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Se acabó el misterio. 10 cosas que creíamos reales, hasta hoy

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Existen diferentes mitos o creencias que son aceptadas desde hace años como reales, incluso algunas personas llegan a defender cabalmente la veracidad de algunas afirmaciónes hasta hoy incuestionables. Lo cierto es que la ciencia avanza, los mitos se caen, los argumentos "porque sí" o "siempre fue así" ya no son (por suerte) aceptados con tanta firmeza. 

Es hora de que conozcas 10 afirmaciones que seguramente te contaron como reales pero... NO LO SON. 

1. El alcohol te da calor.

Beber alcohol puede hacer que la piel se sienta más caliente, pero este calor aparente puede ser muy engañoso. Lo cierto es que el alcohol reduce la temperatura corporal al dilatar los vasos sanguíneos y haciendo que las venas bombeen sangre caliente cerca de la piel. Pero este proceso hace que se pierda el calor central. Por lo tanto, tomar una cerveza en invierno puede darte calor inmediato, ¡pero no te durará demasiado!

2. Es necesario cubrirse la cabeza para mantener el calor corporal y "no tener frio"

Nuestros padres siempre nos imponían el clásico "no salgas al frio sin un gorro" porque se creía que el calor corporal se nos "escaparía" por la cabeza. Pero la ciencia no apoya esta teoría. Una publicación del British Medical Journal de 2008 asegura que solo perdemos 7-10% del calor por la cabeza. De hecho, perdemos calor por cualquier parte del cuerpo que no esté cubierta, y eso incluye mano y pies.

3. Clásica de madres a sus hijas: "No salgas con el pelo mojado" nos decían, pero....

No existe relación alguna entre salir con el pelo mojado y enfermarse. Seguramente te de más frío si no te secas el pelo antes de salir, pero no te enfermarás. La gripe y los resfríos se generan por virus, no por baja temperatura.

4. Solo usamos el 10% de nuestro cerebro. 

Aquellos días en los que no recuerdas un nombre o un número de teléfono, es tentador tener más capacidad de almacenamiento. El problema es que ya lo estamos usando todo, pero no todo a la vez, como afirma la doctora Marie Pasinski, neuróloga del Massachusetts General Hospital, miembro del profesorado de la Escuela de Medicina de Harvard y autora de “Beautiful Brain, Beautiful You” (Hyperion, 2010). "Piensa que el cerebro es como una computadora con programas especiales y software que permite que hagamos una amplia variedad de cosas", dice Pasinski. No siempre usamos todas las aplicaciones a la vez. Cuando nos enfocamos en una función en particular, las partes dedicadas a esa función se vuelven más activas

5. El color rojo hace enfurecer a los toros. 

No, no y no. Los toros son daltónicos, y, en realidad, es el movimiento lo que les molesta tanto.

6. Otra de las clásicas en una dieta: El pan negro es mejor que el blanco.

El pan de supermercado puede que no siempre sea tan saludable como dice ser. El color marrón puede ser un colorante o que le rociaron un poco de salvado. Busca las marcas que digan que es integral, ya que así te asegurarás de que el pan tenga salvado, endospermo y germen, los componentes del grano entero de trigo.

7. La banana crece de un árbol. 

El banano NO es un árbol, es de hecho una hierba perenne de gran tamaño (la planta herbácea más grande). Planta, no árbol, ahora podemos presumir sobre ello.!! 

8. Uno de la abuela, jamás, por nada del mundo despiertes un sonámbulo. 

¿Sabías que hasta 40% de los niños son sonámbulos pero lo superan con la edad? Un consejo que la mayoría de nosotros escuchó es que no hay que despertar a una persona que camina dormida porque podría entrar en shock. Esto no es cierto. Despertar a un sonámbulo solo hará que la persona se sienta confundida o que sienta un poco de vergüenza.

9. El pelo y las uñas crecen cuando morimos. 

Este aterrador y desagradable mito también es falso. Lo que sucede en realidad es que la piel se contrae a medida que el cadáver se deshidrata, lo que hace que las uñas y el pelo parezcan más largos.

10. Los vegetales frescos son mejores que los congelados. 

Varios estudios aseguran que las verduras y frutas congeladas pueden ser tan nutritivas como las frescas. Según los investigadores, los vegetales comienzan a perder nutrientes desde que se los cosecha y, para cuando llegan a las tiendas, ya perdieron un gran porcentaje de su valor nutricional. Por otro lado, los vegetales congelados se procesan inmediatamente después de la cosecha, por lo que conservan mejor sus nutrientes.