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Felices mientras podamos Juntos pero no amontonados

Los 4 puntos que no podés obviar si estás por convivir

Que la pasión te acelere los tiempos es tan normal como que la cosa no funcione. Pero si estás atravesando un brote de racionalidad y pensás que está bueno meditarlo un poco: ¡bravo!

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En los 80’s, el increíble Woody Allen formó pareja con la flacucha de Mia Farrow y tomaron una decisión: no pondrían el gancho en ningún papel y vivirían en casas separadas. Así encarnaron el nuevo símbolo de la familia, lejos de la casita tradicional. Mostraban cómo ser felices y tener hijos sin necesidad de convivencia, eso que muchas veces arrasa con todo resto de felicidad a su paso. Igual todo fue un escándalo entre ellos, pero más por los perversos y poco moderados instintos de Woody que por el fracaso de la innovadora fórmula.

En los primeros tiempos de una relación suele ser muy fuerte el deseo de compartir todo con el otro y después de un tiempo los traslados resultan incómodos, los planes a futuro quedan cortos, y todo parece unir las vidas bajo un mismo techo. Pero antes de tamaña decisión hay que hacerse algunas preguntas. Y claro, responderlas con honestidad brutal para evitar que alguien salga herido. Aquí, algunos temas de conversación a proponer antes de darle (o que te den) las lleves, o de alquilar juntos.

Compartir es… ¡compartir!

Si querés mudarte con el otro porque sentís que “es así como son las cosas siempre”, o porque al otro lo hace feliz, estas parada en la vereda del error: no alcanza. Convivir es, primero que nada, ceder. Ceder espacios, tiempos, costumbres (de las que pueden molestar al otro), y muchas cosas más se resignan. Aunque tengan casa grande, para esto no hay escapatoria. Si sos hija única, pensalo varias veces.

 

¿Te gusta estar con tu pareja por períodos largos?

Chequeá si sentís impaciencia, irritación, mal humor. ¿Te divertís? Si bien la convivencia no significa estar todo el tiempo juntos, la presencia del otro es constante. Aunque no sea todo color de rosas, debe ser más placentero que no placentero.

Rutinas y estilos de vida

Si madrugás, te gusta salir a correr, no fumás y te acostas temprano, fijate qué pasa con el otro si parece que se levanta al mediodía, no almuerza otra cosa que no sea la pizza de anoche, hace caca con la puerta del baño entornada y escucha música al palo. Todo es conversable, si de querer al otro se trata. Generar espacios y ritmos cotidianos que nos organicen para no querer partirle un plato en la cabeza al otro, es sano.

 

Tema económico

Cuentas claras conservan amistades y parejas que conviven. No viene nada mal hacer una lista -si querés por escrito- de quién y cómo se harán cargo de los gastos comunes. Calculen cuáles son, cuáles agregarán al convivir, y si uno tiene un poder adquisitivo menor que el otro, equilibren en consecuencia. Puede ser algo incómoda la charla, pero trae tranquilidad y previsión a futuro.

Y una vez instalados, aceptalo como es (¡no trates de cambiarlo!). Pasen tiempos solos y nunca, pero nunca, dejes de demostrarle amor -y esperá lo mismo de parte de él-. Seguramente, si lo elegís para convivir, el sexo con él te vuelve loca. Incorporá las mañanas, o sorprendelo mientras se lava los dientes con una sesión de sexo oral previa a salir al trabajo. La convivencia, si llega, tiene que ser para avivar el fuego, no para apagarlo de un zapatazo de rutina.