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Mundo Corredor de la muerte de Texas

El drama del argentino condenado a muerte que enfrenta al Papa con Estados Unidos

Francisco reza por él, pero el Gobierno de Trump ordenaría una nueva ejecución. Cómo vive Víctor Saldaño, preso por un crimen a sangre fría.

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“Si habré rezado por ese cordobesito. Sigan luchando porque es lo que corresponde”, dijo en febrero de 2014 el Papa Francisco mientras le daba sus manos a Lidia Guerrero, que lo había visitado en el Vaticano. Desde hace 19 años, la mujer lucha por salvar la vida de su hijo Víctor Saldaño, el único argentino condenado a muerte. Está en la cárcel de Texas y sus días estarían contados.

Saldaño, que lleva 21 años en el "corredor de la muerte" de Texas, no será trasladado a un psiquiátrico, según revela La Nación. Su abogado, Juan Carlos Vega, dijo que los Estados Unidos no tiene intención de cumplir con el pedido de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que pidió que se le conmute la condena y sea trasladado a un pabellón psiquiático. En breve, los Estados Unidos volvería a ordenar la ejecución y pondría una fecha.

Saldaño llegó a pedir que lo ejecutaran. 

El viernes, en Washington, hubo una audiencia convocada por la CIDH para monitorear los avances a partir de su informe emitido del 10 de diciembre pasado. Fueron Vega y dos abogados del Departamento de Estado.

"Reiteraron en su vieja defensa de que el sistema judicial tiene capacidad para corregir sus errores. No lo dicen abiertamente, pero no van a cumplir la sentencia de la comisión. Se resisten a aceptar que la CIDH dicte normas", dijo Vega a La Nación. Está claro que en la era de Donald Trump, ningún preso condenado a muerte encontrará la salvación.

A sangre fría

Saldaño está preso por haber matado de cinco balazos al vendedor de computadoras Paul Ray King, de 46 años. El crimen ocurrió el 25 de noviembre de 1995 en el estacionamiento de un supermercado en Plano, un suburbio de Dallas. El cordobés actuó con un cómplice (el mexicano Jorge Chávez) y el botín sólo incluyó 50 dólares y un reloj de plástico. Cuando fue detenido, Saldaño confesó todo a la Policía.

Por el encierro, Saldaño tiene problemas mentales. Foto: Revista Viva.

"El Caso Saldaño está en la agenda del Papa. Junto con Lidia Guerrero nos reunimos dos veces con Francisco  y él tuvo la generosidad de recibirnos. Él se interesó mucho en el tema y me pidió expresamente que lo mantenga al tanto del caso", dijo Juan Carlos Vega.

Francisco recibe a Lidia Guerrero, la madre de Saldaño.

“Está cada vez más desmejorado. Me duele en el alma no poder abrazarlo nunca porque en las visitas siempre nos separaba un vidrio. Antes él quería que lo mataran, pero ahora cambió de opinión porque me vio a mí y eso le dio una esperanza”, dijo Lidia Guerrero a BigBang.

Guerrero no pretende que su hijo sea liberado. Pide que no lo condenen a muerte. Además de que le mejoren las condiciones de detención. Saldaño, que lleva 21 años en el temible corredor de la muerte, sufre el síndrome del animal enjaulado en un zoológico: camina de un lado a otro hasta caer agotado en su pequeña celda. Viste uniforme blanco y no tiene ningún privilegio. Nadie los tiene en ese lugar que generó escalofríos en Dick y Perry, los asesinos que retrató Truman Capote en “A sangre fría”.

Antecedentes

En 1996, un jurado de Texas lo condenó a la pena de muerte. El fallo se basó en el dictamen discriminatorio de un perito psiquiátrico, quien dijo que Saldaño era proclive a reincidir porque así lo demostraban las estadísticas entre los presos latinos. Por ese acto racista, la Corte Suprema Federal estadounidense anuló el fallo y ordenó un nuevo juicio. Por eso, en 2004 Saldaño fue condenado a pena de muerte otra vez.

En 2010, el gobierno de Barack Obama aceptó el pedido cursado por Héctor Timerman (actual Canciller) cuando era embajador en los Estados Unidos: el reclamo logró que la condena se suspendiera mientras se analizaba otra vez el caso. Los argumentos de la defensa de Saldaño es que los años que lleva en el corredor de la muerte equivalen a varias penas de muerte.