Las mochileras junto a un grupo de amigos chilenos el domingo antes de morir.

Las mochileras junto a un grupo de amigos chilenos el domingo antes de morir.

Actualidad Crimen en Ecuador

Habla el mochilero: “Las chicas eran cuidadosas, se las llevaron drogadas”

Antonio Fica Flores es un joven chileno que compartió las últimas horas de Mariana y María José con vida. “Bailamos como hasta las cuatro de la mañana y nos despedimos con la promesa de encontrarnos en Mendoza”, reconoció compungido.

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“Cuidadosas, tranquilas y distintas”, ese es el recuerdo que tiene Antonio Fica Flores, el mochilero chileno que compartió los últimos días de vida de Marina Menegazzo y María José Coni en Montañita, Ecuador. Todavía compungido por la trágica noticia, habló en exclusiva con BigBang. El joven descree al igual que la familia de la versión oficial de la fiscalía ecuatoriana y aclara: “Las chicas eran sumamente cuidadosas, si se fueron, lo hicieron contra su voluntad o con su juicio alterado”.

María José, Marina, Antonio y sus amigos el domingo 21 en el bar Caña Grill de Montañita.

Las chicas habían regresado a la ciudad costera el 10 de febrero, después de despedir a sus compañeras de viaje, Sofía Sarmiento y Agostina Cano Porras, en Cuenca. “En realidad no nos había gustado mucho Montañita, las chicas decidieron volver porque era como estar en la Costa argentina”, advirtió Sofía, horas después de que se confirmara el hallazgo de los cuerpos.

“Durante el viaje les dijeron que era buena la playa para ganar plata vendiendo cosas. Según nos contaron, ese fue uno de los principales motivos por los que andaban allí

Las mochileras fueron encontradas muertas dos días después a pocos metros del lugar.

El retorno a la ciudad en la que encontraron la muerte, según ellas le revelaron al grupo de chilenos, un objetivo económico: recuperar un poco de plata con la venta de ensalada de frutas en la playa. “Durante el viaje les dijeron que era buena la playa para ganar plata vendiendo cosas. Según nos contaron, ese fue uno de los principales motivos por los que andaban allí”, recordó Antonio.

“Nunca las vi drogadas”, asegura el joven chileno que las acompañó la última semana.

Las chicas “pegaron onda” de inmediato con los chilenos y se “sumaron al grupo” junto otras dos chicas trasandinas. “Nos llevábamos súper bien, salíamos todas las noches juntos. Nosotros no nos quedábamos en Montañita, estábamos en una playa cerca que se llama Punta Carnero (a sólo 66 kilómetros). Así que las veíamos de noche, pero nos contaban que durante el día estaban en la playa”.

“Se despertaban tarde, porque en Montañita se sale hasta altas horas. Entre comprar las frutas y preparar la ensalada se les iba el poco día que les quedaba

“Eran súper cuidadosas”, reconoció el chileno.

Los días de María José y Mariana arrancaban pasado el mediodía. Después de desayunar, las jóvenes compraban fruta en el mercado local y preparaban ensalada de frutas para vender en la playa. “Se despertaban tarde, porque en Montañita se sale hasta altas horas. Entre comprar las frutas y preparar la ensalada se les iba el poco día que les quedaba”, relató el chileno.

“Nunca las vi con los hombres (detenidos)”, reveló el chileno.

Pero el negocio funcionaba. “Siempre nos decían que les había ido súper bien trabajando con lo de las frutas”, recordó, aunque reconoció: “Las invitamos a que vinieran un día a comer un asado o pasar una noche a Punta Carnero porque sabíamos que no tenían tanta plata para el alojamiento y nos dijeron que no. Entonces, si a nosotros nos dijeron que no, ¿cómo van a decirle que sí a esos tipos?”.

“Nunca las vimos con ellos (los detenidos), ni los vimos por la ciudad. Además, ellas conocían mucha gente allá, habrían recurrido a otras personas

Las chicas regresaron a Montañita el 10 de febrero. Era la última parada antes de volver a la Argentina.

Todavía en shock por la noticia, el joven se pregunta qué hubiera pasado si las mochileras aceptaban su invitación. “Nosotros éramos tres hombres y una amiga más. Era muchísimo más seguro quedarse con nosotros que con esos dos hijos de perra”, lamentó. “Nunca las vimos con ellos, ni los vimos por la ciudad. Además, ellas conocían harta de gente allá, habrían recurrido a otras personas”, sumó.

