devoto el 25 de julio de 2014. Ese día, los bomberos controlaron con rapidez un siniestro que empezó en la planta baja del edificio. Don Diego, que estaba en la parte alta, no sufrió heridas.

UNA RELACIÓN INDESTRUCTIBLE

Don Diego mantuvo un vínculo potente con su hijo, a quien defendió durante toda su carrera. Fue un protagonista silencioso pero imprescindible en la carrera del jugador más querido por los argentinos. Todos los días lo llevaba en colectivo desde la casa de Villa Fiorito (Lomas de Zamora) hasta el estadio de madera de Argentinos Juniors, en La Paternal.

El padre del jugador era uno de los que estaba en los tablones aquella tarde mágica del 20 de octubre de 1976, cuando todavía no había cumplido 16 y “Pelusa” saltó a la cancha con la 16 en la espalda, para empezar a cambiar la historia del fútbol mundial.

“Es un hijo excelente, especial. No puedo decir nada de él”, lo había elogiado en 2014, después de pasar las fiestas juntos. Además sentía un amor especial hacia sus nietas. En 1997, cuando fue a ver el debut de Dalma en el teatro, estaba exultante. De saco y corbata, compartió su alegría ante los medios.

Una de las pocas excepciones fue en mayo de 2013, cuando el padre del ex futbolista se lamentó de que "cuando vivía la madre, sí venía. Pero no se dignó a venir por acá todavía. No sé lo que le pasa a él".

​A diferencia de su hijo, Don Diego siempre mantuvo una excelente relación con Verónica Ojeda, su ex suegra. “Cuando voy a verla, siempre está alegre”, contaba Don Diego.

Doña Tota, su compañera de toda la vida, también había muerto en Los Arcos. A Dalma Salvadora Franco la venció una falla cardíaca el 19 de noviembre de 2011, a los 81 años. Los dos eran de Esquina (Corrientes) y habían pasado toda su vida juntos. Ahora, Diego se quedó un poco más solo. Murió su infancia.