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"Puccio me obligó a matar", revela un ex miembro del clan

Después de 30 años, Roberto Oscar Díaz, un ex cómplice de Arquímedes Puccio habla por primera vez. Cómo operaba la banda de secuestradores y cuál era el grado de responsabilidad de la familia del siniestro líder. El día en que pensó matar a Puccio.

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“Puedo decir que conocí al diablo”. Roberto Oscar Díaz está libre. Tiene 74 años y carga con una cruz pesada: fue miembro del clan Puccio y mató a una de las víctimas: Eduardo Aulet, el segundo secuestrado. Dice que la orden se la dio Puccio y no pudo negarse. “Habíamos hecho un pacto de sangre, como los mafiosos italianos, todo era enfermizo. Arquímedes era el diablo y estábamos tan metidos en la porquería que no podíamos salir: Puccio me obligó a matar”, revela Díaz a BigBang.

Roberto Díaz al ser detenido en 1985. Estuvo preso 28 años.

Díaz fue el único miembro del clan que fue perdonado por uno de los familiares de las víctimas. “Fue el único que se mostró arrepentido”, dijo Rogelia Pozzi, viuda de Aulet. Estuvo preso y su testimonio sirvió para hacer caer a los Puccio. En esta nota rompe el silencio después de muchos años.

“La esposa no tenía nada que ver. Alejandro y Daniel eran sus cómplices”, confiesa Díaz.

–¿Vio la película?

–Todavía no. No creo que la vea.

–¿Se arrepiente de algo?

–De todo. Aunque no me crea, yo era un hombre normal. Puccio nos convenció a todos. Metió a su familia en toda esta basura. No sé cómo llegué a meterme en esto. Cuando empecé a trabajar, en 1951, era un ingenuo aprendiz de mecánico. Con los años fui el jefe del taller. Llegué a ser chofer de distintas personalidades políticas, entre ellas Solano Lima. Y una vez pude estrecharle la mano a Perón. Eso no me lo olvido más. 

“Habíamos hecho un pacto de sangre

–¿Cómo se les ocurrió secuestrar a Nélida Bollini de Prado?

-En Independencia y Colombres ella y sus hijos tenían una oficina. Con Puccio y la banda íbamos a comer a la vuelta para hacer inteligencia. La idea de Puccio era matar a Bollini pero no lo hizo. La mujer hubiese corrido la misma suerte que el resto. A Manoukian lo metió la bañera del primer piso. A Aulet lo tuvo en una jaula de madera. Podía estar parado o sentado. Qué verdugo de mierda ese Puccio. Y Contepomi, el que entregó a Aulet, era un cagón. A mí me tenía miedo y no sé por qué. Me parece que Puccio infundía el temor en el otro. Por ejemplo, a Contepomi le diría que yo podía matarlo. Dividía para reinar. Yo sé qué había un cajón de madera hecho por Vilca con la medida de Contepomi. Y en un momento llegué a sospechar que había también uno para mí. En la banda todo era traición sobre traición. Odio sobre odio. En un momento llegué a pensar en matar a Puccio.

El clan Puccio: Díaz fue una pieza importante de la banda.

-¿Alejandro fue parte de la banda?
-Claramente. Alejandro era ambicioso. Lo pintan como inocente o culposo o víctima del padre. Pero era flor de turro. Igual, Arquímedes era una rata asquerosa. Cuando nos juntábamos en su casa, en su despacho, en vez de ofrecernos los pollos que tenía en la rotisería nos daba galletitas de agua. Era un ratón.

“En un momento llegué a pensar en matar a Puccio

–¿Epifanía y sus hijas participaron? ¿Sabían lo que estaba pasando?
–Ellas no sabían nada. Es más, había un secuestro por año. Y siempre que se armaba la cosa, Arquímedes mandaba a su esposa y a sus hijas a Europa. Casi ni estaban en la casa por esos tiempos.
-¿Cómo conoció a Puccio?
-El iba a la concesionaria a arreglar su auto o llevaba el de conocidos de la Aduana o la diplomacia. Además andaba en los negocios de Alberto J. Armando. 

La familia de la ficción y la familia real.

-¿Qué tipo de negocios?
-Negocios sucios, chanchullos. Armando contrataba patotas para deshacerse de los autos, los mandaba a robar, a romperle los vidrios, a prenderlos fuego. La idea era cobrar el seguro. Puccio era parte de esas patotas. La cuestión es que una cosa llevó a la otra. Me vinculé con Puccio de esa manera. Después me propuso meterme en la banda y no pude salir. 
-¿Por qué no pudo salir?
-Porque todo era una locura. Hicimos el pacto de sangre como si fuéramos mafiosos. A Puccio le gustaba ponerse la boina y hacerse el siciliano.   Era un ratón. Un garca, todo por esa plata de mierda. Por suerte me dio poco, mi culpa habría sido mayor si me daba más. Pero era imposible salir. Imposible de parar, de dar marcha atrás.Una vez que estás en lo sucio, no salís. Te metés más.
–¿Cómo fue el momento del fusilamiento de Aulet?
–Fue horrible. Puccio me obligó a disparar. Pobrecito Aulet. Cuánta crueldad. Puccio me dijo que lo hiciera por la familia, que no traicionara el pacto de sangre. No pude negarme.
–¿Por qué?
–Si lo hacía, me hubiesen matado a mí. En un momento pensé en matarlo. Al viejo canalla de Puccio. A ese cretino. Pero no pude. Es terrible matar. Nunca me sacaré ese dolor. Le pedí perdón a la viuda. Ahora aprovecho para pedirle perdón a todos los familiares de las víctimas. Maté a alguien que no conocía. No sentía odio hacia él. Eso me llevó a meterme en lo peor. Arruiné mi vida. Mi padre no lo podía creer: él era un policía honesto y yo estaba metido en la mugre. Puccio traicionaba en todo momento. En los cobros de los rescates, por ejemplo, nos jodía y se quedaba con el botín y después repartía menos. Se salteaba postas para confundirnos. 

“Puccio nos mejicaneaba los botines

“Era un viejo maldito. Murió solo como un perro. Merecía eso”, dice Díaz. Foto: Nacho Sánchez.


–¿Acusó a Puccio por rencor o por convicción?
–Por convicción –responde Díaz y justo frena en un semáforo-. Decir la verdad es un alivio. No lo mandé en cana porque me engañó. Cuando dije toda la verdad ante la Justicia, Alejandro me encaró mal. Durante algunos días estuvimos en la misma celda con él y con Arquímedes. “¿Por qué te hiciste cargo?”, me dijo.  Me puse como loco y lo agarré del cuello y lo tiré contra la pared. Mirá que él era rugbier y musculoso, pero se quedó en el molde. Arquímedes quise defenderlo y le metí una patada en el pecho que lo sentó de culo.

Los Puccio de los Ortega: Alejandro Awada es Arquímedes y Cecilia Roth, Epifanía.

–¿Cree que Puccio cometió más secuestros? 

–Sin dudas. Incluso creo que al tío de Manoukian, secuestrado y asesinado en 1973, también lo secuestró él. Tenía contactos con ENTEL y con el Banco Italiano. Le pasaban data de futuras víctimas. Puccio no iba a parar: iba a seguir secuestrando gente.