 

Regalame un par de ojos nuevos

Una foto publicada por Maria Jose Coni (@mariajose.coni) el

Antonio, al igual que los familiares de las víctimas, descree de la hipótesis oficial de la fiscalía de Ecuador y rechaza de modo categórico que las chicas anduvieran cortas de efectivo. “Siempre que las veíamos nos decían que habían vendido mucha ensalada de frutas, así que eso de que andaban con nada de plata no lo creo tanto. Además, tenían el pasaje comprado de Lima a Santiago y tenían plata en la tarjeta para comprarse ropa en Chile. Eso me lo contó un amigo del grupo, me dijo que las chicas le habían dicho eso”.

 

Una foto publicada por Maria Jose Coni (@mariajose.coni) el

El chileno no recuerda que las chicas les hayan contado haber sufrido incidentes durante las noches de Montañita. “Eran súper buena onda, no tuvieron mayores problemas. Los normales: el típico chileno o argentino borracho, pero nada fuera de lo común”, recordó, y destacó: “Nos juntábamos con ellas porque justamente eran buena onda, nunca pasó nada entre nosotros”.

“Eran muy cuidadosas. Habían chicas que andaban borrachas o drogadas por la ciudad, por eso me extraña que les haya pasado a ellas

 

La vida nos regalo un ultimo atardecer soñado ��❣

Una foto publicada por MARINA MENEGAZZO (@marina.menegazzo) el

El asesinato de las jóvenes argentinas dejó de manifiesto el descontrol que se vive en la ciudad ecuatoriana, hoy intervenida por las autoridades por el excesivo consumo de alcohol y drogas. Sin embargo, Mariana y María José estaban, según Antonio, muy lejos de la “movida loca”.

 

"Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mi un pajarito me contó que estamos hechos de historias".

Una foto publicada por MARINA MENEGAZZO (@marina.menegazzo) el

Eran muy cuidadosas. Habían chicas que andaban borrachas o drogadas por la ciudad, por eso me extraña que les haya pasado a ellas. Se notaba que eran más despiertas y que tenían más experiencia viajando que, por ejemplo, muchas chilenas más chicas y primerizas (en los viajes de mochila)”, aclaró.

“Nunca las noté ni drogadas, ni raras. Sí, tal vez, con un par de vasos como todos, pero ni cagando inconscientes (Sic). Si hubieran estado en cocaína o en ácidos, creo que lo hubiéramos notado

 

Una dosis de playa

Una foto publicada por MARINA MENEGAZZO (@marina.menegazzo) el

Nunca las noté ni drogadas, ni raras. Sí, tal vez, con un par de vasos como todos, pero ni cagando inconscientes (Sic). Si hubieran estado en cocaína o en ácidos, creo que lo hubiéramos notado. Allá se usa mucho la coca”, advirtió, y destacó: “Da bronca, porque eran muy controladas. Una ‘mina loca’ se toma unos tragos y se va a una disco a buscar weones. No baila contigo por bailar toda la noche, como la hacían ellas con nosotros”.

 

La risa, el lenguaje del alma.

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La extrema precaución de las chicas alimenta en el joven su malestar por la versión ecuatoriana. “No creo que se hayan ido con esos tipos por voluntad propia. Si se fueron, lo hicieron contra su voluntad o con el juicio alterado. A mí no me cuadra esa historia. Lo que más sentido me hace (Sic) es que ellos les hubieran dado algo y que se las llevaron drogadas”.

“¿Qué es lo que recuerdo de ellas? Lo simpáticas que eran. Nos cagábamos de risa todo el rato

 

Un buen atardecer

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La última noche con ellas fue, según Antonio, la más feliz. “Nosotros dejamos Montañita el domingo (según la autopsia, las jóvenes fueron asesinadas en la madrugada del martes) y salimos con ellas para despedirnos”, recordó.

 

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La noche comenzó con una “previa en la playa”, siguió en un boliche local y culminó cerca de las cuatro de la mañana. “Hicieron la previa con nosotros en la playa. Después fuimos a Caña Grill. Yo bailé con Marina en ese bar y mi amigo Cristian con Majo. En la calle, más tarde, bailé con las dos. Esa fue la noche que más estuvimos con ellas. Como a las cuatro de la mañana se despidieron y entraron al hostel. Nosotros nos quedamos un par de horas más”.

 

Amigas de la pachamama.

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“¿Qué es lo que recuerdo de ellas? Lo simpáticas que eran. Nos cagábamos de risa todo el rato. De hecho, al final nos invitaron a Mendoza y nosotros a ellas a Chile. Pero bueno, no pudo ser”, lamentó.