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Bien de Minitah

Tocs de Minitah #LasLocasQue ResuelvenTodo

La modalidad de la mujer multitask va en aumento; es aquella que resuelve los problemas propios y ya que está, los ajenos también. Pero, ¿cuál es el costo y cuál el beneficio para quienes son de esta manera?

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Pretender resolver cualquier cosa es un verdadero problema. No se puede estar en todas. El ideal de bondad, generosidad, o la filantropía 24 x 7 puede ser fantástico (sobre todo para los beneficiarios), pero no lo es tanto cuando se convierte en una demanda interna, o cuando no deja espacio para otras cuestiones.

 

Estar disponible para los demás es de lo más lindo del mundo, pero si en ello se disuelve el tiempo para descansar, o para depilarse, o para tomar un mate mirando la nada, ¡no da!

El peor de todos los males, para estas peculiares personitas, es el adelantamiento al pedido: corren a hacer aquello que los otros ni saben que necesitan, pero que ellas, “de copadísimas”, sí saben. Así, nunca surge espacio para que los demás aprendan a pedir y disfruten de la solución. Otra característica de las resolvedoras profesionales es que nunca piden nada, o casi nada. Para #LasLocasQueResuelvenTodo no hay imposibles a la hora de solucionar. Van solas al médico, organizan mudanzas mejor que nadie, siempre tienen el teléfono de un plomero, albañil, dentista, osteópata, masajista, en fin, de lo que haga falta. Y si no lo tienen lo consiguen, ¡obvio!

 

La psicóloga y astróloga May De Chiara recomienda hacerse algunas preguntas para saber por qué una mujer pretende solucionar todo a su alrededor.

¿De qué estás escapando? ¿De vos?

¿Quién es esa niña necesitada que estás atendiendo afuera, y no dentro tuyo?

¿Cuánto afecto garantizás tener siendo de esa manera?

¿Sabías que el control es una ilusión, que trata de engañar a tus miedos?

¿Qué pasa si paras, si esperás, si recibís? ¿Con qué te conecta? ¿Vacío, soledad, angustia?

 

Querer abarcarlo todo tiene algún que otro pro y muchas contras, que sólo se ven en el momento en que el cuerpo dice ¡basta!, y un buen día salta la térmica. Y cuando eso sucede, alrededor todos siguen reclamando atención, mimos, comida, tareas, ropa limpia, gauchadas, teléfono de la veterinaria y delivery de sushi.

Para terminar, May nos cuenta que “hacer mucho es tan nocivo como no hacer nada. Dar y recibir tienen que estar en equilibrio; ser mujer es saber dar y saber recibir. Debemos aceptar nuestro aspecto materno dador y nuestro aspecto femenino receptivo. Entre tanto movimiento hay cosas que no ves, que no registras. Y ahí, perdés”. Hermosas palabras…