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Barreda en Tigre: entre los escraches y los pedidos de autógrafos

El múltiple femicida salió en libertad a fin de año y ahora vive en la humilde casa de un amigo en Tigre. Quiénes lo odian y sus insólitos admiradores.

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El femicida múltiple Ricardo Barreda, que en 1992 mató a toda su familia en La Plata, vive días extraños. Entre la escandalosa e insólita admiración de hombres que les piden autógrafos o se quieren sacar fotos con él, hasta el repudio de algunos de sus nuevos vecinos, que planean escraches al asesino.

El ex odontólogo vive en la casa de un amigo en Troncos del Talar, Tigre, donde fijó domicilio para la libertad condicional que le fue otorgada al borde de fin de año. 

Barreda hoy, en una foto que le sacó el diario Perfil.

En libertad

Barreda pasó fin de año en libertad. La Sala I de la Cámara Penal le otorgó la libertad condicional al odontólogo que el 15 de noviembre de 1992 mató a escopetazos en La Plata a su esposa, sus dos hijas y su suegra. Estaba preso en la cárcel de Olmos después de que tuviera problemas de convivencia con su novia Berta André, que murió este año.

Barreda tiene 80 años. “Va a vivir en la provincia de Buenos Aires, no diremos dónde para evitar el asedio periodístico”, dijo su abogado Eduardo Gutiérrez. Barreda estuvo preso un año. Para liberarlo, la Justicia le había pedido que presentara a una persona como garantía para que lo alojara en su casa.

La casa de Barreda en La Plata será un centro contra la violencia de género.

Nueva vida

Pero en una nota de Cecilia Di Lodovico en el diario Perfil reveló dónde vive Barreda. BigBang pudo saber que un grupo de vecinos lo escrachó y una agrupación feminista planea hacer una manifestación en la puerta de la casa. “Increíblemente, hay gente que lo saluda o le pide autógrafos. Eso pasó siempre con Barreda, incluso lo llamaban para preguntarle si iba a volver a ser odontólogo porque había gente que quería atenderse con él”, dijo un vecino.

La concejala Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa y referente nacional del Frente Renovador en políticas de género, sostuvo que “es una aberración que un femicida quede libre. Barreda es un asesino aunque el humor machista lo haya convertido en héroe. Tanto logramos avanzar en nuestro municipio durante los últimos años en materia de protección de la mujer, con programas de prevención y de asistencia, que esta decisión de la Justicia es un paso en falso. Los vecinos tenemos derecho a saber qué motivó al juez a premiar y liberar a un criminal, y qué garantías nos brinda de que Barreda no es una amenaza para la sociedad”. 

No se sabe dónde vivirá Barreda. Quizá sea en La Plata.

 Su relación con Berta

“El viejito es gruñón pero en el fondo es un tierno incurable, es un niño en cuerpo de viejo”, dijo una vez Berta “Pochi” André. Ricardo Barreda, por entonces su novio, no la miró: prefirió darle de comer a sus dos cotorras y hablar con ellas. Durante siete años, “Pochi” convivió en su departamento de Belgrano con el odontólogo que mató a su familia. Lo conoció en la cárcel y en 2008, cuando él salió en libertad, lo llevó a su casa. Hace ocho meses lo acusó de maltratarla (le decía “Chochán”) y el femicida volvió a la cárcel. Berta murió en julio, a los 78 años. 

“Es una aberración que un femicida quede libre

Berta y Barreda, en la playa. Les gustaba irse de vacaciones a Mar del Plata. Foto: Revista Gente.

Berta murió en un geriátrico de San Martín, según informó el periodista Mauro Szeta en C5N. La mujer, una docente jubilada que recorría las cárceles por su perfil solidario, sufría una enfermedad neurológica progresiva. Gracias a ella, Barreda pudo vivir una impensada segunda vida: salía a pasear por Belgrano, firmaba autógrafos a algunos hombres y hasta hubo mujeres que se sacaron fotos con él, como si fuera una celebridad. En sus caminatas hablaba con sus vecinos, se subía al subte o al colectivo, iba al cine, al zoológico. Mirar jirafas y elefantes lo relajaba. Pero la relación con Berta fue rompiéndose poco a poco, aunque por momentos parecía olvidar que el hombre que dormía a su lado, el que la criticaba porque engordaba y se la pasaba hablando de malas noticias, el que le decía chochán y la creía incapaz de entender una película de Woody Allen, había matado con frialdad a cuatro mujeres.

También gracias a Berta volvió a la cárcel: por una denuncia suya, Barreda volvió a estar preso el 22 de diciembre de 2014, cuando el juez platense Raúl Dalto le revocó la libertad condicional por considerar que era “peligroso” que la mujer viviera con el múltiple homicida. 

Berta y Barreda, en el departamento de Belgrano. Foto: Rodolfo Palacios.

Extraña pareja

Berta pasó los años que vivió con Barreda en su propio mundo, supuestamente enamorada de un hombre odiado por la mayoría de las mujeres. Un hombre que luchó en vano para recuperar la casa de La Plata donde las mató. Su fantasía era vivir en ese lugar: volver a ejercer como dentista, salir a pasear en el mismo Falcon verde con el que se deshizo de la escopeta. Cocinar en la misma cocina donde empezó su cacería mortal. Quería ser el mismo que vivió en esa casona en 1992. El mismo, pero sin ellas. 

Barreda no se quedó solo. A los pocos meses de estar en la cárcel, una mujer llamada Yolanda le propuso llevarlo a vivir a su casa, como había hecho Berta. Pero la Justicia lo rechazó. 

Barreda le decía Chochán. Para la Justicia, era peligroso que siguiera viviendo con Berta.

Tristeza

Barreda, que cuando murió Berta estaba preso en La Plata, recibió la noticia mientras tomaba mate. La mujer que lo rescató del infierno de la cárcel había muerto. La última vez que se vieron, ella le dijo entre lágrimas que no quería verlo nunca más. Cumplió con su palabra. Ahora Barreda trata de vivir su “tercera” vida.