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Por todo el cuerpo

Primer tattoo: los sí, los no, y los pensalo bien

Para elegir el diseño, hay que chequear los out totales: tribales, vaquitas de San Antonio, alambres de púa, delfines, duendes, definitivamente no. ¡Son muy 90s! Parecen stickers. Todo lo demás depende de tu historia, tu imaginación y tus deseos.

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Arrancó tímidamente allá por los fines de los 90’s: acá, pocos se animaban. Letras chinas, dibujos tribales, rosas, algún osado se hacía un dragón o una serpiente. Fue creciendo hasta convertirse en casi una obsesión y una tendencia: pintarse el cuerpo para la eternidad divide las aguas entre los que sí y los que no. Antes era transgresor sólo por ser un tatuaje. Hoy, es habitual.

Para arrancar con el primero, hay que evaluar varios aspectos y posibilidades. Con quién tatuarse, el umbral de dolor y entre nosotras, claramente, en qué parte del cuerpo.

Tomando en cuenta, como dice la artista tatuadora Débora Tomé, que el dolor es relativo en cada persona, algunos se tatúan la misma zona pero sufren de diferente manera. Existen zonas muy sensibles en general, como las costillas, columna y hombros. Pero si aun así las elegís, la piel se va acostumbrando y entrando en calor, por lo que podés probar con uno mediano o chico.

Hoy, lo más in es el watercolor, la técnica del acuarelado. Quedan alucinantes, son verdaderas obras de acuarela en la piel y en muchos casos tienen un realismo arrollador. Efectos de pincelada, trazos similares a los que dejaría un cepillo o un pincel, manchas y salpicaduras de pintura y muchos otros efectos clásicos de las obras con acuarela. El uso de los colores es muy delicado, rico y variado. Animate a esos, quedan geniales.

A la hora de elegir en qué parte del cuerpo… Pooor favorrr evitá el hada en el pubis, la rosa en el escote profundo, el trébol en el cachete de la cola. Todo eso pierde forma con los años y es totalmente no sexy y out. ¿Dónde sí? Baja espalda (sublime, si te lo bancás); interior de la muñeca, tobillo, cuello y nuca, pantorrilla externa. Si te copan tus brazos, en la zona exterior del tríceps queda fabuloso. La cara, es un no definitivo. Los hombros, faro sensual del cuerpo femenino, también son terreno atractivo.

¿Hadas? ¡Ni se te ocurra!

Una vez que te decidís a pedir un turno, tres inevitables a tener en cuenta:

Elegí el diseño con la convicción de que sea representativo. “Un tattoo es un compromiso. Con los años las modas pasan y si bien hoy se puede tapar casi todo, nunca queda como sobre piel virgen”, dice la artista tatuadora Debora Tomé. “En el rubro nombres… vos decidís si tatuarte el nombre de tu novio/a. Tené presente que es para toda la vida.”

Una vez pensado el diseño, buscá al artista que mejor trabaje en el campo del estilo elegido. Además de chequear las imágenes de su trabajo, preguntale todo lo que te genere dudas: si usa descartables, la calidad de las tintas, o comunicale si tenes alergias. Andá a tatuarte con algún bocado en el estómago, y llevate gaseosa o caramelos si sos de baja presión. ¡No te hagas la canchera que es un plomo para todos que te desmayes!

A la hora de elegir en qué parte del cuerpo… Pooor favorrr evitá el hada en el pubis, la rosa en el escote profundo, el trébol en el cachete de la cola. Todo eso pierde forma con los años y es totalmente no sexy y out. 

Una vez tatuada, mucha atención a los cuidados que te explique el artista. Más  que nada para que no se infecte, que es lo más peligroso. Tatuarse en pleno verano es riesgoso, por el fuerte calor o por el sol, que puede ampollar. Y te aviso que entrarás en un viaje de ida, sin retorno. Te hacés uno y querés hacerte mil. El arte que portarás encima para siempre marcará tu halo, como tu perfume.