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Política Biografía

Scioli, el motonauta que sueña con la presidencia

Su familia financió parte de la campaña de Alfonsín, en ‘83. Licenciado recibido este año, sienta en la mesa de su casa de La Ñata a Karina Rabolini y a la madre de su hija Lorena, Margarita Beltrán. De los paseos por los estudios y camarines de Canal 9, en su juventud, hasta las gobernación y el sueño con el Sillón de Rivadavia. 

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La elección del color naranja en la vida de Daniel Scioli no es una casualidad. Viene de muchos años atrás. Sus compañeros de la Escuela de Comercio Carlos Pellegrini comenzaban a desaparecer sin causas razonables más que la militancia política, cuando River, la contra de su Boca Juniors, salía campeón, tras 18 años de sequía.

El legendario Fiat IAVA, similar al que Scioli manejaba para ir al colegio secundario.

Corrían los años previos al golpe de Estado de 1976 cuando Daniel Scioli, un adolescente a punto de llegar a los 18 años, llegaba al “Pelle” a bordo de un Fiat IAVA azulado, con una franja naranja que lo atravesaba. Allí se recibió de Perito Mercantil.

Alumno del Carlos Pellegrini. 

Scioli vivió por esos días una de las angustias que lo marcaron. Su hermano José “Pepe” Scioli, que hoy trabaja a su lado, había sido secuestrado por un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), a pocas cuadras de su casa de Haedo. Ya entonces, su padre, José Osvaldo Scioli, era un próspero empresario, y las organizaciones armadas necesitaban dinero fresco para financiarse. 

Su padre se había separado de su madre María Esther. Sin embargo nada de eso impidió que los domingos toda la familia -José, su padre, la nueva mujer de éste, Liliana Neumann, el hijo de ambos, Nicolás, y los mayores Pepe y Daniel- compartieran la pasta con estofado. Algo que años después el actual candidato a presidente repetiría con sus mujeres.

Aquel mismo color naranja, fue el distintivo que decoró todas las lanchas con las que compitió, desde la primera “Semillita XIX”, hasta “La Gran Argentina”, con la que consiguió su fama de múltiple campeón de la motonáutica. Y todo gracias a las cámaras de Canal 9, que daban en directo, las carreras en las que competía el hijo de José, y socio del dueño del canal, Alejandro Romay.

Los pagarés de Casa Scioli hoy son un objeto de culto y se venden en Mercado Libre.

Esa fue la fama que lo llevó a la política. Aunque la política ya había ingresado en su familia. Fue cuando antes de la campaña presidencial del ‘83, su padre, a esa altura dueño de Casa Scioli, una red de locales de electrodomésticos, había decidido financiar parte de la carrera presidencial de Raúl Alfonsín. Aunque, su pasatiempo preferido era permanecer rondando estudios y camarines del Canal, donde conoció a la entonces variopinta farándula local. El naranja volvería a aparecer en su vida, elegido para los hechos trascendentes.

Scioli y Karina Rabolini cocinando una paella en su casa de Villa La Ñata.

Y por la motonáutica, la noche, y las mujeres dejó la carrera de Comercialización, en la UADE, y le dio el primer disgusto a su padre. Aunque aquella vieja deuda, la saldó este año. Con la candidatura presidencial sobre los hombros, decidió retomar la carrera, no sin polémica. Tras 25 años de largar los estudios, la facultad le reconoció las materias aprobadas por entonces.

Y así fue como rindió libre las siete materias restantes y el lunes 5 de octubre de este año, defendió su tesis sobre una empresa quebrada. Igual que la empresa familar. Fue sobre el Caso Durax, se sacó un 7 y saldo aquella vieja deuda con su padre José.

El mensaje de Scioli a su padre, tras defender la tesis y recibirse de Licenciado.

Hacia finales del 89, invitó a un viejo conocido, el por entonces flamante presidente Carlos Menem a que fuera su copiloto en la carrera de “Los 1000 kilómetros del Delta”. Obviamente, el riojano participó.

Pero un día después, el 3 de diciembre de ese año, una ola agarró a su lancha desprevenida, que se dio vuelta en el delta causándole el grave accidente en el que perdió su brazo derecho. La gloria deportiva lo encontraría con una prótesis, que reemplaza a su brazo derecho y que lo hace viajar anualmente a Italia, por controles médicos.

Menem, flamante presidente, acompaña como copiloto a Scioli, en diciembre de 1989.

Antes de cumplirse 10 años de aquella tragedia, durante un verano de 1997, la por entonces secretaria de la Función Pública, Claudia Bello. lo convenció de militar en el peronismo.

Bello se lo propuso a Menem, que buscaba otra cara conocida para encabezar la lista de diputados del PJ porteño. La leyenda cuenta que Scioli le dijo a Menem: “Quiero ir a las internas, no me gusta que regalen nada”. Todo se realizó contra reloj. La afiliación al partido, la presentación, la interna que ganó y la campaña para esa elección legislativa. Finalmente el motonauta obtuvo su banca de diputado y el PJ porteño una aceptable performance electoral: casi 20%.

