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Llorar la verguenza

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La vergüenza, termino interesante que suele dar cabida a todo tipo de conductas con tal de no vernos expuestos. Desde quedarnos paralizados, escondernos, victimizarnos hasta acciones agresivas y violentas.

En todo ser humano cohabita lo público, lo privado y lo secreto. Es potestad de cada individuo que espacios, vivencias o circunstancias coloca en cada uno de estos niveles; considerando que en ello se ve involucrado nuestra percepción de  vida y cultura. Lo que puede ser considerado público para una persona, puede ser interpretado o situado en los niveles de privado y secreto para otras y así las posibles combinaciones. Es necesario destacar dos conceptos muy importantes porque en el sentir de quien atraviesa o experimenta esta situación, su intensidad y valoración es distinta.  La vergüenza implica una respuesta de índole moral, mientras que la ignominia define la respuesta a algo que puede ser moralmente neutro pero socialmente inaceptable.

Utilicemos como ejemplo a Andreina. Su actividad profesional es sustentada como actriz de cine porno, su desempeño laboral para muchos tocas niveles privados y secretos, no obstante cuando usted acude al cine a ver una película de este tipo o cargada de gran erotismo, ubicado en el nivel público para quien lo ejecuta pero en ocasiones despierta vergüenza para quien observa y puede terminar cuestionando su aceptación. Veamos otro ejemplo:

Ismael y Paula, una pareja que ve su vida sexual divulgada por fuga de un video en las redes sociales. Moralmente puede ser discutido o no las imágenes observadas pero muchos no compartirán la realización del video en sí teniendo relaciones sexuales.

Carlos Eduardo, vicepresidente de una trasnacional, casado con hijos mantiene una relación extraconyugal de varios años, obviamente reservado al ámbito secreto. Al ser descubierto y señalado lo que culturalmente ya viene con una carga de disculpa por ser hombre; se enfrenta a un mundo al que seguramente llegó a cuestionar la moralidad y la falta de reserva a otros en su entorno.

Ante actos que hacen sentir vergüenza, bien por conductas abiertamente asumidas o por secretos develados, recordemos muy bien que la misma sociedad o comunidad que condena está plagada de personas que ambicionan vivir o atreverse de tener experiencias similares. Unas desearan experimentar el placer de Andreina, otros tener una pareja que acepte filmarse mientras desinhibidamente tienen sexo y otros ser Carlos Eduardo a pesar de la complejidad que implica.

Ahora bien, que espacios considerados secretos en nuestra vida, pasen abruptamente al manejo público sin consentirlo; sin duda lacera profundamente  y la vergüenza se va apoderando minando nuestra seguridad sobre todo dentro de las personas más cercanas a nuestro entorno. Llorar nuestra vergüenza es de alguna forma reconocer su existencia, darle espacio en nuestra vida y el peso o la responsabilidad que se tiene por su aparición. Es hacerse eco de que esa situación pasará y que el sentirse avergonzado ira disminuyendo considerablemente, aunque es posible que no desaparezca en su totalidad pues se ha convertido en una herida.

El no concentrarse en los hechos acaecidos, resguardarse un poco e incorporarse a actividades que nutran y fortalezcan es lo mejor en estos casos. Tratar con un terapeuta de confianza que apoye en evaluar la situación desde distintos puntos de vista y permitir que el tiempo se convierta en uno de los mejores aliados. Pasaremos de la rabia a la autoacusación al autodesprecio y todo eso estará dentro de la normalidad. Hay que vivir el proceso y enfrentar el daño ocasionado intencionalmente. Pero recuerda no hay nada malo en ti y no coloques tu valoración en función a lo que los demás juzguen por un acto en específico, de lo contrario estarías vulnerando tu seguridad.