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Simplificando los problemas

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Recordando la expresión “El problema no es el problema si no lo que piensas acerca del problema” sabias palabras en el sentido de qué hacer con lo que sucede y desde donde lo abordamos. La visión personal, la disposición a aprender la lección que encierra lo que acontece, la convicción de que poseemos los recursos para llevar adelante las distintas situaciones. El accionar con el miedo y la incertidumbre a cuestas, asumir responsabilidades sobre los hechos y mi lema de vida “Si te das el permiso todo puede ser más simple” es lo que para mí representa toda una actitud que simplifica el manejo de los desafíos.

En una oportunidad leí, que todo acontecimiento está compuesto por un 50% de lo que interpretamos y otro 50% sobre el que no tenemos idea pero del que emitimos juicios con gran convencimiento. Las dificultades que se presentan conllevan una energía vibratoria, alinearse con la energía vibratoria de la solución y no con la del problema debe ser uno de nuestros objetivos. Por otro lado si comenzamos a dar pequeños pasos orientados a creer que el calificativo de problema tiene que ver con una percepción personal estaremos aligerando el camino, no antes sin enfrentarnos con la tendencia que tenemos los seres humanos de idealizar que la mejor vida es la que no transita por ningún tipo de altibajo. Pretendemos permanecer dentro de la burbuja de lo seguro y  lo garantizado, negándonos a lo que implica riesgo, y eso es una forma de negarse a vivir. Deseamos formulas y tips inmediatos que nos permitan resolver los problemas con el menor esfuerzo y la menor incomodidad posible, pretendiendo que el aprendizaje llegue vía matrix como la película o con una píldora.

Entendamos entonces que la actitud  y la interpretación que asumamos en un contexto mental, físico y emocional ante los desafíos, definitivamente hará una beneficiosa diferencia con respecto a lo que se presente y su magnitud, más la apertura necesaria para una expansión inevitable.

Poseemos habilidades y capacidad de respuestas inimaginables prestas a aflorar. Aturdirnos, caer en estados de ansiedad, girar en un mismo punto, dramatizar, apresurar soluciones y desenlaces representan opciones de gran desgaste y seguramente nos alejen de los que nos conviene para la rectificación del escenario presente, llegando a niveles de estrés inmanejables hasta enfermarnos. Darnos el permiso de tranquilizarnos, confiar, dejar de lado las expectativas, aceptar los acontecimientos tal cual se presentan, nos permitirá explorar elecciones y espacios no considerados. La cultura a la que pertenecemos nos ha sumergido e incentiva un constante hacer y el solicitar apoyo usualmente no está dentro de nuestra consideración.  Tratar resolver a gran velocidad sin comprender el para qué de los sucesos solo nos anestesia y nos da la imaginaria sensación de que han sido solventados.

La vida está presta a colaborarnos constantemente, pero nos requiere que asumamos responsabilidades, que imprimamos calma y que demos el primer paso hacia la aceptación y coherencia para mostrarnos lo que nos conviene. Les aseguro, como refiere mi otro lema de vida “la vida siempre sabe más” y confiar en ella regala un confortable convencimiento de que ésta nunca se equivoca.

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