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Actualidad La confesión de Maradona en su libro

"Mi viejo es la persona más buena que conocí en toda mi vida"

En su autobiografía “Yo soy el Diego (de la gente)” -escrito por los periodistas Daniel Arcucci y Ernesto Cherquis Bialo- habla de su papá Don Diego. Pobreza, días de pesca, infancia y el vértigo de la gloria.

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Lanchero correntino:

“(...) ¿Cómo no iba a entender a mi viejo si se deslomaba para que pudiéramos comer y estudiar? Eso era lo que él quería, que estudiara. Claro, él había a llegado a Fiorito desde Corrientes por el año ´55. Después que la Tota, eso sí. En Esquina se había quedando esperando novedades mi viejo con Rita, mi otra hermana, y mamá Dora, mi abuela, un fenómeno. Allá era lanchero, trabajaba para Don Lupo, Guadalupe Galarza: en barquitos llevaba animales a las islas y volvían a buscarlos cuando llegaba la creciente para llevarlos otra vez a los campos”.

Llegó desde Corrientes en 1955 y se instaló en Villa Fiorito, donde nació El Pelusa. 

Pesca, asado y fútbol

“Vivía en el río, conocía todos sus secretos. Y todavía los conoce. Allá tenía muchas de las cosas que le gustaban, cosas que compartimos todavía: pesca, asado y fútbol (...). Nunca nadie hará un asado más rico que el de mi viejo. 

En Fiorito:

“Según me contaron siempre, jugaba realmente bien al fútbol, le pegaba como una mula. La cosa es que cuando la Tota lo llamó se largó para Buenos Aires a conseguir un trabajo. Lo consiguió...Bueno, eso de trabajo es un decir: en la molienda Tritumol laburaba desde las cuatro de la mañana hasta las tres de la tarde”. 

Daniel Arcucci y los Maradona. Es el periodista que escribió la biografía del Diez. 

Zapatillas:

“Había que laburar mucho para alimentar tantas bocas. Había que laburar mucho y mi viejo se mataba. Por eso yo trataba de hacer las menos cagadas posibles, pero...A veces mi viejo cobraba y me compraba zapatillas y yo las rompía enseguida porque jugaba a la pelota todo el día. ¡Era para llorar! Y en realidad llorábamos, porque encima de que se rompían mi viejo nos fajaba. Pero ojo, no lo cuento para recriminarle...Eran otros tiempos y eran otras costumbres...¡Mi viejo no tenía tiempo de hablarme! Mi viejo no tenía tiempo para decirme ‘Vení que te quiero explicar esto’. Mi viejo tenía que dormir aunque sea un ratito para ir al otro día a las cuatro de la mañana a la fábrica, porque si no se pudría todo en casa y no había para comer”.

“Si mi viejo no iba a la fábrica se pudría todo porque no había para comer”, recuerda Diego. 

Cielo

“Es el día de hoy que reconozco a mi viejo, a Don Diego, como la persona más buena que conocí en mi vida y, repito, para ellos, para él y para Doña Tota, si me piden el cielo se los doy”.

“A ellos, a don Diego y Doña Tota, si me piden el cielo se lo doy”.

La Mano de Dios:

“Cuando yo vi que el juez corría para el centro de la cancha, encaré para el lugar de la tribuna donde estaban mi papá y mi suegro, para gritárselo a ellos...¡Mi viejo había sacado medio cuerpo afuera, convencido de que yo había hecho el gol de cabeza!”

 

Primera operación:

Cuando Andoni Goicoechea fracturó a Diego en un Barcelona- Athletic de Bilbao tuvo que ser operado. Era la primera que ingresaba a un quirófano. Así lo recuerda: “Me dolía...¡Cómo me dolía! Era la primera vez en mi vida que entraba en un quirófano, y cuando desperté, lo primero que hice fue preguntar por mi papá, porque lo había visto muy preocupado, más que yo”.