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#ElStyleIconDeMinitah: Farrah Fawcet (1947-2009)

Ícono de los ´70, todos los varones de la época colgaron su famoso póster en enteriza roja en la pared de su cuarto. Incluso Tony Manero, el alter ego de Jhon Travolta en el film “Fiebre de Sábado por la Noche”, le dedicaba su amor antes de dormir.

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De aquél póster fueron vendidas 12 millones de copias en todo el mundo. Farrah, con su atlética figura, sex appeal y, lo más importante, ¡el look de su pelo! Todas querían el “peinado Farrah”, creado originalmente por el estilista Allen Edwards, y copiado por miles de mujeres en el mundo.

Primero modelo y luego actriz, a fines de los ´60 abandonó la universidad para debutar en el cine  de la mano del director francés Claude Lelouch. Para entonces conoció a Lee Majors, el famoso y veloz Hombre Nuclear de la serie, y el matrimonio duró hasta 1973, dejándole a Farrah la herencia del apellido compuesto. Luego fue pareja de Ryan O’Neal, la decadente figura sexy masculina de los ´70, con quien tuvo un hijo.

Farrah cortando el pastel d ebodas con El Hombre Nuclear.

Pero su salto a la fama se produjo con su personaje de Jill Munroe en la exitosa serie de TV Los Ángeles de Charlie. Allí lucía su fresco y sonriente rostro, y de los tres ángeles encarnaba a la “rubia tonta atrapahombres”.

La rubia del medio y del medio televisivo.

La serie, producida por ABC entre 1976 y 1981, fue un fenómeno catalogado por los críticos como “T & A TV”, una abreviatura inglesa para “televisión de tetas y culos”. “Cuando éramos número tres pensé que era por nuestras actuaciones. Cuando llegamos al número uno decidí que era porque no usábamos corpiño”, declaró la rubia. Y fue esa liberación mamaria , lo que le agregaba un plus de sexy irreverente. También impuso los jeans bien ajustados y de tiro alto con blusas de manga mariposa. Andaba en skate, usaba pata de elefante y plataformas.

En 1978 causó furor cuando se presentó en la entrega de los Oscars con un vestido dorado de caída lánguida y super sensual, diseñado por Stephen Burrows, que sólo a ella le quedaba bien, con su cuerpazo sin imperfecciones.  

Ser como Farrah se convirtió en obsesión. Las morochas querían ser rubias, las rubias más rubias y las blancas, tener un bronceado californiano. Cuando estuvo en la cresta de la ola, dio un golpe de timón y quiso ser una actriz de verdad con papeles desgarradores e intensos. Finalmente se deshizo de la tonta de Jill y filmó, en 1977, Alguien mató a su marido. La crítica la destruyó. Hizo otro intento fallido con la clase B Cannonball en 1981, pero fue en Acorralada (1986) donde dejó claro que podía protagonizar un drama, el de una mujer violada y desprotegida por el sistema judicial.

Su vida dio un vuelco cuando enfermó de cáncer de ano. De espíritu indomable, a su lado estuvieron su amiga Alana Stewart y Ryan O’Neal. Tal vez su rol más memorable fue el documental producido por NBC sobre su enfermedad, Story of Farrah, producido por ella misma y con una cámara casera, donde relata todo el periplo de la enfermedad y la entereza con que enfrentó la muerte. Según Farrah, “el cáncer es una enfermedad misteriosa, testaruda y no tiene reglas”.

Su velorio fue en la más estricta intimidad y la prensa estaba distraída con otra celebrity que pasaba a mejor vida: gracias a una nefasta coincidencia, la rubia murió el mismo día que Michael Jackson. Cosas de un Thriller.