Scioli asume como diputado (1997), junto al radical Terragno y el peronista Mouriño.

Como legislador Scioli tuvo asistencia perfecta. Presentó 140 proyectos casi todos de reconocimiento s o de homenajes a figuras del deporte o artistas populares. También desde allí tramitó subsidios para las Obras Sociales y Pymes. Y cosechó una íntima relación con los empresarios de la CAME (Cámara Empresaria de Medianas Empresas), que su padre fundó y donde estaban todos los amigos de su familia.

El cierre de campaña de Scioli para diputado, en 1997:

En la banca de la cámara de Diputados lo encontró la crisis de 2001 y la sucesión de los cinco presidentes hasta el arribo de Eduardo Duhalde a la presidencia, su viejo compañero de ajedrez. Pero antes daría uno de sus pasos más importantes.

Ocurrió cuando, tras la salida de Fernando De la Rúa de la Casa de Gobierno, el gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, fue elegido por la Asamblea legislativa para completar el mandato. El día que el puntano se puso la banda, Scioli como otros diputados y senadores, lo fue a saludar al Salón Gris del Senado.

Diciembre de 2001, Rodríguez Saá renuncia. Scioli llevo el texto a Buenos Aires.

“Lo felicito, cuente conmigo para lo que sea”, le dijo Scioli. “Me encantaría, ¿Qué te gustaría?”, dicen que le preguntó “el Adolfo”. Scioli respondió que lo de él era el turismo y el deporte, ya que presidía esa comisión. “Entonces te ofrezco ser mi secretario de Turismo y Deporte”.

Pocos días después el flamante secretario, volvía a bordo del Tango 03 desde San Luis, solo acompañado por el edecán, el capitán de Fragata Nadale, y llevando en el bolsillo de su saco la renuncia del presidente que se sintió abandonado por sus pares del PJ y los gobernadores. La única figura conocida en aquella memorable renuncia televisada por Cadena Nacional fue Daniel Scioli.

Luego vendría la etapa de Duhalde, que lo mantuvo en el cargo, a pesar de sus visitas a la quinta de Armando Gostanián, ex titular de la Casa de la Moneda menemista, en Don Torcuato, donde el ex presidente Menem purgaba su prisión domiciliaria por la Causa Armas.

Scioli, escolta a Menem, un día antes de ir preso por la Causa Armas:

“Soy el primero al que le van a pegar una patada en el c...”, cuentan que Scioli le dijo a un secretario. Pero Duhalde barrió con todo el gabinete, menos con él que permaneció en el cargo.

Una tarde en la que estaba en La Rioja, por temas de su secretaría, debió llamarlo a Duhalde para consultarlo: “Acá está Menem y no sé que hacer: si ir a saludarlo o no”, pregunto Scioli. Finalmente se ganó su confianza, a tal punto que era número puesto para competir por la jefatura de gobierno porteño en las elecciones de 2003.

Duhalde y Scioli se hicieron amigos y comenzaron a tener confianza jugando al ajedrez.

Pero su destino cambió cuando ningún peronista quiso asumir la candidatura presidencial que Duhalde le ofreció, al menos, a tres gobernadores que la rechazaron. Finalmente, Scioli fue el compañero de fórmula de Néstor Kirchner, el único que se entusiasmó con el ofrecimiento.

Y los problemas con los Kirchner comenzaron de entrada. Poco tiempo después de asumir, en ese convulsionado 2003, Scioli se presentó en el Coloquio de IDEA y dijo, delante del establishment, que había que descongelar las tarifas. En las mesas lo aplaudieron, pero en la Casa Rosada eso no cayó nada bien. Y Néstor Kirchner lo congeló en el Senado.

Scioli y su hija Lorena, a quien reconoció a los 16 años, fruto de su relación con Margarita Beltrán.

Dos años después, le tocó el turno a Cristina, que ocupaba una banca en el senado, y lo confrontó en plena sesión del cuerpo por algunos trascendidos que salían de su oficina de prensa. Debió sacrificar a algunos colaboradores. Sin embargo, los Kirchner siempre tuvieron en claro, a pesar de lo que ellos pensaran, Scioli les garantizaba votos. Y así fue que, tras finalizar su mandato como vice, lo ungieron como el candidato a la gobernación bonaerense.

Scioli ganó la provincia, bien controlado por su vice, Alberto Balestrini, y Cristina-Julio Cobos, la presidencia. Eran tiempos de la transversalidad.

Scioli asume la gobernación en La Plata junto a Néstor Kirchner.

Después vendría, en 2008, la larga confrontación entre el gobierno y el campo por las retenciones a las exportaciones. Tiempos de cortes de rutas y piquetes en todo el país, y la ruptura definitiva de relaciones de los Kirchner contra el Grupo Clarín.

Scioli, que tenía las rutas de su provincia  de Buenos Aires inundada de piquetes, intentó ser un equilibrista en aquella batalla que no admitía tibieza.

