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Van a sonar aplausos para todos hoy

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Un tipo con un tatuaje del Indio en el antebrazo se queja a la salida.

-Si no es un despelote no vale.

Ni por asomo se asemeja ese embudo a los de Junín, Gualeguaychú, Salta, Mendoza, Tandil. No hay parangón, pero hay quienes se quejan.

En lo alto, las letras indican bien: Luna Park. El Indio Solari sigue facturando aun sin la necesidad de irrumpir en escenarios. Y la cofradía, inextinguible, marca tarjeta. Porque el entorno se traduce en un ritual redondo a pequeñísima escala. En alguna plaza cercana hay carnaval ricotero. Se intenta encender el fuego de una misa que no es tal cosa, que ni siquiera llega a parecerse. Pero ahí están: unos pocos que bancan la parada y abrigan las calles de Buenos Aires bajo un manto oscuro y noventoso.

Adentro, las voces no callan. Y las súplicas para que se vuelvan a juntar (ruegos cada vez más sepultados) germinan como ilusiones ficticias en cantos estériles. Mueren las luces. Se enciende la pantalla y emerge el Indio, algo más jovial y enérgico, en La Plata 2008.

La abstinencia se calma por algo más de dos horas. Sinergia. Extenso repertorio de Porco Rex. Suficientes acordes épicos. Jijiji se pone en marcha y el pogo más gigantesco del universo queda a cargo de un minúsculo grupo selecto. No se ha perdido la esencia.

Afuera, la desconcentración es fluida pero a paso lento. Y por eso el ricotero con un tatuaje del Indio en el antebrazo se queja y sacude a modo irónico:

-Si no es un despelote no vale.

Hay certezas y eso sí vale y vale mucho: habrá más y nuevo rocanrol del país en 2016. Y todo estará muy Shangai. Y el Indio rugirá en vivo. Y verá sus banderas ondeando, luzca el sol o no.