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Vida Cotidiana

Las 6 mejores películas cortavenas

Las pelis “de llorar” no son patrimonio exclusivo femenino, pero nos atrapan mucho más que a los varones. Si andás con cierta tendencia melancoloide, acá un listado de amores no correspondidos, conflictos existenciales o maravillosas fotografías de las relaciones humanas que pueden dejarte a moco tendido.

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The way we were (1973). También conocida como Nuestros años felices. En plena década del ’30, Barbara Streisand es Katie y en la universidad conoce a Hubbel, el caramelo de Robert Redford. Ella es inteligente e idealista; él es guapo, gracioso, y quiere ser escritor. Se enamoran pero no funciona, son muy diferentes y no se ven más. Años después se reencuentran, ya casados con otros, sabiendo que nunca han dejado de amarse. Ella lo despide en la calle, le acomoda el pelo y le dice “trae alguna vez a tu chica a tomar un trago” y él le responde “no podría”… Olvidate, mirala con máscara waterproof sí o sí.

Última nieve de primavera (1973). Después de la muerte de su mamá, Luca tiene problemas con su padre, porque no acepta su nueva relación y porque le dedica demasiado tiempo a su trabajo. Para recuperar el afecto de su hijo, el hombre decide llevarlo a esquiar. Pasan momentos felices hasta que a Luca le diagnostican leucemia. De vuelta en casa, el chico va empeorando hasta morir en brazos del padre. Si no llorás, sos de cartapesta.

La historia sin fin (1984). Linda para ver con niños y que testeen el arte de las pelis de los ´80.  Escondido en el desván de su colegio, Sebastián devora un libro, homónimo al film, que relata la paulatina destrucción del Reino de Fantasía. Hay una escena en que Atrax, el caballo-mejor amigo del protagonista, se hunde en un pantano, presa de la tristeza. Provoca llantos inconsolables en niños, madres y estatuas.

El caballito se hunde en la ciénaga y estallamos en llanto inconsolable.

Los puentes de Madison (1995). Dirigida y actuada por Clint Eastwood, Meryl Streep es Francesca, ama de casa en cualquier pueblito, casada, que se queda sola mientras su familia sale de viaje. Conoce a Robert (un Clint de rechupete) y se enamoran, mientras ella se empacha de libertad. Viven un apasionado romance. La escena en que ella, bajo la lluvia, lo ve partir tras decidir permanecer junto a su marido, hace que estalles en sollozos mientras buscás desesperada el teléfono de ese morocho que conociste en la fila del banco hace dos años y medio, no sea cosa que sea el amor de tu vida y te lo estás perdiendo por miedosa.

El gran pez (2003). Otro cine conmovedor, sin golpes bajos, pero que te hace llorar a mares. Es la historia de Edward Bloom (Albert Finney), un hombre con una asombrosa capacidad para relatar historias de su vida, pero con detalles que superan los límites de la realidad. Su hijo es un periodista que no lo comprende. Las fabulosas historias de Bloom encantan a todos, con excepción de él. Hasta que en una escena, el hijo descubre la magia de su padre, y… ¡listo, a usar pañuelitos de papel!

Las pelis “de llorar” no son patrimonio exclusivo femenino, pero nos atrapan mucho más que a los varones.

 

Diario de una pasión (2004). En 1940, Noha y Allie se enamoran durante el caliente verano en la feria del pueblo. Él es un simple leñador y los padres de ella no lo quieren nada. Ella se muda y se casa con otro. Mucho después se reencuentran, pero (¡obvio!) la historia es imposible. Todo es narrado en off por parte un amable hombre a una mujer que sufre de Alzheimer, y a medida que avanza la narración, la señora empieza a recuperar la memoria… y a darse cuenta de que esa historia es, nada más y nada menos, que la de ella. Sí, sí, sí, andá buscando consuelo, nomás.