El búnker de Villa La Ñata es todo el terreno a la izquierda de la casa que se ve en la esquina.

Se lo recordaron, los propios Kirchner, desde los escenarios montados primero, en la Plaza de Mayo, y más tarde en la Plaza de los Dos Congresos. Querían que el gobernador bonaerense tomara una clara posición  en la línea del recién nacido eslogan “Clarín Miente”. Scioli, escuchó los retos al costado del matrimonio, pero no hizo ni dijo nada. Puso, como siempre la otra mejilla. Después sobrevendría el ACV de Balestrini, con quien Scioli hizo muy buenas migas, y se preocupó por asistir a la familia y nunca dejar de visitarlo.

Uno de los actos del Gobierno durante el conflicto del campo:

No queda claro cuando empezó el encono de Cristina con su gobernador. Lo cierto es que durante sus dos mandatos al frente de la Provincia, no le dio tregua. Siempre que pudo, le hizo notar quien mandaba. Igual Scioli, fiel a su estilo, siguió hablando con todos y no se pudo sacar su traje de amianto, ante los incendios que se avecinaban. Hasta debió escuchar como el vice de su segundo mandato, Gabriel Mariotto, no paró de descalificarlo públicamente durante los primeros tiempos.

Kirchner le pide a Scioli que diga quien le ata las manos:

La inseguridad fue y es uno de sus talones de Aquiles de su gestión. El Caso Candela, la niña que fue encontrada muerta a cuadras de su casa cuatro días después de haber desaparecido, lo encontró mal parado. El día que apareció el cuerpo, Scioli, su ministro de Seguridad y Justicia, Eduardo Casal y todas las cámaras de TV acompañaron a la madre a reconocer el cuerpo en pleno zanjón de la ruta. Ante los reclamos, Scioli alcanzó a balbucear: “Me tienen atadas las manos”.

Scioli y Casal reconocen, con la madre, el cadáver la Candela, Los medios lo acompañaron.

Corría el año 2010. Tres días después, durante un acto con los jóvenes de la incipiente agrupación La Cámpora, en el barrio de La Boca, el ex presidente Néstor Kirchner, que venía de sufrir un accidente coronario, lo revoleó en pleno discurso. “Dígame Gobernador, usted dice que le atan las manos. Diga ahora, a la gente, quién le ata las mano”, mientras le dirigía la mirada a Scioli con los ojos inyectados. Otra vez Scioli hizo silencio. Tiempo después Néstor moriría en El Calafate.

Durante una partida de ajedraz con el embajador en Colombia, el ex general Martín Balza.

Años más adelante sobrevendría una sucesión de conflictos económicos en la provincia. Primero fueron los docentes, después la falta de fondos para el pago de los aguinaldos de la administración pública bonaerense. Scioli pidió ayuda financiera a la nación, Cristina ni lo atendió.

Solo cuando el gobernador, osó hacer un conferencia de prensa, en pleno conflicto, en el salón Dorado de la Gobernación, rodeado de todo su Gabinete y hasta de su familia, pidiendo que se levantaran las medidas de fuerza, le abrieron la canilla de fondos. Esa vez lo llevaron hasta el extremo. Y tomaron nota de que era incombustible.

Después de que el gobierno le entregara los fondos para hacer frente al pago de los aguinaldos de los empleados públicos, el gobernador le agradece a la Presidente junto a todo su gabinete. Lo presión lo había llevado al límite.

Si la presidenta hubiera tenido otro candidato que le garantizara el triunfo, no lo hubiese ungido a Scioli. Por esos días, el gobernador debe haber recordado aquellas palabras que le dijo Néstor Kirchner, meses antes de morir. “Este espacio tiene tres candidatos competitivos: Cristina vos y yo”.

Manuel Banderas, Nacha Guevara, Karina y el gobernador, en La Ñata.

Es hasta los últimos actos de esta campaña presidencial, donde se nota el desagrado que Cristina tiene con él. Le recuerda en la cara todo el tiempo mejorar lo hecho, y de paso apela a la militancia para que no dejen de controlarlo. “Si el que venga les quiere quitar lo ganado, no lo dejen, ustedes deben controlar no perder lo hecho hasta aquí”, les recita.  

Zannini, Scioli y Cristina, tras un acto de la campaña presidencial, se fotografían en el helicóptero.

Para eso lo puso a Carlos Zannini, hombre de su confianza, como ladero y comisario político. Sin embargo, fiel a su estilo amigable y seducto r-que tiene desde las épocas del Fiat IAVA azul y naranja-, ya hay numerarios de La Cámpora, que dicen que Zaninni fue encantado por el ex motonauta de la fe, la esperanza y el trabajo.

No ganó en primera vuelta, como preveía. Lejos de eso, el oficialismo perdió la provincia de Scioli y llega a la segunda vuelta en supuesta desventaja, a pesar de ganar la primera por 3 puntos. ¿Podrá?